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Mariguana regulada

Paso necesario

Antonio Salgado Borge (*)

Sofía: Hola, Felipe. Qué gusto verte nuevamente. ¿Mi sonrisa? Ah, es que acabo de leer en el Diario una muy buena noticia. Resulta que esta semana la Suprema Corte de Justicia de la Nación estableció que es inconstitucional la prohibición absoluta de consumo de mariguana. Todavía mejor, apenas se dio a conocer esta jurisprudencia, Olga Sánchez Cordero, próxima secretaria de Gobernación, anunció una iniciativa que busca regular el uso recreativo de mariguana en México. Es decir, es cuestión de tiempo para que México dé un paso enorme para cambiar el paradigma prohibicionista.

Felipe: No me extraña que celebres, Sofía. Llevas años repitiendo que es necesario regular el consumo de drogas. Yo, en cambio, estoy muy preocupado. ¿Es que no has pensado en los niños y en los jóvenes? El otro día leí que estudios informales apuntan a que su consumo de mariguana va en aumento. Dado que regular les acerca la mariguana a los menores de edad, la prohibición debe mantenerse total.

Sofía: A mí también me preocupa que menores consuman cualquier droga, Felipe. Sin embargo, tu argumento tiene dos defectos. El primero es que, si el consumo verdaderamente va en aumento, esto ha ocurrido a pesar de la condición ilegal de la mariguana. Mi segundo punto, y el más importante, es que regular un producto no implica hacerlo accesible a menores de edad. Si te fijas, lo contrario es cierto. Actualmente, hay decenas de casos de mercados regulados y limitados a mayores de edad que involucran desde drogas legales probadamente adictivas y nocivas —como el alcohol, el tabaco o algunos fármacos—. De esta forma, las personas mayores de edad pueden acceder a los productos que desean y mientras que las menores quedan lo más excluidas posible de la cadena.

Felipe: ¿Me estás diciendo, Sofía, que es malo que los menores fumen mariguana, pero bueno que los mayores usen esta droga? ¿Estás de acuerdo con que la gente se drogue en la vía pública?

Sofía: No dije nada semejante, Felipe. Déjame ser clara: la jurisprudencia de la corte aclara que el consumo no puede ocurrir en la calle y evidentemente toda droga, legal o ilegal, tiene un efecto negativo en el organismo de quien la consume.

Felipe: Y ése es precisamente mi punto, Sofía. Un gobierno tiene la obligación de prohibir todo aquello que dañe la salud de las personas a las que gobierna.

Sofía: ¿Estás seguro, Felipe? A ti te encantan cenar “hot dogs”, la cerveza y el refresco de cola. Según la Organización Mundial de Salud las salchichas o el jamón u otros que están hechos a base de carne procesada son altamente cancerígenos, y tu consumo diario de refresco aumenta significativamente tus posibilidades de desarrollar diabetes. Y claro, si desarrollaras estos padecimientos, tus tratamientos serían cubiertos con nuestros impuestos. Creo que cuando argumentamos debemos ser consistentes. Así que te pregunto: ¿te gustaría que el gobierno te proteja prohibiéndote el consumo de lo que es malo para tu salud? A mí tampoco. Por ende, coincido con la SCJN: es un derecho de cada mayor de edad consumir aquello que desee siempre y cuando no dañe a terceros. El gobierno debe regular y al mismo tiempo desincentivar este mercado con campañas de información y de salud.

Felipe: Querida Sofía, lamento informarte que acabas de enredarte en tus propias palabras. Dijiste muy claro que se debe permitir el consumo “siempre y cuando no dañe a terceros”. Pero es un hecho que el consumo de mariguana dañaría a terceros. Si bien no tiene el grado de incidencia directa en enfermedades graves que tienen el alcohol, el tabaco o los refrescos, creo que la regulación de la mariguana aumentaría los crímenes y la violencia en Yucatán. Y no me veas así; tengo bases para defender mi afirmación: en muchas ocasiones los criminales detenidos están bajo los efectos de alguna droga.

