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Los mayas durante la Conquista

Editorial

El mismo reto

Gonzalo Navarrete Muñoz (*)

La corriente en contra del racismo que se ha movido por el mundo ha plantado una visión ligera sobre la Conquista en Yucatán, reduciéndola al planteamiento de las almas piadosas: bueno y malo. Así es que sería sano hacer algunas consideraciones al respecto.

Los conquistadores encontraron en Yucatán a dos tribus mayas que fueron sus más fieles aliadas: los Xiu y los Pech. En la región de estos últimos encontró Montejo la mayor hospitalidad para en su segunda entrada a Yucatán. Es necesario precisar que las dos tribus tenían un enemigo común que los proyectaba a aliarse con el extranjero: los Cocom. Ya se sabe: es éste un pasaje frecuente en la historia de la Conquista de todo México.

De aquí que el hijo de Montejo fundara la ciudad capital en una vieja población cercana a los territorios de los Pech. Esta población se encontraba abandonada y contenía edificios ruinosos y algunos cerros. Estas dos características evocaron a la Emérita Augusta de España, por lo cual a la flamante ciudad se le llamó: Mérida.

A un tiempo daba la posibilidad de convertirse en una fortaleza en caso de un previsible ataque, tal como sucedió. Los españoles también fueron bien vistos en los alrededores de la ciudad: los caciques de los pueblos de Caucel e Itzimná los festejaron e inclusive pidieron el bautismo, que era el fin aparente de la Conquista según las concesiones papales, claro que como una manera de proteger la vida.

Fundada la ciudad, los españoles la trazaron en el espacio contenido entre los cerros, dejando los territorios que se encontraban más allá de éstos para los indios. Los barrios de Santiago, Santa Catarina, San Sebastián y San Cristóbal tuvieron sus gobiernos propios, no estaban sujetos a ninguna encomienda de indios y sus tributos —inevitables y consecuencia del sojuzgamiento— los pagaban directamente a la Real Hacienda.

Sus actividades eran las de los Naboríos o indígenas dedicados a faenas domésticas con pago por su trabajo. Hubo otro barrio que se estableció hacia el norte de la ciudad, Santa Lucía. Fue hasta el siglo XVII que comenzó a formarse al norte de la ciudad el bario de Santa Anna. La traza de la ciudad quedó conformada en el centro; ciertamente la ciudad crecía y la población criolla se extendía hasta los muros de la ciudad pero no más allá.

Hasta ese entonces las relaciones de los barrios de indios se daba mediante el Tribunal de Indios, que estaba integrado por un Protector y un Defensor. Es ésta una manifestación de cierto talento de los españoles para mantener su imperio.

Debe añadirse un detalle poco mencionado: en los Archivos Parroquiales puede advertirse que había indios que ostentaban títulos de hidalgos con toda la prestancia de un caballero castellano. Las cosas se pusieron peor después de la Independencia y de las propias leyes de Reforma; aumentaron los latifundios y a los indígenas los dejaban sin tierra.

Ese fue el impulso de Jaciento Pat. Cecilio Chí tenía una visión más dura: asumía que los españoles ofendían la sagrada tierra de sus ancestros con solo pisarla . Por los noventas escuhé en Santa Cruz , hoy Felipe Carrillo Puerto, algo significativo: los espeñoles nos quitaron la manera de medir el tiempo. Esto es muy grave para un pueblo como el maya, que tiene una concepción tan especial del tiempo.

El reto es el mismo: convivir como un solo pueblo con diversidades. No confrontarse sino tratar de encontrarse y respetar lo que es distinto a nosotros.— Mérida, Yucatán.

Cronista de la ciudad

 

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