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Marcelo Pérez Rodríguez: El dolor de una madre y la sociedad

Grito de justicia

“Justicia para mi hijo”, es el clamor, el grito desesperado de una madre ante la lentitud de la justicia por la muerte de José Eduardo supuestamente a manos de policías municipales, ¿o estatales?

A más de un mes de los hechos el silencio de las autoridades gubernamentales, municipales y de los investigadores sigue permeando en el caso de la muerte del joven que fue maltratado, torturado y violado y, días después, falleció debido a la golpiza salvaje recibida.

Es natural la desesperación de una madre exigiendo justicia y movilizándose para buscar apoyo por todos lados, incluyendo en el gobierno federal, para agilizar el caso y desentrañar el misterio que lo sigue rodeando.

El caso tiene repercusiones nacionales e incluso fuera del país por la saña de las agresiones con todas las agravantes y la violación, que muestra la discriminación, la homofobia y la falta de respeto a los derechos humanos por parte de los uniformados.

Sin embargo, la tortura y la muerte de José Eduardo no es un caso aislado, sino que la tortura es parte del quehacer policiaco. Hay diversas víctimas golpeadas con saña, incluso varios fallecidos en la entidad a manos de los uniformados sin que haya culpables, ni castigos.

Esto es lo que preocupa ahora, pues el rumbo de las investigaciones en el fallecimiento del joven veracruzano puede seguir en el hermetismo escandaloso hasta que llegue el olvido. ¿Será que a esto le apuesten las autoridades? ¿Si esta es su meta para los dos gobernantes, alcalde y gobernador, entonces esas actitudes tendrían altos costos políticos?

Hay otros casos en la entidad y en el ámbito nacional de crímenes que se han resuelto en días o en par de semanas, pero en la muerte de José Eduardo no hay nada en más de un mes. Lo único fue al principio la detención de cuatro uniformados municipales, pero un juez los dejó en libertad porque en la denuncia del joven hay mención de policías estatales en la agresión recibida.

Y aquí comenzaron los enredos y los silencios. Las autoridades hicieron mutis después de sus declaraciones primarias que confundieron más y buscaban deslindar a sus respectivas corporaciones policiacas, pero el hermetismo sigue cubriendo este caso.

Ahora bien, hay videos que muestran la detención del joven, su llegada a la corporación policiaca y el maltrato vivido en el suelo frente a un grupo de uniformados, incluso uno de ellos le pone la rodilla en el cuello y en parte de la cabeza.

¿No es esto una agresión en contra de los derechos de las personas? ¿Qué necesidad había de esta presión en el cuello o cabeza, ya volviéndose clásica esta técnica de sometimiento entre los uniformados?

Es necesario investigar a los uniformados que tuvieron contacto con José Eduardo, desde su detención, trayecto, llegada a la corporación policiaca, agresiones en la entrada, el encierro en su celda hasta su salida. ¿Qué se ha hecho? ¿Por qué a más de un mes del crimen no hay resultados concretos, ni culpables, ni castigos?

Se supone que hay investigaciones más profundas con los videos que existen y por las personas enviadas de Ciudad de México para despejar los nubarrones que ocultan la verdad de este crimen que sacude a una familia y a la sociedad yucateca.

No es comprensible que con tantas pruebas, con involucrados detectados en los videos y con tantos investigadores el silencio siga cubriendo una realidad. ¿A quién o quiénes se intenta encubrir? ¿Por qué esa lentitud de las leyes y la justicia? ¿Se busca, como en otros casos de tortura y muerte, el olvido?

No hay presuntos culpables en una muerte en donde los involucrados tienen nombres y apellidos en la policía estatal, de acuerdo con la denuncia de José Eduardo, también hay policías municipales que detuvieron y llevaron al joven. ¿Se busca ocultar la tortura como parte de las acciones de las corporaciones policiacas en la entidad?

El gobernador cumplió recientemente la mitad de su administración, pero lo que dijo en su discurso inaugural sobre el respeto a los derechos humanos, de justicia, lucha contra la corrupción y no a la impunidad, nos deja mucho a deber a los yucatecos en estos rubros, y en este caso no encara este crimen, ni en otros cometidos por elementos policiacos.

Por su parte, el alcalde Renán Barrera, quien inició su tercer periodo y una reelección, guarda silencio y trata de proteger a los policías y su futuro político, pero estas actitudes le pueden acarrear obstáculos a los dos en su camino a otras candidaturas más adelante.

Ante estos silencios y hermetismo, la voz materna se hace escuchar y no ceja su lucha por esclarecer la muerte del hijo ni por presiones, ni por ofrecimientos económicos.

Es el dolor de una madre que grita justicia y en ese angustioso grito busca romper las cadenas que aprisionan a la justicia en un laberinto de confusiones y enredos. Es también el dolor de la sociedad yucateca que exige el esclarecimiento de un artero crimen que muestra la violencia y la tortura que elementos policíacos cometen en contra de los ciudadanos. Ni silencios, ni olvido, ni impunidad.— Mérida, Yucatán.

marpero53@yahoo.com.mx

Profesor

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