Sofía: Te propongo el siguiente experimento mental. Supongamos que te levantas todos los días al amanecer y que entonces miras por tu ventana y ves el sol emerger en el horizonte. Después de varios días consecutivos, seguramente establecerás una correlación entre ambos hechos: “sabrás” que al mirar por tu ventana estará amaneciendo. Pero claramente esta correlación no implicará causalidad; es decir, mirar por la ventana no es lo que causa que el sol salga. En el mismo sentido, de acuerdo con un informe de la OEA, hay una clara correlación entre violencia y consumo de drogas, pero no hay evidencias de una relación causal. La causa de las dos cosas es en realidad una tercera: la pobreza o el abandono en condiciones de vida límite. La violencia, eso sí, es generada en parte por la falta de regulación. Recuerda que las agresiones entre cárteles, las mismas que incendian el país de punta a punta, se produce por el control de rutas de tráfico ilegal. Evidentemente, si las rutas fueran legales, como ocurre con todos los productos que nosotros consumimos, no habría disputa armada por el control de las mismas.

Felipe: ¿Y qué ganaríamos regulando el consumo de la mariguana?

Sofía: Ganamos al menos tres cosas. En primer lugar, ganamos garantizar que el gobierno no se meta en lo que consumen mayores de edad. No abundaré en ello, pues ya lo hemos comentado. En segundo lugar, como acabamos de mencionar, iniciaríamos una nueva política que podría ser necesaria en la reducción de la violencia en México. No olvidemos que la revista Nexos ha presentado datos que muestran que antes de que Calderón lanzara la guerra continuada por EPN, México NO era uno de los países más violentos del mundo; en realidad, íbamos en sentido contrario.

Felipe: ¿Me estas diciendo que la violencia se terminará porque regularemos la mariguana?

Sofía: Desde luego que no, Felipe. La regulación de las drogas no es una condición suficiente para que se termine la violencia, pero sí que podría ser una condición necesaria. Y a México le urge dejar de ser uno de los países más violentos del mundo. Recuerda que la “guerra contra el narco” —un modelo probadamente fallido y criticado por especialistas— ha dejado 170,000 personas muertas, más de 3,000 desaparecidos por año desde 2010 y un aumento exponencial en los niveles de violencia.

Felipe: La guerra sí que ha sido un desastre. Yo la apoyé durante el sexenio de Calderón, pero ahora admito que nos ha hundido y que no hay forma de defenderla. Mejor no hablar de eso. Además, me tengo que ir y tengo mucha curiosidad de escuchar el último motivo que te lleva a pensar que es buena idea regular. Ya hablaste sobre libertades personales y sobre violencia; pero dijiste que tenías tres razones.

Sofía: Y las tengo. El tercer motivo es que en ocho estados de Estados Unidos, el principal promotor de la fallida “guerra contra las drogas”, es actualmente legal producir y distribuir mariguana. Canadá, el tercer socio en nuestro recientemente renovado acuerdo comercial, acaba de legalizar el uso recreacional de esta droga. De acuerdo con Forbes tan sólo en California se han generado ventas por más de 2,700 millones de dólares que, además de beneficiar a la economía, pagan 15% de impuestos al gobierno de ese estado.

Es decir, que mientras que nuestros vecinos están acumulando una cantidad impresionante de recursos nosotros desperdiciamos miles de millones de pesos en una guerra que sirve tan sólo para acumular ejecutados, desaparecidos y pérdidas económicas. ¿Sabías que de acuerdo con “sinembargo.mx” tan sólo durante el gobierno de EPN la violencia dejó en nuestro país pérdidas por el equivalente a dieciséis aeropuertos de Texcoco? Sí, dieciséis. Y eso sin contar todo el dinero que dejamos de ingresar por impuestos. Para ser clara, los carteles hoy pagan “impuestos”, pero éstos van directo al bolsillo de un puñado de políticos corruptos en lugar usarse para construir las condiciones que permitan pacificar a nuestro país y darle la vuelta a una de las páginas más sangrientas de nuestra historia reciente.

Por si esto no fuera suficiente, mientras nosotros nos matamos nuestros vecinos ya están invirtiendo en tecnología que permite economías de escala y mejores procesos de distribución. Tu sabes de negocios y sabes que esto significa que, mientras más tardemos en regular, menor será nuestra posibilidad de competir cuando nos decidamos a hacerlo. Si llegamos tarde, entonces México, uno de los principales productores de mariguana, la terminará exportando como materia prima que luego importaríamos de vuelta en forma de productos procesados. Y si este es el caso, la mayor parte de las ganancias del mercado se quedarán en manos de empresas estadounidenses y cuando las empresas mexicanas quieran competir será muy tarde. ¿Verdad que hemos escuchado antes esta historia?— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (ITESM)

 

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