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Los demonios de Donald Trump

Días oscuros y violentos en EE.UU.

Marcelo Perez Rodríguez (*)

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es un personaje con temperamento explosivo, de carácter fuerte, de expresiones agresivas, de ideología machista, ególatra y enemigo de los emigrantes.

Lo anterior lo demostró en sus años de administración e incluso durante su vida de empresario en los negocios familiares. Esto lo llevó a una serie de conflictos personales, de pareja con su esposa Melania y como presidente del vecino país.

Su agresivo carácter salió a la luz varias veces en sus discursos contra los emigrantes, contra sus enemigos políticos e incluso con funcionarios y cercanos colaboradores de su gabinete. Varios, incluso, renunciaron al no poder soportar su autoritarismo y mano dura.

No olvidemos que, al fustigar a los que buscan el sueño americano, Trump fue muy duro y ofensivo en contra de los mexicanos que cruzan la frontera para llegar a EE.UU. o están trabajando en ese país. Es más, el muro fue una amenaza permanente para cerrarle la frontera a nuestros coterráneos.

Su machismo se evidenció con sus acciones de minimizar o ignorar a Melania o tratarla mal en público. Muchas veces se vieron esas diferencias entre la pareja presidencial y se percibía el rostro malhumorado de la mujer.

Asimismo, ese machismo también se notó en los escándalos que envolvieron a Donald Trump con jovencitas modelos en el pasado lejano y reciente, y estos problemas los afrontó durante la presidencia.

Trump quiso manejar a los Estados Unidos de una manera unilateral, como una empresa del emporio familiar. Era la voz a seguir y quien no lo hiciera quedaba fuera de su gabinete, no se podía disentir de sus caprichos y decisiones, menos criticarlo con dureza.

Recordemos sus primeros delirios de aferrarse al poder cuando habló de fraude en las elecciones recientes de EE.UU. al ganar su contrincante Joe Biden. Esta acción de enojo fue algo inusitado, nunca se había visto a un presidente en busca de la reelección hablar de actos fraudulentos y favoritismos en contra de un proceso electoral que no le beneficiaba.

Empero, vendría algo peor que Trump ya estaba maquinando.

Y el miércoles 6 pasado, cuando los congresistas estaban reunidos para evaluar las elecciones y dictaminar el triunfo de Biden, un presidente enojado y resentido habló por la TV y escribió textos en las redes sociales para azuzar a sus simpatizantes y seguidores.

En su mensaje televisivo hablo de “Vamos a caminar al Capitolio…” y agregó que esta acción sería la forma de presionar a los congresistas.

Al grito de “Trump ganó”, los simpatizantes marcharon hacia el edificio, lo escalaron, entraron replegando a los vigilantes del lugar y causaron desmanes y destrozos. Nunca una acción de esta magnitud se había visto en la vida democrática de los Estados Unidos.

Trump pasaría a la historia de ese país como el presidente que en sus últimos días de gobierno y dolido por la derrota arengó a sus simpatizantes para ir al Capitolio y provocar esos hechos violentos que, incluso, han dejado varias muertes.

Estas acciones violentas y cruentas han sido condenadas por los congresistas, incluso por los del partido político que postuló a Trump —el Republicano—, por mandatarios de varios países, por el pueblo norteamericano y por ciudadanos del mundo.

¿Qué hará Trump? ¿Seguirá en sus delirios de grandeza o se calmará, arrepentirá y ofrecerá disculpas y perdón al pueblo norteamericano y a la misma democracia por esa mala imagen dada al mundo?

Pero Trump no engañó a los ciudadanos. Él siempre ha sido ególatra, explosivo, agresivo, machista, arrogante y demás, y así ganó la presidencia. Sin embargo, al mostrarse igual como presidente y no modificar carácter, ni temperamento, ni pelear contra sus demonios, él solo produjo su derrota por la reelección.

¿Será separado del cargo como han mencionado algunos al aplicarle la enmienda 25?

¿Qué sería capaz de hacer en esos días últimos de su gobierno, oscuros y manchados de violencia?

Los demonios de Trump fueron más fuertes que él. No pudo luchar contra ellos, menos dominarlos. Al infierno de la historia de los Estados Unidos lo llevaron sus jinetes demoniacos: la arrogancia, la egolatría, el temperamento explosivo y su carácter agresivo. Adiós a Trump y a sus delirios de grandeza.— Mérida, Yucatán.

marpero53@yahoo.com.mx

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