in

Manuel Ceballos García: Homilía DOMINICAL

Foto: Megamedia

Cristo es rey para servir

Sobre el fondo del año litúrgico que hoy termina, se extiende una solemne representación de Cristo Rey, que inició en 1925 cuando era papa Pío XI. Este símbolo real aplicado a Dios sirve para expresar el misterio del Señor que, sentado en el trono de los cielos, logra guiar y gobernar el cosmos, el universo entero.

Por eso las lecturas bíblicas de hoy se abren con una luminosa página del profeta Ezequiel en la que el Señor aparece como el pastor que se comporta como un compañero amoroso de sus hijos: buscar, curar, reunir, conducir al pasto, invitar al descanso, buscar la oveja perdida, curar la enferma y juzgar entre oveja y oveja.

Ahora bien, en sintonía con estas expresiones del profeta, Cristo prepara el alimento para los hambrientos, un vaso para los sedientos, una ropa para el desnudo, un fuerte abrazo para el encarcelado y el enfermo, y se ha abierto la puerta al forastero que camina solitario en el frío de la noche.

El juicio del que aquí se habla es universal. La promesa y la amenaza que este juicio supone va dirigida sin distinción alguna a cristianos y paganos, a los creyentes y a los ateos, a todos los hombres y los pueblos. La imagen del pastor que separa las ovejas de las cabras está tomada del texto de Ezequiel (primera lectura). Es importante no olvidar este detalle, pues solo así comprendemos que se trata evidentemente de un juicio entre los que hacen la injusticia y los que la padecen. El Señor saldrá al fin en defensa de los pobres, de los que sufren, de los perseguidos por su amor a la justicia...

Fijémonos muy bien en la respuesta de Cristo, que se identifica con los pobres, con los forasteros, con los encarcelados, con los enfermos. Y esto no solo porque tales son los que padecen la injusticia, sino también porque son los que buscan la justicia y luchan por alcanzarla. Se ve la triste posibilidad de perder la vida y el Reino de Dios quienes en este mundo pretenden amar a Dios y ser cristianos sin amar al prójimo y reconocer a Cristo en los pobres y explotados.

El cumplimiento del mandamiento del amor o su incumplimiento anticipa ya en el mundo el juicio final. El que ama a Cristo en los pobres y se solidariza con su causa se introduce en el Reino de Dios; pero el que no ama y explota a sus semejantes se excluye del Reino de Dios. El juicio universal será la manifestación y la proclamación de la sentencia definitiva, que se va cumpliendo ya en nuestras vidas según nuestras obras.

En la tarde de la vida y de la historia Cristo entrará como el rey que hace brillar el trigo separándolo de la cizaña para quemar. El Señor, pues, espera lo mejor de ti.

Vídeo: auto da varias vueltas en cadena antes de caer por un puente