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Los trenes del Brexit

Antonio Salgado Borge

Integridad y democracia

Antonio Salgado Borge (*)

1) ¿Por qué el Parlamento Británico no ha podido resolver sobre el Brexit? Para responder a esta pregunta vale la pena recordar brevemente que apenas hace unas semanas Theresa May, representante del ala moderada del Partido Conservador, se vio obligada a renunciar como primera ministra de Reino Unido.

Theresa May había logrado un acuerdo con la Unión Europea (UE) para establecer lo que actualmente se conoce como un “Brexit suave”; es decir, un arreglo negociado que permitiría una salida de Reino Unido ordenada y con los menores impactos posibles para ambas partes. Pero, a pesar de contar con mayoría legislativa, el acuerdo de la premier fue rechazado por el Parlamento en varias ocasiones, incluso por miembros de su propio partido.

Es fácil ver que lo anterior muestra que no existe una mayoría suficiente de miembros parlamentarios para llegar a una decisión sobre el Brexit. Pero el problema fundamental es más profundo: tampoco existe consenso sobre este tema al interior de los dos principales partidos —el Laborista (izquierda) y el Conservador (derecha).

Por un lado, en el caso de los conservadores los más radicales —como el propio primer ministro actual, Boris Johnson— se opusieron a cualquier tipo de acuerdo porque prefieren un “Brexit duro” que implica una separación violenta y total de Reino Unido de la Unión Europea.

Otros, los más moderados, no encontraron el acuerdo de Theresa May suficientemente viable.

En el otro lado del espectro político, los laboristas están divididos en dos grupos principales: las personas que quieren Brexit pero no en los términos que implica el trato de Theresa May y quienes quieren cancelar el Brexit o volver a someterlo a referéndum.

A este último grupo —los anti-Brexit— se han sumado otros partidos como los Demócratas Liberales y el Partido Nacionalista de Escocia. Quizás el grupo más numeroso sea el de aquellos parlamentarios que quieren un “Brexit suave”, pero a estas alturas no hay tiempo para lograr un nuevo arreglo que convenza a la mayoría.

2) ¿Por qué esta semana era especialmente importante? El estancamiento en el Parlamento propició la renuncia de Theresa May. Pero el Partido Conservador contó con la mayoría suficiente para nombrar al nuevo primer ministro y eligió a Boris Johnson, un populista de derecha al que muchos consideran el “Trump británico”. Johnson es conocido por sus posiciones anti-UE y por su defensa del “Brexit duro”. Por ende, al elegirlo primer ministro, a pesar de no ser mayoría, el ala más radical del Partido Conservador logró instalarse en las posiciones más altas.

Algunos parlamentarios conservadores moderados vieron con buenos ojos la llegada de Johnson, pues el Partido Conservador ha perdido mucho terreno ante el ultraderechista “Partido del Brexit” —sí, así se llama—. La idea era que al final del día Johnson, un conocido charlatán, se moderaría ante la posición mayoritaria de su propio partido, al tiempo que su discurso catapultaría al partido Conservador atrayendo a un grupo de votantes que quieren un “Brexit duro”. De esta forma los parlamentarios conservadores en riesgo de perder en las próximas elecciones ante el “Partido del Brexit” podrían mantener su puesto. Es decir, se trató de un cálculo meramente pragmático.

Sin embargo, una vez en el poder, Boris Johnson ha buscado empujar una agenda radical sin reservas. (a) Johnson claramente no ha buscado un nuevo o mejor acuerdo con la UE. En su lugar, pretendió consumir tiempo para que el 31 de octubre se produjera en automático el “Brexit duro” que él y sus aliados tanto desean. (b) Parte de esta estrategia —quizás la gota que derramó el vaso— fue su decisión de “cerrar” el Parlamento a partir de mañana y durante varias semanas. No tiene mucho sentido discutir aquí cómo es posible que un primer ministro tenga este poder. Lo importante es que lo decidido por Johnson es legal y que el cierre del Parlamento implica la cancelación de todo chance de nuevos acuerdos o posibilidades para evitar el “Brexit duro”.

