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¿Opresiones análogas?

Antonio Salgado Borge

Mayas y afroamericanos: semejanzas y desemejanzas

Antonio Salgado Borge (*)

El movimiento antirracista en Estados Unidos es encabezado por la comunidad afroamericana. La fuerza en su discurso y manifestaciones refleja la rabia y la frustración de personas que han sido históricamente oprimidas, y que no están dispuestas a aceptar que este siga siendo el caso.

En este contexto, hace unos días se me hizo la siguiente pregunta: si las personas mayas en Yucatán han sido también discriminadas y oprimidas, ¿por qué entonces no han “mostrado la misma ira”?

Con el fin de responder a esta pregunta, en este artículo revisaré algunos aspectos análogos y otros aspectos que no lo son entre el caso de las personas negras en Estados Unidos y el de las personas mayas en Yucatán.

Semejanzas

Una forma de responder a la pregunta pasa por argumentar que no hay analogía entre la opresión que sufren las personas mayas en Yucatán y las personas negras en Estados Unidos. Esto es, que las personas mayas no muestran su “ira” como las afroamericanas porque no han sido víctimas de una opresión análoga. Pero hay tres semejanzas que nos ayudan a entender que esta respuesta no es sólida.

(1) Empecemos notando que ambos grupos han sido víctimas de opresión, que por naturaleza es siempre histórica. En los dos casos esta opresión se inició cuando un poder colonial se apoderó de otro por la fuerza, les despojó de sus bienes, se apoderó de los recursos naturales de la zona, esclavizó, explotó y asesinó a su población. En el caso de los individuos negros esclavizados en Estados Unidos, estos fueron literalmente secuestrados de territorios colonizados en África y traídos a este continente. En el caso de los mayas, éstos fueron esclavizados en su propio territorio.

(2) En ambos casos los colonizadores construyeron una estructura social que reflejaba su dominio sobre los colonizados. Así, en términos generales tanto a las personas negras en Estados Unidos como a las mayas en Yucatán se les intentó borrar del mapa su cultura, no se les reconocieron los mismos derechos, se les excluyó de participar en posiciones de poder y se les privó de los beneficios de actividades económicas. En ambos casos, este estado de cosas se perpetuó siglos y sus rastros siguen siendo claramente visibles en la forma actual de nuestra sociedad.

Lo añejo de este esquema y su influencia en las estructuras mismas de la sociedad norteamericana y de la sociedad yucateca ayudan a explicar en parte por qué a tanta gente no le parece extraño que ser afroamericano o maya esté correlacionado con pobreza, desnutrición, trabajos mal pagados, o servidumbre. Por ejemplo, mientras 9% de los blancos en Estados Unidos vive en pobreza, 22% de los afroamericanos son pobres. Es decir, en términos de puntos porcentuales, la diferencia es del doble. Lo mismo ocurre en Yucatán. Mientras 30% de la población no indígena vive en pobreza, 60% de la población indígena es pobre.

Hace unos años circuló en redes sociales la foto de un niño rubio y blanco pidiendo limosna en un crucero. El texto que acompañaba a la foto decía, a grandes rasgos: “Me encontré a este niño pidiendo caridad, ¿alguien conoce a sus papás?”

Lo que llamó la atención de las personas que compartieron esta publicación es el fenotipo del niño, pues éste correlacionado con clase social y estatus. Así, surgieron teorías de que el pequeño estaba perdido o de que se había escapado de casa. Es difícil pensar que alguien subiría una foto semejante a sus redes si el niño hubiese sido maya.

(3) Para entender la magnitud de este fenómeno, bien se podría tomar prestado el escenario retratado por la escritora Malorie Blackman en su famoso libro “Cruces y Ceros”. Esta novela se desarrolla en Londres actual, pero la estructura de la sociedad es radicalmente distinta. Y lo es porque en lugar de ser un territorio colonizado, África fue el territorio colonizador. En la historia de Blackman este continente se apoderó de Europa. Tras siglos de opresión, las personas blancas ya son técnicamente libres; pero, a pesar de ser mayoría, siguen ocupando los peores trabajos, son reprimidos por la policía y son discriminados o ignorados cotidianamente por la población negra.

La cultura africana —ropa, música, religión, etcétera— es la cultura nacional de Reino Unido, incluyendo a su población blanca.

Hagamos ahora el siguiente ejercicio. Imaginemos que algo similar aplica en Yucatán, pero con las personas mayas en lugar de con personas africanas. ¿Cómo se vería nuestra sociedad? Este experimento mental ayuda a subrayar el origen histórico y lo poco “natural” de las cosas que nos hemos habituado a ver como normal. Y lo ridículo que resulta no concebirlo como problemático y buscar corregir estas asimetrías injustas.

