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Lecciones de una vida especial

Editorial

De todo y de nada

Gaspar Silveira Malaver (*)

A ratos, uno piensa que estos meses se han ido tan rápido como un suspiro.

Pero del 14 de marzo a estos días, para muchos ha sido una eternidad, un calvario, un libro enorme con lecciones y problemas que ni en la mejor de las universidades nos podrían haber enseñado a resolver.

Voy a ser honesto: cuando me comunicaron que, por la contingencia de un virus que comenzaba a azotar, tenía que ausentarme del Diario por ser persona vulnerable, me sentí dolido, afectado.

Era una recomendación sanitaria. Me dolía y lamentaba el hecho de ser uno de la larga lista de diabéticos que hay en un México dañado en ese rubro. Lo lloré no una, sino muchas veces.

Todo paralizado

Al primer mes, me preocupaba un poco cuando me informaron que tenía que seguir así por tiempo indefinido. Todo el círculo en que me desempeñaba, además, estaba paralizado. Sin deporte profesional ni amateur, ni aquí y ni allá. Ni toros, ni Leones, ni Venados. La esperanza era “a medio año nos recuperamos”.

Y nada. Vamos en el sexto mes y ya no sé qué pensar.

En la Sección Deportes, donde escribo, además de reportajes y acontecimientos históricos, de pronto comencé a editar algo que me dio miedo: notas necrológicas de personajes que murieron en la pandemia. Unos por coronavirus, otros por causas naturales, pero la sensación y la incertidumbre te llevan a la pregunta obligada: ¿fue de eso? ¿Fue Covid? Todos con la misma interrogante.

Siempre pensé en que pronto acabaría. Pero la lista crece brutalmente. Nunca llevé la cuenta de cuántos se nos adelantaron. Solo sé que he escrito muchos obituarios y que la cifra increíble, en general, de varios cientos de víctimas y muchos más de contagios, abruma a cualquiera.

Me duele, me causa conmoción y tristeza recordar a conocidos, a amigos, figuras del deporte, de las artes, la política, personas comunes y corrientes.

También he visto a gente muy apreciada de mi querido Tixkokob que se adelantó en este viaje sin retorno al que iremos todos en algún momento de esta vida.

Quizá te friquea un poco más de lo habitual el que antes hablaban de diabéticos, hipertensos y enfermos crónicos como los principales afectados. Pero a la estadística se han sumado... TODOS. El virus está pegándole a cualquier persona. Al enfermo y al sano, al pobre y al rico, al letrado y al que no estudió. Todos estamos en la lista negra.

He visto cientos de documentales, a diario sigo las noticias. Al despertar lo primero que hago es, antes de ver noticias, hacer una oración por si alguien se adelantó. Y así hasta llegar a las seis de la tarde, cuando se hace el reporte oficial en Yucatán. Me han dicho al cansancio que no lo siga, que lo evite. Pero dejen que les diga: me es imposible. Mi particular forma de ser lo impide. Como todos, pregunto: ¿cuántos hoy?

No vamos a la calle prácticamente a nada, nos cuidamos en la medida de lo posible y siempre nos enojamos cuando vemos que otros no lo hacen, que se molestan por las medidas implementadas. A mis papás y nuestra gente querida de Tixkokob no los hemos visto en todo este tiempo. A regañadientes, cumplimos, por nosotros y por ellos. Muchos amigos, especialmente gente mayor, está en frecuente contacto con nosotros para hablar de equis tema, lo mismo de lo que sale en el Diario con mi firma que lo que pasa, lo que se enteran. Y siempre, al colgar o terminar de leer los mensajes, dices: que no sea la última.

El caos es enorme en todos los sentidos. La moral, la psicosis, afectan mucho, a veces más que todas las enfermedades. Preocupa lo mismo la enfermedad que la situación económica. Y también eso acaba con muchas vidas.

Rezamos todas las noches en casa, con el Rosario en la mano, mi esposa, mis hijos. A veces no sabemos si por nosotros o por los demás. Pedimos por todos. Y mi petición especial es única: que este virus que nos está matando se acabe ya.

Aprendí a resignarme, a no ir a la calle, a trabajar en casa con el sistema editorial del Diario. La fe no la pierdo. Y dicen que mientras hay esperanza, hay vida.— Mérida, Yucatán.

Reportero de Grupo Megamedia

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