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Otro país, sin violencia

Que cada quien asuma su responsabilidad

Por Felipe Arizmendi Esquivel

 (*)

VER

El crimen organizado, en sus muy variadas formas, ha ido invadiendo más y más espacios. Pareciera que son ellos los que mandan y que el gobierno está rebasado y ausente.

Me resisto a creer que haya un acuerdo entre las altas autoridades federales y los capos de los diversos grupos criminales, pues este sería el peor escenario de lo que nos pueda pasar.

Muchos ciudadanos se sienten indefensos e impotentes. No se atreven a hacer denuncias formales, por el peligro de muerte que les asecha si lo hacen. Tienen que someterse a las exigencias de narcotraficantes, extorsionadores, violadores, secuestradores, ladrones y asesinos.

Las víctimas son no sólo los grandes empresarios y dueños de industrias y comercios, sino simples vendedores de mercados, dueños de pequeñas tiendas de abarrotes, de puestos de comida en la plaza, de autotransportes, de agricultores. Si no cumplen con el “cobro de piso” que arbitrariamente les imponen, les queman sus vehículos, sus comercios y restaurantes, sus casas, y los eliminan impunemente.

¡Cuántas personas han tenido que salir huyendo de sus domicilios y buscar refugio en otras partes, incluso emigrar fuera del país! ¿Dónde está la autoridad, que tiene la obligación constitucional de proteger a la ciudadanía?

Ya no vale echar siempre la culpa a gobiernos anteriores, sino asumir su propia responsabilidad. ¿En quién podemos confiar y a quién podemos acudir?

Como jerarquía de la Iglesia, no podemos eximirnos de cuestionarnos en qué hemos fallado, pues muchos delincuentes se declaran creyentes y piden sacramentos para sus hijos. Tenemos que revisar nuestras celebraciones y predicaciones, las catequesis, nuestra relación con diversos sectores de la sociedad.

PENSAR

El papa Francisco, en su visita a nuestro país en febrero de 2016, dijo a las autoridades civiles: “Un futuro esperanzador se forja en un presente de hombres y mujeres justos, honestos, capaces de empeñarse en el bien común. La experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción, el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia e incluso el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo.

“A los dirigentes de la vida social, cultural y política, les corresponde de modo especial trabajar para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino, en su familia y en todos los círculos en los que se desarrolla la sociabilidad humana, ayudándoles a un acceso efectivo a los bienes materiales y espirituales indispensables: vivienda adecuada, trabajo digno, alimento, justicia real, seguridad efectiva, un ambiente sano y de paz” (13 febrero 2016).

ACTUAR

Ante la situación de tanta violencia que se vive en el país, los obispos hicimos la opción por una iglesia comprometida con la paz y las causas sociales, con estos compromisos:

a) Incorporar la Doctrina Social de la Iglesia como un eje transversal en la formación de los agentes de pastoral, en las catequesis ordinarias y pre-sacramentales de todos los fieles cristianos.

b) Impulsar y reconstruir el sentido comunitario de nuestras comunidades, para que toda persona se involucre y participe en las causas sociales de la sociedad.

c) Dialogar y colaborar con la sociedad civil y con los organismos nacionales e internacionales para construir la paz.

d) Apoyar y acompañar las causas indígenas en el cuidado y protección de sus riquezas naturales, de su territorio y su cultura.

e) Apoyar la fundación de centros de Derechos Humanos en las comunidades cristianas, de manera que se fortalezca el Estado de derecho en nuestro país.

Asumamos cada quien lo que nos toca, para combatir la violencia no con más violencia, sino con una evangelización y una pastoral que incida en las realidades que vive el pueblo.— Toluca, Estado de México.

arizmen@cem.org.mx

Cardenal mexicano, obispo emérito de San Cristóbal las Casas, Chiapas.

 

 

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