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Libertad y amén para Cuba

Editorial

Acento de mujer

Lourdes Casaresde Félix (*)

Con una abuela de origen cubano y una infancia vivida en Yucatán, la vida de la isla de Cuba me era muy familiar. El ritmo del “Cha cha chá” amenizaba muchas de las fiestas y el ánimo festivo era guapachoso.

La Península del sureste y la isla estaban tan cerca que cuando entró el régimen castrista llegaban a Yucatán fugitivos cubanos en balsas y por las noches se podía escuchar alguna estación de radio de La Habana en la costa de puerto Progreso.

Muchas veces escuché a mi abuela decir que Fidel Castro era el diablo. Esporádicamente se anunciaba el vaticinio de algún brujo que predecía la muerte del líder cubano y la parentela esperanzada se aferraba a la predicción.

Resulta atractivo ver en La Habana los coloridos coches americanos de los años 50 transitando por las avenidas cuando por lo general se encontrarían en un museo o en el garaje de un coleccionista. Con excepción de algunos edificios, iglesias y hoteles nuevos, en la capital cubana las antiguas casas de arquitectura colonial española se encuentran en deterioro. El progreso se ha detenido, el tiempo se ha suspendido.

Detrás de este panorama se encuentran historias de pobreza, hambre, represión y sueños frustrados. Los habitantes de la isla pueden pasar hasta cinco horas haciendo fila en espera de algún producto alimenticio para luego ser informados que se ha terminado.

Así también, algunos de los artículos que en cualquier país son fáciles de encontrar como unos clavos, en La Habana son muy difíciles de hallar, es preferible reutilizar unos viejos.

Es cierto que todas las familias reciben una canasta básica al mes que contiene: arroz, granos, aceite, azúcar, sal, pastas alimenticias, fideos, pollo, jamonada, picadillo de soya, huevos y café, pero en pequeñas cantidades y según el abastecimiento. Hay muchas quejas sobre estas despensas, ya que en los primeros días del mes se acaba y adquirir alimentos en una tienda es muy costoso y los salarios muy bajos.

Los cubanos son extrovertidos y parlanchines. Es así como fácilmente exponen sus inconformidades y descontento con la dictadura que les somete, pero lo hacen con sigilo y checando a su alrededor que ningún policía represor los descubra criticando al sistema.

Ir a vivir a algún país donde pudieran tener oportunidades de trabajo es el sueño de los cubanos que no forman parte del equipo represor que está siempre vigilando.

Cuba es un Estado gobernado por un partido único que impide el disenso político. El gobierno restringe en forma severa los derechos de libertad de expresión. Las voces contrarias al régimen son silenciadas y periodistas independientes, artistas o ciudadanos que buscan organizarse para articular sus demandas son reprimidos.

Amaury Gutiérrez lo expresa en su canción “Libertad y Amén”: “Tú revolución promete y al final no cumple nada... por mi raza y por mi gente estoy puesto en esta causa”.

Así también el artista opositor Manuel Alcántara Otero expresa en imágenes la “Robolución” cubana con balseros escapando de Cuba, protestas contra el gobierno y un hospital desprovisto de lo más básico para la atención de quienes necesiten de los servicios médicos.— León, Guanajuato.

acentodemujer@hotmail.com

Escritora y activista

 

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