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Necesarias nuevas reglas del juego

 

Sociedad inteligente

Alfonso A. González Fernández (*)

Resulta imperativo hacer un ejercicio innovador distinto a lo que acostumbramos: una evaluación de lo que planeamos, de lo que vivimos, de lo que padecimos y finalmente de lo que proyectamos de cara al inicio de este año.

El recién concluido 2018 fue un parteaguas en el tema de la infraestructura. Las inversiones privadas tuvieron un peso importante en la balanza en el estado, pero las del gobierno anterior, pese a las “muy altas calificaciones y números alegres” que se presumieron, ahora se han visto empañadas severamente por revelaciones de graves y cuestionables adjudicaciones.

En su caso, habría que cumplir la obligación de presentar las querellas correspondientes, como parte del combate a la corrupción e impunidad, dos males que todos, como sociedad, anhelamos y exigimos que se acaben. No esperamos menos y estaremos vigilantes a fin de evitar el borrón y cuenta nueva, así como de la clásica y ultrarecurrida exculpa y salvoconducto a quienes hubieran cometido algo indebido, sea quien sea.

Lo que viene

Mientras sigue corriendo el tiempo, a las nuevas autoridades les corresponde, con lo que se tenga, ejercer su responsabilidad y ajustar los objetivos con los recursos que finalmente obtengan vía participaciones de cualquier naturaleza.

En este aspecto, resulta sumamente importante contar con proyectos integrales, gestionados con nuevos métodos de financiamiento que se ajusten a las normas para la realización de los mismos. Hay que evitar que se recurra al “apalancamiento” de la ya mínima capacidad que se tiene; es decir, se deben gestionar nuevos esquemas de inversión en los que se logre amalgamar adecuadamente una composición entre el gobierno y la iniciativa privada, que permita un sistema de “ganar-ganar”, propiciando por un lado desarrollo sostenible y por el otro, la recuperación en tiempo y manera las inversiones realizadas.

Es menester encontrar una nueva fórmula, ya que de las utilizadas hasta ahora ha resultado que las concesiones de las obras de infraestructura de cualquier naturaleza hayan quedado en no más de una docena de empresas en todo el país.

Si bien es cierto que el ya viejo y cansado argumento utilizado es que “son las que tienen la capacidad técnica y financiera” para desarrollar las obras, también lo es que en Yucatán los empresarios estamos ante la oportunidad de generar las alianzas necesarias para competir en los mismos términos y en concordancia con los ofrecimientos federales de que los proyectos serán realizados preferentemente con gente local. Eso nos alienta a desarrollar estos esquemas y al gobierno local a garantizar y ofrecer piso parejo, comenzando con los empresarios locales. La capacidad técnica y económica local existe, sin duda alguna.

El paradigma

También es necesario evitar y desterrar las viejas prácticas del intermediario, y la presencia y acción de relacionistas que ofrecen la obtención de recursos de manera fácil y expedita a gran cantidad de autoridades, con su correspondiente comisión por sus servicios. Por ello, insisto, es un momento trascendente para la participación con organizaciones formales que garanticen nuevos esquemas en los cuales la transparencia y la rendición de cuentas sean las dos primeras premisas de esta nueva aspiración. Éstas son las nuevas reglas del juego y nos corresponde llevarlas al cabo para ir caminando hacia adelante y construir un mejor lugar para vivir y en el que todos nos consideremos orgullosos, seguros y satisfechos por lo que hacemos para conseguirlo.— Madrid, España.

consejomundialdeingenieros@gmail.com

Presidente del Consejo Mundial de Ingenieros Civiles (WCCE)

 

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