(c) Cuando se enteró de que una alianza en el Parlamento buscaba bloquear el “Brexit duro” antes de su receso, y que esta posible alianza incluía a varios parlamentarios conservadores, Johnson amenazó directamente a los “rebeldes” de su partido con “deseleccionarlos”. Esto significa su expulsión de la bancada y la pérdida de la oportunidad de ser postulados por su partido en futuras elecciones; es decir, virtualmente el fin de sus carreras políticas. Esta decisión se produjo a pesar de que el propio Johnson, es necesario recordar, votó contra su primera ministra en varias ocasiones y de que nadie amenazó entonces con expulsarlo.

3) ¿En dónde está parado Reino Unido ahora? Es fácil ver que con estas estrategias Boris Johnson y su grupo pretendieron, a partir de tácticas gansteriles al estilo Donald Trump, imponerse sobre su partido y, consecuentemente, sobre el legislativo.

Su cálculo no era descabellado: un Parlamento con mayoría conservadora y con una oposición débil y dividida contaba con apenas una semana para ponerse de acuerdo sobre temas que no habían podido decidir durante años. La apuesta del Primer Ministro no terminaba ahí. Su idea era que, ya con el Parlamento cerrado, llamaría a nuevas elecciones que en teoría le llevarían a tener un control mayor del Parlamento y más poder como Primer ministro.

Hasta el lunes pasado, todo parecía ir viento en popa para Boris Johnson. Pero este político y sus asesores ultraconservadores no vieron venir dos trenes. Al primero podemos llamarle “integridad”. Decenas de integrantes moderados del Partido Conservador, incluido el nieto de Winston Churchill, decidieron aceptar con dignidad su expulsión y ver sus carreras políticas virtualmente terminadas al apoyar una propuesta de ley “fast-track” para bloquear el “Brexit duro” que, de acuerdo con estudios del propio gobierno, implicaría crisis económica, desabasto de alimentos, desabasto de combustible, escasez de medicamentos y una radical pérdida de empleos. Una actitud de esta naturaleza merece todo el respeto y reconocimiento más allá de las afinidades ideológicas que uno pueda tener.

Los parlamentarios conservadores rebeldes se sumaron entonces a los laboristas, al Partido Nacionalista Escocés y los demócratas liberales en su decisión de poner entre paréntesis todas sus diferencias y de votar, antes que nada, a favor de una ley para cancelar la posibilidad del “Brexit duro”. Esto es, que si bien la mayoría de los parlamentarios no han podido ponerse de acuerdo en qué quieren, más allá de cálculos personales o políticos, hay muchas personas que sí están bien convencidas de lo que no quieren. Y lo que no quieren en este caso es una salida de la UE que genere muertes o una crisis social y económica a la gente británica. La diferencia con lo que ocurre en el Congreso de Yucatán o con buena parte de la clase política nacional es impactante.

El segundo tren que Johnson no pudo ver venir no es menos importante que el primero y se llama “defensa democrática”. Cuando vio que su causa hacía agua, Johnson intentó defenderse como pudo y retó a la oposición a acordar la convocatoria de nuevas elecciones, apelando a la supuesta garantía de la nueva ley que evita el “Brexit duro”. Pero todo parece indicar que los parlamentarios tampoco aprobarán esta medida, pues si Johnson logra mayoría en el Parlamento podría cambiar esta ley y salirse con la suya.

Y es que, que más allá de diferencias ideológicas o incluso de posiciones sobre Brexit, el Parlamento británico parece haberse unido en torno en una posición fundamental e innegociable: no dar el beneficio de la duda o tolerar a quien ha probado ser una amenaza para su democracia.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

Avanzan hacia su objetivo