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Niñas que son madres

Violenta realidad

Roger González Herrera (*)

En 2017, 19 niñas de 10 a 14 años en Kanasín dejaron las muñecas y los juegos propios de su edad para convertirse en madres.

Durante ese año, en todo Yucatán se registraron 175 casos de niñas embarazadas y que dieron a luz, según estadísticas del Inegi. Esas niñas no eligieron ser madres, obviamente fueron forzadas, porque a esa edad no se puede hablar de consentimiento de una relación sexual, sino de abuso sexual.

En consecuencia, fueron víctimas de un delito que quedó (quizá) silenciado en el seno familiar. Otras, fueron forzadas a contraer matrimonio de acuerdo con “usos y costumbres” de la localidad respectiva y, en todos los casos, estos hechos representan una tremenda acción de violencia que aumenta las brechas de desigualdad y multiplica la pobreza, trunca los sueños y expectativas de esas menores y rompe de manera cruel con una etapa que debiera ser de las más felices de todo ser humano: la infancia, que dejan para asumir un rol para el cual no están preparadas aún.

En ese mismo 2017, en Yucatán 5,832 adolescentes también se convirtieron en madres, abandonando (muchas de ellas) la secundaria y la preparatoria. Hay que dejar de ver estas cifras sólo como un dato estadístico e imaginar el drama y la historia particular que encierra cada caso de niña o de adolescente forzada a ser mamá.

Causa de muerte

Un dato preocupante, es que, según la UNICEF, los embarazos infantiles y adolescentes causan la muerte prematura a unas 50 mil chicas en todo el mundo. Ni las niñas, ni las adolescentes están preparadas físicamente para ser madres, en consecuencia, el riesgo de un aborto o de dar a luz a un niño muerto o de sufrir secuelas físicas es muy alto.

Este es un problema que va creciendo en nuestra sociedad y al que, recién, los gobiernos están prestando atención. En 2015 el gobierno federal cómenzó la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en la Adolescencia (ENAPEA por sus siglas), cuyo objetivo es reducir a cero los embarazos infantiles en 2030.

Sólo en el papel

En la administración estatal anterior, esta estrategia se siguió con un grupo de trabajo multidisciplinario, pero, aparentemente, sólo en el papel; porque el problema, en lugar de disminuir, aumentó considerablemente al pasar la tasa de embarazos infantiles de 1.50 por cada mil niñas en 2016 a 1.94 en 2017. El nuevo gobierno estatal quiere elaborar un programa de trabajo con la participación de especialistas y de titulares de las dependencias relacionadas con la educación y la salud, bajo una coordinación colegiada liderada por la Secretaría de las Mujeres.

Las campañas de prevención y de educación deben tener un enfoque de respeto a los derechos humanos, de difusión de las sanciones que establece el Código Penal respecto a los casos de violación y abuso sexual, de educación en valores y, para los casos de los jóvenes, de información sobre la importancia de ejercer una sexualidad responsable, así como acceso a preservativos y métodos de control natal.

Pero, más allá de las acciones que el gobierno emprenda, se requiere un esfuerzo muy grande que incluya a la sociedad en general con el objetivo de erradicar para siempre esa rara y violenta realidad que hoy sufren muchas niñas forzadas a ser madres.— Mérida, Yucatán

rogergonzalezherrera@yahoo.com.mx

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