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¿Nos lleva el tren?

Economía para llevar

José Elías Abdala (*)

El año pasado nos sorprendieron a los mexicanos con la noticia de que se cancelaba el aeropuerto de Texcoco. El jueves 9 pasado nos sorprendieron de nuevo con que, después de 40 años, Pemex volverá a construir una refinería, de la mano de la Secretaría de Energía, y además el Inegi publicó que la economía mexicana se contrajo 0.2% entre enero y marzo con respecto al trimestre anterior.

No se ha iniciado la construcción del Tren Maya e incluso ya nos está llevando…

El Producto Interno Bruto (PIB) no se ha visto beneficiado como el de nuestro vecino del norte. Mientras nosotros nos contraemos, ellos se expanden 3.2% entre enero y marzo, a pesar de estar en discusiones de una posible guerra comercial.

Es claro que existen dos ambientes muy distintos entre Estados Unidos y México, la actividad económica de los estadounidenses se beneficia de estímulos fiscales, inversión y gasto gubernamental, aunque se ve perjudicada proporcionalmente por temas comerciales y migratorios.

Nosotros nos encontramos en una transición política, en un clima de incertidumbre y desconfianza de empresarios e inversionistas que aún no se aclara, lo cual termina repercutiendo en el crecimiento de la economía, como lo fue la contracción del primer trimestre. La cadena de factores que crearon esto tiene varios eslabones: Texcoco, reformas, huachicoleo, huelgas y actualmente se le suma uno más, la nueva refinería.

Dentro de las propuestas del nuevo gobierno, se estableció la construcción de una nueva refinería en Tabasco, la cual supuestamente producirá 400 mil barriles diarios.

Se dice que ninguna de las tres empresas internacionales invitadas a la licitación de la construcción cumplió con los requisitos de costo y tiempo para llevarla al cabo, ya que el gobierno exigía que se terminara en tres años y con 160 mil millones de pesos (más menos el costo del NAIM…).

Los expertos vieron que no era posible con esos requisitos y deciden descartar la licitación, dejándola desierta. El grupo financiero Citibanamex estimó que una refinería como la planeada, para producir tal cantidad de barriles diarios, costaría alrededor de 240 mil millones de pesos y tendría un tiempo de construcción de ocho años.

Mi duda es ¿qué le hace pensar al gobierno mexicano que podrá construir la refinería en el costo y tiempo planteado si ni los expertos se atrevieron?

Lo que nos debe de preocupar en el corto plazo no es si ya existe el proyecto ejecutivo, o si se iniciará a tiempo…, la gran preocupación es que se pone en riesgo la calificación de Pemex e incluso la del gobierno en el ámbito mundial.

La construcción de la refinería eleva los riesgos de que haya un sobrecosto y eso, a su vez, afecte las finanzas de la petrolera y del gobierno, aunadas a que no se encuentran del todo estables. Esto es muy relevante, ya que desde enero se le recortó la calificación a los bonos de Pemex y se les colocó en perspectiva negativa.

En caso de que la refinería no vaya en tiempo y costo planeados, las calificadoras pudieran bajar la nota una vez más para Pemex y perdería el grado de inversión, incrementando la desconfianza empresarial, la inversión y el crecimiento económico como resultado, ya que se preferirá invertir en países con certidumbre política y económica.

Como reflejo de la decisión, el peso frente al dólar tocó su peor nivel en al menos cinco semanas y los bonos de Pemex con vencimiento a 2027 y 2047 cayeron 0.19 por ciento y 0.24 por ciento, respectivamente, el jueves 9, lo que refleja de forma inmediata que la economía junto con los inversionistas no tuvieron una buena percepción de la decisión.

Para llevar… Es momento de que nos pongamos de acuerdo en hacia qué dirección queremos conducir. Gobierno, inversionistas, empresarios, comerciantes, productores y consumidores ya no estamos para ocurrencias, para cambiar planes de un día para otro, para proyectos que beneficien a unos cuantos, para dar explicaciones vagas e incongruentes.

Luchemos día tras día para devolverle a nuestro México la certidumbre política, social y económica que nos caracteriza, que seamos ese país estable que atrae capital en lugar de ahuyentarlo y que transmita confianza para los inversionistas a través de proyectos que generen un valor agregado, rentabilidad y bienestar, no proyectos e iniciativas que resten valor y que nos provoquen dar pasos en la dirección opuesta.

Estoy convencido de que las cosas nos pueden salir mejor, impulsando el progreso y el desarrollo, buscando la innovación tecnológica y convertirnos en un país más globalizado y competitivo internacionalmente. Busquemos que el tren nos conduzca a un mayor bienestar.— Mérida, Yucatán.

joseabdala11@hotmail.com

Licenciado en Economía, Curso Honors con Doble Titulación por el ITESM

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