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Mirador

Editorial

Armando Fuentes Aguirre

¿Recuerdas, Terry, amado perro mío, la vez que perseguiste a un conejito hasta cansarlo?

Sin fuerza ya para seguir corriendo se quedó quieto esperando la muerte.

La muerte eras tú, Terry. Una sola tarascada tuya habría acabado con la vida del animalillo.

No diste esa tarascada mortal. Oliscaste al gazapito y te alejaste luego a paso lento. Ni siquiera fuiste hacia mí para que te diera las palmaditas que solía darte en la cabeza cuando hacías algo bien.

Yo entendí tu acción. Diste la vida en vez de dar la muerte. No te portaste como humano. Fuiste mejor: te portaste como perro.

Muchas noches te sueño, Terry. En mi sueño yo soy el que era antes y tú el que eres siempre. Suéñame tú también, perro querido. Los sueños son la sustancia de que está hecha la vida. Y quizá son también la sustancia de que está hecha la muerte.

¡Hasta mañana!..— Saltillo, Coahuila

 

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