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Obligación moral

Cosas cotidianas

Javier Caballero Lendínez (*)

Luis Parra, Arkiely Perfecto, José Brito, Conrado Pérez, Kerrins Mavárez, José Antonio España y otros 12 diputados de la oposición venezolana se reunieron junto con el resto de legisladores el 5 de enero de 2020 en la Asamblea Nacional de aquel país.

El plato fuerte de la jornada sería reelegir a Juan Guaidó como presidente de dicha cámara controlada por una oposición fragmentada y, por consiguiente, la continuación de su autonombramiento como presidente interino de Venezuela.

El régimen madurista (exchavista) había desarrollado una peligrosa estrategia las últimas semanas para desarbolar y fracturar más, si cabe, la bancada opositora. Sobornos, persecuciones, amenazas y detenciones formaban parte de un plan con un único objetivo: dar la espalda a Guaidó, a quien ni siquiera dieron acceso a las instalaciones.

Los 18 diputados de una oposición un tanto decadente votaron en contra de presidente interino y a efectos de la Asamblea, las aspiraciones de todo un pueblo por ver la libertad en el horizonte se vinieron abajo.

Como en México, la política venezolana está manchada (o inundada, mejor dicho) de corrupción, amiguismo, intereses personales y falta de escrúpulos.

Luis Parra y Conrado Pérez estaban relacionados con Alex Saab, aquel empresario y abogado testaferro del mandatario venezolano detenido en Cabo Verde. Arkiely Perfecto, exchavista encauzada por el buen camino cuya decisión de no regresar a las filas de la dictadura era “irreversible” pese a los intentos de Maduro… hasta que sí, fue reversible. José Brito, señalado como infiltrado madurista en la oposición y acusado de intento de comprar votos en ella.

Kerrins Marváez, cuyas críticas constantes a Maduro dieron un extraño giro la noche anterior a la votación cuando llamó irresponsable a Guaidó. José Antonio España, acusado de recibir dinero sucio del chavismo durante mucho tiempo. Y así, los 12 restantes que incendiaron el camino hacia la libertad.

En nuestro país, en las mañaneras postelectorales, con una sospechosa tranquilidad, Andrés Manuel López Obrador no solo celebró la participación ciudadana y, en principio, acató la buena obra del INE y la decisión del electorado, sino que mandó algunos mensajes que hacen temer escenarios indeseados para la democracia, especialmente el de la necesidad de acordar con unos pocos diputados priistas solamente para llevar al cabo ciertas decisiones.

Un congreso dividido es una buena noticia para la ésta, siempre y cuando se negocie y dialogue entre las distintas partes, no se coaccione, se presione, se venda, se persiga, se chantajee y se manipule. El objetivo es beneficiar al país, no a unos pocos y si en un congreso dividido de esta manera no se tiene claro ese fin, no sirvieron de nada estas elecciones intermedias.

El PRI por su papel en el grupo de oposición y contendiente en las elecciones federales de 2024 tiene la obligación moral de permanecer recto, respetar acuerdos legislativos como grupo, defender el deseo de sus más de ocho millones de votantes y los 17 millones que suma con los del PAN.

Estas cifras obligan al PRI a no poner en juego la democracia después de las palabras del presidente mexicano y a respetar el hecho de que 17 millones de mexicanos no quieran cambios constitucionales del calibre que se ha hablado hasta ahora, ni reelecciones presidenciales ni extensiones de mandato; ni una aprobación de leyes que pueden cambiar el panorama económico, político y social del país.

Y más allá, dentro del propio partido, los legisladores priistas deben permanecer unidos como bloque sólido, todos a una porque la tentación será constante y peligrosa.

Réquiem

Lo que ha quedado claro de estas elecciones es que Morena, por sí mismo, ha perdido muchos millones de votos. Esto cambia el panorama para 2024 y deja en una mejor posición por la pugna a PAN y PRI. También ha quedado claro que la sombra de Andrés Manuel es muy grande y que está muy por encima de Morena.

También, que tanto PAN como PRI pueden llegar vivos a 2024 aunque mucho dependerá de sus actuaciones legislativas. Podrían convertirse en héroes o villanos. Si eligen el segundo camino, el lastre de haber dado la espalda a 17 millones de votantes puede ser crucial para perder la carrera presidencial.

Lo de Movimiento Ciudadano es harina de otro costal, al igual que lo del Partido Verde. Esperemos que la firmeza y el respeto a sus votantes opositores no les haga declinar. Finalmente, todo debe ser por el bien de México.— Mérida, Yucatán.

Periodista de Megamedia

 

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