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Lavarse las manos

Peligroso influyentismo del poderoso

Ricardo Alberto Gutiérrez López (*)

El día siete de enero pasado el Diario de Yucatán tuvo la generosidad de publicarme un artículo en el cual señalaba el anhelo por volver a las aulas escolares, así como la importancia de la interacción social “en vivo” para la formación de los jóvenes.

En dicho escrito señalaba insistentemente que el retornar a las clases presenciales no es una decisión que corresponda a las escuelas o a los padres de familia. Corresponde a las autoridades hacerlo. Ellas son quienes tienen (o deberían tener) los conocimientos y los elementos para guiar a la población por el óptimo camino. Son quienes saben en realidad cómo está la pandemia, si está controlada o no.

Y es que en un asunto tan serio no caben intereses, favoritismos ni privilegios que sesguen los números con el fin de aminorar perjuicios de cualquier orden, excepto del orden de la salud pública. Este problema nos atañe a todos y cualquier manipulación irresponsable de los datos podría resultar catastrófica para la nación entera.

Retomo esta idea por la situación que en Ciudad de México se suscitó al darse a conocer por diferentes medios informativos que la Escuela Humanitree, establecida en la exclusiva zona de las Lomas, propiedad del empresario Ricardo Salinas Pliego pidió y obtuvo un amparo para poder regresar a las clases presenciales ignorando por completo o contradiciendo las órdenes específicas del cierre obligatorio que declaró la SEP desde el 23 de marzo de 2020 debido al coronavirus, suspendiendo las clases presenciales como estrategia para frenar el avance de la pandemia.

Por este desacato, Salinas se enfrenta a acusaciones por mantener abierta la escuela de su propiedad. La institución se amparó por medio del Juzgado Décimo Sexto en materia administrativa de Ciudad de México, para poder seguir operando, siendo la única que imparte clases presenciales.

Según una nota publicada el 10 de noviembre: “desde las ocho de la mañana se ve que el colegio recibe a sus alumnos en el plantel. Se ve una larga fila de camionetas de lujo y vehículos”.

Ya tenía conocimiento de ese caso desde hace tiempo y creo firmemente que es una burla. Es una burla porque me parece increíble que ante una situación de emergencia nacional como la que estamos atravesando, y por la cual tanto el gobierno federal como la Secretaría de Salud y la Secretaría de Educación Pública decretaron el cierre de las escuelas especialmente en Ciudad de México en donde prevalece el semáforo rojo, haya una institución que se atreva a pedir un amparo y, peor aún, que ese amparo le sea concedido permitiéndole tener clases presenciales a pesar de la pandemia, exponiendo al alumnado a un brote de contagios.

Escudándose en un amparo y en una responsiva de los padres de familia, crea una inestabilidad educativa, ya que unos por la irresponsabilidad de sus padres reciben asesorías directas de los docentes mientras que otros, porque sus padres cumplen con la ley y la orden de las autoridades no lo hacen, quedando en desventaja en el proceso educativo.

Es una burla terrible. Pienso en el célebre Pilatos, quien se desentiende de su deber de decisión por presión de unos cuantos. Y al igual que en aquel pasaje bíblico, quien tiene la posición de poder no se debe lavar las manos, enajenándose del asunto de esa manera.

El subsecretario Hugo López-Gatell explicó que la Secretaría de Salud no tiene facultades para sancionar directamente este tipo de situaciones, dado que el cierre de actividades ante la pandemia fue del Consejo Educativo Nacional.

El entonces titular de la Secretaría de Educación Pública, Esteban Moctezuma Barragán, afirmó que se halla en el ámbito judicial la resolución de tener abierta una escuela en Ciudad de México, aun cuando el semáforo epidemiológico esté en rojo.

El presidente Andrés Manuel López Obrador comentó que existe una investigación y que Esteban Moctezuma informaría de ella. Sin embargo, AMLO no quiso “exponer nada sin fundamentos”, pues señaló “hay que actuar con prudencia y justicia”.

El Presidente y los secretarios de Educación y de Salud diciendo que no pueden intervenir porque corresponde a otra jurisdicción el decidir. Representa otra burla al pueblo de México.

De cualquier modo, ese amparo está mal concedido, nunca debió haberse otorgado. Pero ese no es el punto. El punto importante para mí es que las autoridades involucradas en última instancia debieron haber objetado tal propuesta y pienso que debieron hacerlo porque su obligación es regular, legislar y dirigir de tal manera que se proteja el bienestar del pueblo entero y no “mirar para otro lado” cuando se trata de alguien tan poderoso que piensa que está encima de la ley y, precisamente por el poder que posee, está exento de padecer los estragos de esta terrible enfermedad que azota la nación y que todos estamos en peligro de padecer.

Salinas obra con la prepotencia del rico que ve la escuela como una empresa. Obviamente no es educador. El educador busca siempre el bienestar de sus alumnos, especialmente el físico y el emocional. No los expone; busca su bien siempre. Nadie está por encima de la ley.

En conclusión, esta situación está peligrosamente exponiendo un claro caso de influyentismo. Ese que tantas veces se dijo que en este nuevo gobierno se iba a evitar y, con ello, se está sentando un peligroso precedente para añadir más inestabilidad al caos que en el que nos tiene atrapados a todos este virus.— Mérida, Yucatán

leconser@yahoo.com

Exdiputado y expresidente del Congreso del Estado

 

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