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Las piscinas... y lo secretos que guardan

Foto: Megamedia

Otorrinocomentarios

Mario Alberto del Villar Cervera(*)

Las piscinas además de diversión y esparcimiento, dan otras cosas. Me explicaré. El agua, que por lo general viene de un pozo, aunque antes era limpia y casi purificada, ahora no lo es. Por desgracia, la contaminación ambiental ha hecho que nuestros mantos acuíferos y los litorales oceánicos estén también contaminados.

Pero la solución es el cloro que en una pastillita ponemos a nadar en las piscinas... ¿no? Por desgracia, no. Ese cloro, claro que desinfecta pero, a la vez irrita la mucosa de la nariz y la conjuntiva; pero, más aún, irrita la piel del conducto auditivo que, primero se reblandece y después, se macera (producto también de la presencia permanente del agua) y hace de allí el espacio preferido de las bacterias y hongos.

Resultado: inflamación y después infección. Otitis externa. Se le conoce como del nadador, por obviedad.

Ah… ya sé…, tapones para nadar. Pues sí, es un buen intento, pero por desgracia, nada garantizable para impedir una infección. Tratar de impedir que el agua entre a nuestros oídos (cosa difícil, pero segura) y en todo caso, permanecer lo menos posible en la piscina, podrían ser algunas soluciones viables. Después de ello, imperativo ver al otorrino.

Otorrinolaringología. Niños y adultos. Consultorio 423 de la Star Médica. Teléfono: 999-196-1514.

 

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