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Listo para carreras con obstáculos

Editorial

Ver, oír y contar

Olegario M. Moguel Bernal (*)

Con un poco más de planeación y menos arrogancia habría evitado lo que me pasó ayer. O bien, con más conocimiento de lo que sucede hoy en algunas zonas de Mérida. Pero había hecho tantas veces la ruta en el pasado que la confianza me desbordó.

La misión consistía en trasladarme del edificio central del Diario al Museo del Mundo Maya. Salir del Centro y en Santa Ana doblar para tomar Paseo de Montejo. Lo demás sería coser y cantar.

—¿No piensas ir a tu cita? Ya son una y cuarto.

—Es a las dos —respondí confiado a mi compañero—. Sí llego.

—Bueno, solo recuerda que es importante.

Más por una concesión a él que por convicción, salí a la 1:25, cinco minutos antes de lo que lo haría según mi plan inicial.

—Sí llego —me repetí.

Se me ocurrió doblar en la 67 para luego tomar la 60. La fila de autos del semáforo de la 65 con 60 llegaba cinco centímetros después de la 67. Una sola hilera donde antes de los maceteros se hacían dos y hasta tres, o dos y uno estacionado. Ahora es una sola, los maceteros y no faltan los que se estacionan.

1:35. He alcanzado la cima de la 60 con 65. La fila de ahí a la 63 es de otra cuadra. Por suerte avanza rápido. Tras dos semáforos en rojo llego a la cumbre de la Plaza Grande. Me coloco en fila detrás de un autobús turístico y cuando nos toca avanzar resulta que se detuvo para que desciendan los turistas. ¡Rayos! Logro rebasarlo.

Ya instalado en la 60, en Tercera Orden, avanzo mucho más confiado. En la esquina del Peón Contreras un taxi se detiene a media calle con toda impunidad a subir pasaje. Su descaro es tan grande como la lentitud de la señora que asciende en él. El taxi avanza y logra pasar antes de que se ponga el semáforo en rojo. Yo me quedo con un palmo de narices haciendo mi alto y mirando al vehículo de alquiler alejarse en lontananza. 1:42. ¡Me tomó más de 15 minutos atravesar el Centro! Lo bueno que solo es cosa de llegar a Santa Ana, tomar Montejo y poner llantas en polvorosa.

La 60 con 47 está a la vista. ¡Un momento! ¿Qué pasa ahí? Los autos se amontonan en la esquina como si entraran en un embudo. Un carril está inhabilitado porque están poniendo el cableado para el semáforo de ciclistas. Postes de plástico color naranja y una cinta amarilla de precaución ocupan el lugar destinado para los autos, que uno a uno se van metiendo como la humedad. La fila llega más allá del hotel Los Aluxes y cuando se pone el siga avanzan solo tres o cuatro, que al doblar en la 47 se vuelven a atorar. ¡1.45!

Al fin estoy en la 47. ¡Oh, no! Otros postes anaranjados, más cintas amarillas y otro embudo en el cruce con la 58. Empiezo a pensar seriamente que no llegaré a tiempo.

A la 1:49 estoy en el monumento a Justo Sierra esquivando una pipa del Incay que riega las plantas de la principal avenida de Mérida. ¿Qué hace aquí una pipa para infraestructura carretera? Mi apresuramiento ya es nerviosismo pero no pierdo el optimismo. “Llego en 12 minutos”, me doy ánimos.

Paso el Monumento a la Patria, espero en el semáforo de las vías y, no bien las atravieso, ¡el acabose! La cola del paso deprimido llega a la librería Dante. ¡No puede ser! Mi nerviosismo crece, el optimismo se desvanece y me empiezo a deprimir. Ahora sé por qué le llaman deprimido.

Avanzamos en fila como zombies, a rastras. Un puñado se pasan de listos avanzando por los carriles libres para luego incorporarse a la brava, no siempre con éxito.

¡¿Qué hago?! ¿Doblo y rodeo por Chapur? Será una vuelta gigantesca y al final me encontraré con la fila de Circuito Colonias. Resignado, me quedo formado donde estoy.

¡Esto no avanza! ¡Me lleva! ¡No que lo terminaban en 75 días! ¡Ya se cumplieron! ¡¿Por qué se me ocurrió venir por acá?! ¡Debí ir por la 60!

Seguimos a paso lento. Uno se quiere meter. ¿Lo dejo o no lo dejo? Me lanza una mirada de súplica, como si le fuera la vida en ello. ¡Bah, pásale!

1:53. Seriamente considero que no llegaré. A la 1:58 alcanzó el Everest de la glorieta de la paz. Lo que me temía: no hay policía.

Cruzo como una centella y voy dando saltos de semáforo en semáforo. En el Campestre ya quitaron las tortuguitas para doblar a la izquierda, eso ayuda a desahogar el embudo que siempre se hacía.

2:10. Doy vuelta en U en Costco para llegar al Museo. Entro. Está vacío como un sepulcro.

—¿Dónde están todos? —pregunto al guarda.

—No lo sé. Tal vez en el caso de los fuereños.

Recuerdo el truculento asunto que desde temprana hora se desarrolla cerca de San Pedro Cholul. “Con razón no había policías dirigiendo el tránsito”, me digo.

—Bueno. Vengo a la reunión de…

—Ah, sí, claro. Es mañana, señor. Mire, aquí está en el programa.

—¡¿Cómo?! ¿Hoy no es 24?

—No señor. Es 23.

“Rayos”. Me retiro. Después de este recorrido estoy listo para ir a Tokyo a competir en las carreras con obstáculos.— Mérida, Yucatán. Correo: olegario.moguel@megamedia.com.mx Twitter: @olegariomoguel

*) Director de Medios Tradicionales de Grupo Megamedia

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