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Los orígenes de Rómulo Rozo Peña

Rómulo Rozo Peña con su madre

Aniversario 119

Raúl Alcalá Erosa (*)

Hemos tratado en varias conferencias y en colaboraciones, en este mismo espacio, desde 1992, de hilvanar los acontecimientos más relevantes en la vida y obra de Rómulo Rozo Peña, con base en testimonios recopilados a través de quienes lo trataron en las diversas áreas de su existencia laboral y personal, desde la partida de su natal Colombia para especializarse en Europa —1920— su breve retorno al terruño y su posterior viaje a la capital de nuestro país —1930—, para luego pisar las tierras del Mayab —1937-1938— a donde retornó —1944— para pasar hasta el fin de su fructífera vida creativa en 1964.

De su existencia previa se ha publicado poco, hemos recurrido a escasas fuentes colombianas, mismas que nos permiten trazar la trayectoria de la infancia del artista.

En una publicación de la Alcaldía de Chiquinquirá, Colombia, editada hace tres décadas, se consigna que Rozo y su familia era oriundos del Departamento de Boyacá, padre —Rómulo Rozo Mateus— e hijo de Chiquinquirá y la madre, Antonia Peña, de Sogamoso. El padre fue un comerciante con cierta solvencia, propietario de una talabartería lucrativa en esa época, cuando el principal medio de movilización eran los equinos. En sus incursiones políticas llegó a ser alcalde de su ciudad natal en dos ocasiones.

Su nieto, Rómulo Rozo Krauss, en uno de sus viajes a Yucatán nos relató: “Era un hombre fino e inteligente, pero introvertido y falto de carácter, solterón, igual que sus hermanas. Con ellas asistía a misa todos los días”.

Antonia Peña lo conoció durante una de sus visitas a la Virgen del Rosario y de ahí surgió una relación que culminó con el nacimiento del que, con el tiempo, llegaría a ser el gran artista escultor.

No obstante, el matrimonio no se llevó al cabo y el infante fue llevado por su madre a residir a Bogotá, razón por la cual algunos autores han consignado la capital colombiana como su lugar de nacimiento.

Según las referencias más consistentes, el artista nació el 13 de enero de 1899 en Chiquinquirá, pero habría sido bautizado en Bogotá en agosto, siete meses después, pero sólo con el apellido de su madre, quien siempre le inculcó los buenos valores y la religiosidad.

Estos datos coinciden, en buena medida, con los que consignó en una carta, escrita en 1920, uno de los primeros mecenas o descubridores de Rozo, el poeta y embajador de Chile en Colombia, Diego Dublé Urrutia, quien conoció al infante a los 12 años de edad, cuando moldeaba pequeñas artesanías de barro para vender en las calles, labor que alternaba con sus trabajos de voceador de periódicos y limpiabotas, para ayudar a su madre.

A los 17 años ya era albañil tallador, entonces Dublé Urrutia le hizo el primer encargo escultórico, de su propio busto, y al admirar la calidad de la obra decidió ayudarle en todo lo posible con recomendaciones para ingresar a las escuelas europeas.

Pronto partió aquel joven artista en busca de su realización, con más ilusiones que medios materiales.

Poco antes de partir, su padre lo reconoció con su apellido. Entre su pequeño equipaje llevaba la carta de Dublé, unas monedas y la fotos con su madre. De los muchos testimonios vertidos sobre la personalidad de Rómulo Rozo hemos escogido uno al azar: “Un hombre íntegro, en toda la línea, sencillo, jovial, lleno de bondad, su arte excelso, sin edad ni adjetivos fugaces, es arte de verdadero maestro”. Feliz cumpleaños 119.— Mérida, Yucatán.

raulae@gmail.com

Arquitecto, escritor e historiador yucateco

 

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