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Los huracanes nos acechan

feminicida de tahdziú

Prevención es salud

Vidal Cervantes Chan (*)

Todos los cambios traen cosas positivas y cosas negativas: el cambio climático de las últimas décadas nos está afectando física y psicológicamente. Sin embargo, tiene sus aportes positivos.

Se nos anuncia que tenemos 35 huracanes para la próxima temporada. Ya no nos asusta, pues empezamos a poner en práctica lo que hemos aprendido en la historia de los huracanes que hemos vivido.

En 1966, el 16 de septiembre, “Beulah” arrasó Cozumel. Viajó por el Caribe, golpeó la Península de Yucatán y llegó a las costas de EE.UU. causando graves inundaciones, innumerables pérdidas materiales y una estela de 58 muertos. En esa misma temporada “Inés” provocó la mayor evacuación de la población de Progreso y costas aledañas. En 1980 nos visitó “Allen”, pero pasó de largo por el Canal de Yucatán, frente a la Península y salió por el Atlántico.

En 1988, el 8 de septiembre nace el gran “Gilberto”. La población no tenía gran información ni la cultura de la prevención, así que nadie se preocupó de su presencia. Eran las tres de la tarde cuando en Cozumel comienzan a vocear, por la Marina, la necesidad de asegurar casas y propiedades, abastecerse de agua y alimentos. La locura era en la gasolinera, solo había una. Compras de “pánico” en las tiendas.

Nadie quería salir de sus casas, en los refugios había atención y comida, pero muchos preferían quedarse en su casa. Era la noche de ese ocho de septiembre y la radio “Cozumel” advertía del peligroso meteoro. Al amanecer de ese día “Gilberto” tocó tierra: entró por la isla de Cozumel, que quedó totalmente arrasada y destruida, y siguió hasta las costas yucatecas con una estela de destrucción e inundación. Este huracán fue una verdadera lección de respeto y preparación para lo que nos viene ahora. La cultura de la prevención es salud y salva vidas.

Educación

La prevención es educación, tanto para las inclemencias del tiempo como para las conductas de la vida. Los jóvenes de hoy necesitan la observancia constante de sus padres, de los maestros y los que tienen a su cuidado la educación de la comunidad. La preparación emocional, física y espiritual es esencial para no ser derrotados por los golpes de la vida.

Nos quejamos de las conductas violentas y agresivas de los jóvenes, de los vicios y adicciones, que son verdaderas enfermedades, pero no hacemos lo primordial que es la prevención de estos males que destruyen a nuestras familias y sociedades.

El acompañamiento y la cercanía hacia los hijos es elemental. Si se les deja con una libertad discrecional es ponerlos en manos de otros cuyos intereses son materiales, económicos, o sexuales. Prevenir es mejor que remediar. La cultura dela prevención debe comenzar desde la escuela y los principales responsables son los maestros, las instituciones, la Iglesia, especialmente los papás.

Después de 50 años de “Buelah” y 30 años de “Gilberto” ¿hemos aprendido la lección? Apliquémosla en todos los aspectos de nuestras vidas.— Mérida, Yucatán.

Presbítero católico

 

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