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Mario Benjamín Valadez Meraz: El año fatídico

La pandemia

Está por concluir 2020, el año que será inmortalizado en Yucatán como el más fatídico de la historia. El año en que el miedo y la zozobra marcaron a miles de yucatecos.

La pandemia de Covid 19 no ha respetado clases sociales ni religiones. Así como se están contagiando ricos también lo pobres, niños y adolescentes. Con la diferencia que para superarla los primeros no escatimaron recursos económicos, mientras los que menos tienen tuvieron que peregrinar para ser atendidos en hospitales públicos, en donde muchos la superaron, no así los más vulnerables: adultos mayores, personas con comorbilidades y obesas que lamentablemente fallecieron.

Esos decesos atormentarán a quienes perdieron al ser amado, por no haberles dado el adiós que se merecían. SÍ, hoy los contagios se están incrementado. Es cuando tenemos que criticar y recordar los inadvertidos compromisos de las dos últimas administraciones priistas con el sector salud. No obstante que ambas fueron privilegiadas en sus presupuestos, dejaron hospitales inconclusos y con señalamientos de corrupción.

Ivonne Ortega, no conforme con dejar incompletas las construcciones de Tekax y Ticul, le heredo al gobierno de Mauricio Vila la millonaria demanda por la rescisión del contrato de este último nosocomio.

La gestión de Rolando Zapata es señalada por el desvío de 150 millones de pesos a través de empresas fantasmas, como lo puso en evidencia Central 9, la Unidad de Investigaciones Periodísticas de Grupo Megamedia.

El gobierno de Vila, a pesar de que le han disminuido los presupuestos y ante los incrementos de contagios, improvisó hospitales, los equipó y les incorporó personal de salud, médicos y enfermeras.

Mientras no se endurezcan las leyes contra la corrupción, delitos como los atribuidos a los gobiernos anteriores siempre quedarán impunes. Muchos podrán decir que en Yucatán existe la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción, pero —sin ser irrespetuoso— ese organismo y la carabina de Ambrosio son lo mismo, no sirven para nada. Y no lo digo a la ligera porque desde su fundación (2017) no se han visto resultados.

En relación con la pandemia, en mi opinión no todo ha sido negativo en el manejo. El aislamiento nos ha servido para valorar la vida, fortalecer la unión familiar, comprender mejor a nuestros hijos y solidarizarnos en el dolor con nuestros semejantes. La fe y la esperanza nos han ayudado a superar el miedo y la intranquilidad en que hoy vivimos. Todos deberíamos apoyarnos en ellas en la añorada búsqueda de un mañana.

Hoy cuando están cerca las fiestas decembrinas y sin pensar en sus familias, muchos ya planean cómo van a celebrarlas. Para todos los que piensan así les externo: “No es que sea un anticuado, porque sé que las disfruto, pero aquellos que pretenden realizarlas sin siquiera meditar, deben saber que mientras persista esta pandemia no hay motivos para celebrar”.

Y para todas aquellas personas que como yo soñamos en que termine esta pesadilla les comparto un extracto del poema del uruguayo Mario Benedetti: “Cuando la tormenta pase y se amansen los caminos y seamos sobrevivientes de un naufragio colectivo, con el corazón lloroso y el destino bendecido nos sentiremos dichosos tan solo por estar vivos…..Cuando la tormenta pase te pido Dios, apenado, que nos devuelvas mejores como nos habías soñado”.

Aprovechando que está será mí última colaboración de un año para el olvido, quiero regarles a todos los lectores de Diario de Yucatán este pensamiento: “El futuro pertenece a aquellos que creen en la belleza de sus sueños” (Eleanor Roosevelt).— Mérida, Yucatán.

mariovaladez_48@hotmail.com

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