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Las medidas y su antigüedad

Por Franck Fernández Estrada

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Hemos necesitado la palabra, y después la escritura, para poder expresar nuestros sentimientos y pensamientos, nuestros dolores y penas, nuestros amores e infortunios. De la misma forma hemos necesitado sistemas para medir toda una serie de cosas que nos circundan.

Una de las principales razones por las que se necesitaban las medidas fueron la agricultura y después de esta el comercio, porque ha quedado claro para los historiadores que el comercio surgió cuando la agricultura generaba un excedente que podíamos intercambiar con los vecinos de la aldea cercana e incluso más allá.

Entre las primeras medidas estaban el pulgar y el pie. Su nombre nos explica el origen de ambas medidas: representaban el pulgar y el pie del soberano del lugar en ese momento. Pero si hay algo que es cambiante en esta vida es el tamaño de un pulgar y de un pie de un ser humano a otro, por muy rey que sea.

Huelga decir que estas diferencias de medida generaban problemas en el momento del comercio. Lo que para unos representaba un pie o un galón, que es otra antigua unidad para medir los líquidos, forzosamente no lo era para los demás.

De ahí la necesidad de grandes reyes y emperadores de unificar todas estas unidades, al igual que con la palabra y la escritura, y esto a partir de criterios inequívocos y lo más generalizado posible. Cuando un país se anexaba a otro lo normal era que al mismo tiempo impusiera también sus unidades de medida, al igual que su idioma.

Quien dice agricultura y comercio, es decir producción de bienes de consumo, su intercambio y la creación de valor añadido, se habla de impuestos. Los impuestos, aunque obligatorios, generalmente no se pagan con la mayor de las voluntades.

Las autoridades, tanto civiles como religiosas, desde siempre han utilizado este medio de pago obligatorio no solo para su bien y usufructo personal, sino también para mantener los ejércitos y, a diez de últimas, al Estado mismo. Esta es otra de las razones por las que las autoridades siempre han estado tan interesadas en unificar las medidas.

Uno de los beneficios que generó la Revolución Francesa fue un sistema métrico decimal. Para finales del siglo XVIII, los conocimientos científicos estaban lo suficientemente adelantados como para poder calcular distancias, pesos y otras magnitudes con la suficiente precisión para que se convirtieran más adelante en unidades de medida.

Ejemplo de ello es el metro, que se supone es la diezmillonésima parte de la distancia de una línea imaginaria entre el Polo Norte y el Ecuador. Este cálculo se hizo en aquellas épocas aunque después, con técnicas más avanzadas de medición, se comprobó que no es totalmente exacto.

Con la expansión de las ideas de esta Revolución Francesa también se fue implantando la utilización del sistema métrico decimal. Hoy en día es de uso universal, salvo en Estados Unidos.

De hecho, en los primeros años de la Convención que siguió a la Revolución Francesa se presentaron en las paredes de París 16 metros patrones para que todos los habitantes de la ciudad pudieran utilizarlo como patrón. Dos de estos metros patrones de París todavía subsisten: uno, el más conocido, en la Plaza Vendôme, con sus elegantes joyerías y el Hotel Ritz, y el segundo en la Rue Vaugirard, que con sus más de 4 kilómetros de largo, es la calle de mayor longitud de esa capital.

Pero volvamos a las medidas, que es el tema que nos ocupa hoy. Las autoridades imponían también unidades de medidas uniformes con el fin de calcular mejor los impuestos que se les debían pagar.

Eso de pagar impuesto es algo ya muy viejo. Ejemplos fehacientes de lo que estoy diciendo es un sistema que utilizaban los antiguos faraones en Egipto para, de una forma bastante precisa, conocer la cantidad de grano que los campesinos lograrían cultivar, cosechar y, a partir de eso, pagar sus impuestos al faraón.

Sabemos que, con el Amazonas, el Nilo es el río más largo del mundo y que ha sido la arteria principal y fundamental para el desarrollo de esa milenaria cultura que es la egipcia. Sabemos que el Nilo fue como una gran autopista que permitía navegarlo en todas sus direcciones con bastante facilidad.

El río Nilo, al desbordarse por las grandes lluvias que se producían allá en su nacimiento, portaba consigo un material precioso para la agricultura en sus orillas. Es un material orgánico conocido como limo. El limo es un sedimento lleno de barro, restos de vegetales, lodo, incluso polvo de roca. El limo es un fabuloso y riquísimo abono natural sobre el que se basó la agricultura de esta gran civilización egipcia. Los cronistas historiadores griegos que venían de visita al antiguo Egipto venían cómo en sus orillas crecían con gran exuberancia plantas de todo tipo.

Por su parte, los faraones necesitaban saber de antemano cómo estarían los impuestos a cobrar a sus campesinos. La idea que tuvieron fue bastante ingeniosa y es lo que lleva el nombre de nilómetro.

Los nilómetros eran unos pozos que se construían a orillas del río Nilo. Son pozos anchos y bastante profundos. Estos pozos, unidos por túneles al propio río, por una sencilla ley de vasos comunicantes, indicaban a las autoridades el tamaño de las crecidas de ese año, lo que facilitaba conocer la cantidad de limo que aportaba el río y, por consiguiente, el rendimiento de la futura cosecha.

Medidas inscritas en sus paredes, o bien en una alta columna en el centro de estos pozos o nilómetros, permitían hacer el cálculo. Este sistema fue tan útil que durante milenios fue utilizado y siempre con el mismo fin impositivo. Lo usaron los faraones durante la última dinastía los Ptolomeos, los faraones greco-egipcios, los romanos cuando Egipto se convirtió en una provincia más de su imperio, incluso fueron utilizados durante la época islámica. Los nilómetros fueron utilizados hasta épocas recientes.

Les recuerdo que en 1949 Gamal Abdel Nasser fue proclamado presidente de la República de Egipto después del golpe de estado que se le diera al rey Faruq I. Más adelante, con sus deseos de desarrollar su país, el presidente Nasser mandó a construir en los años 1950-1970 una inmensa represa río abajo que hoy en día lleva el nombre de Represa de Asuán.

Las aguas del río Nilo fueron domadas, ya no se produjeron más inundaciones con su consabido aporte de limo. Gracias a toda una serie de redes de canales que se construyeron a la par de la represa, se logró llevar agua a las diferentes parcelas y terrenos de cultivo de los campesinos del Egipto actual.

Hoy en día se pueden visitar los dos últimos nilómetros que aún subsisten de esas remotas épocas. Son una de las muchas atracciones que presenta a los turistas este legendario y milenario país.

(*) Traductor, intérprete y filólogo.

altus@sureste.com

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