Desemejanzas

Hemos visto que hay importantes analogías entre la opresión a las personas mayas en Yucatán y a opresión a las personas negras en EE.UU. Pero entonces, ¿por qué los individuos mayas contemporáneos no han “mostrado la misma ira” que los afroamericanos? Una opción es que la opresión estructural o, por ponerlo en términos de la ola antirracista, menos asfixiante que la que sufren las personas negras en Estados Unidos. Esto es, que las voces de las personas mayas no resuenen con la misma fuerza porque no están igualmente enojadas.

Me parece que esta respuesta no es sólida. En primer lugar, es evidente que del hecho de que alguien no se muestre furioso no se sigue necesariamente que esta persona no lo esté. En segundo lugar, hay evidencias concretas de que en algunos sentidos la población maya sufre más opresión que la afroamericana. Me parece que estas evidencias son importantes pistas que podrían ayudar a responder a nuestra pregunta.

(1) Para ver por qué, empecemos considerando una importante similitud entre ambas poblaciones. Mientras que menos de 15% de la población estadounidense es negra (Black Demographics, 2018), según los resultados de la encuesta intercensal del Inegi, 65% de la población yucateca se considera maya. Alguien podría alegar que este porcentaje probablemente incluye a algunos mestizos. Pero lo cierto es que es difícil pensar que una persona se considera maya si no tiene apellidos mayas o habla maya.

Tal como ha comentado en un artículo académico Violeta Guzmán Medina, “la prevalencia de los apellidos de origen maya…vinculados al uso cotidiano de la lengua maya, nos sugieren la pertenencia a un colectivo étnico que tiene una historia y un origen común…que les ha permitido su continuidad étnica y cultural”.

En este sentido, de acuerdo con el artículo citado, 50% de la población del estado tiene algún apellido maya. Además, de acuerdo con la encuesta intercensal del Inegi, entre 25 y 30% de la población habla maya y entre 7 y 17% al menos la entiende; es decir, como mínimo una tercera parte de las personas que habitan en Yucatán exhibe un importante indicador de su pertenencia a la población maya. Por ende, es evidente que la población maya representa en Yucatán un porcentaje de la población muy superior al que representa la población afroamericana en Estados Unidos.

(2) Otra disimilitud, directamente derivada de la anterior, tiene que ver con la representación de estos porcentajes. En Estados Unidos, actualmente 52 de las 435 personas que ocupan su “cámara de diputados” son personas negras. Esto coincide, a grandes rasgos, con el porcentaje de población afroamericana. Pero en Yucatán, a pesar de que alrededor de 50% de la población del estado tiene algún apellido maya, menos de 10% de las personas que integran el congreso tienen estos apellidos. El gabinete de Mauricio Vila tiene 0% de integrantes con apellidos mayas. Incluso ¡Donald Trump! se vio obligado a nombrar a un integrante de su gabinete afroamericano —Ben Carson, secretario de Desarrollo Urbano—.

(3) Finalmente, en Estados Unidos alrededor de 20% de la población negra tiene un título universitario, mientras que 5% de la población maya tiene estudios de licenciatura, (INEE, 2018). Esto es importante, pues los ingresos y el acceso a posiciones directivas en el sector privado suele estar directamente relacionado con el nivel educativo alcanzado.

Esta asimetría puede verse en las cámaras empresariales, en la poca presencia de personas mayas en los medios de comunicación o en su virtual ausencia de los espacios usualmente reservados para las élites económicas.

Las personas negras en Estados Unidos tienen actualmente más oportunidades de ascenso social, de participar en la vida política, en el ámbito empresarial y en medios de comunicación que las personas mayas en Yucatán. Eso podría explicar por qué las voces de las primeras pueden retumbar y cimbrar a una sociedad, mientras que las voces de las segundas no encuentran estos espacios.

Alguien podría objetar que Yucatán ya tuvo un gobernador maya y enlistar casos de personas mayas que se ubican en posiciones de poder. Pero a ello se puede responder con una frase famosa por cierta: el plural de “anécdota” no es “datos”. Esto es, que es un error fundamental considerar que las evidencias en forma de anécdota son suficientes para probar un punto o, peor aún, que tiene el mismo valor epistémico que las evidencias en forma de datos representativos recopilados científicamente.

Conclusión

En este artículo he intentado responder a la pregunta de por qué las personas mayas en Yucatán no han “mostrado la misma ira” que las afroamericanas, si ambas son igualmente oprimidas. La respuesta a esta pregunta no es, como algunos suponen, que su “silencio” muestra que esta opresión no es comparable. Por el contrario, es justamente porque en algunos sentidos esa opresión es mayor que las voces de sus víctimas suelen no encontrar los canales para ser magnificadas y escuchadas.— Edimburgo, Reino Unido.

asalgadoborge@gmail.com

@asalgadoborge

Antonio Salgado Borge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

 

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