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Para ser “vigente”

feminicida de tahdziú

Política y realidad

Ángel Antonio Aldaz Góngora (*)

Casi todo lo absurdo de nuestra conducta es resultado de imitar a aquellos a los que no podemos parecernos —Samuel Johnson (1709-1784), escritor inglés.

Una de las cosas que en cuanto a emprender molesta a muchos es el “copycat”, es decir, que alguien adopta, copia, imita, o sigue lo mismo que otra persona hace y muchas veces ya triunfa. Y esto lo vemos en todo tipo de asunto, desde la forma de vestir, un negocio, programas e incluso proyectos de gobierno; no es nada nuevo.

Por ejemplo, una vecina pone su tienda bien surtida, con la particularidad de que también ofrece algo de comida rápida y saludable, y vende productos 100% orgánicos. El negocio se va para arriba muy rápido; de pronto, a menos de 200 metros, como alguien vio que el tipo de negocio funcionó, instala el suyo de manera similar al de la creadora.

Lo mismo sucede cuando de programas se trata; alguien une el rompecabezas con elementos ya existentes y lo empaqueta para crear un proyecto que triunfa al aplicarlo en el ámbito que a usted le guste: familiar, escolar, vecinal, de grupo, etcétera.

También pasa con la moda… como ahora que la moda es reforestar, uno lo inicia y todos quieren hacerlo también. Y no digo que esté mal, al contrario, en este caso el asunto no es el objetivo o trasfondo de esta iniciativa, sino que muchos lo hacen sólo para no quedarse atrás y por vivir la actualidad en la mente de las personas, sobre todo de los jóvenes.

Y pongo un ejemplo aún más reciente. Por primera vez en México se unieron esfuerzos institucionales que apoyados por la transparencia y la rendición de cuentas buscaban fortalecer la confianza de los ciudadanos en las instituciones, en un marco de promoción de la legalidad y las buenas prácticas.

La promulgación de la Reforma Constitucional que creó el Sistema Nacional Anticorrupción representó un avance histórico para el país en la lucha contra la corrupción. Las reformas constitucionales en materia anticorrupción se publicaron en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el 27 de mayo de 2015 y son la base de toda la legislación secundaria en la materia.

El 18 de julio de 2016 se publicaron en el DOF las leyes secundarias que por fin dieron vida al Sistema Nacional Anticorrupción (SNA). Obviamente que para poner en marcha el SNA fue necesario emitir, reformar y abrogar diversos ordenamientos jurídicos.

En 2018, por necesidad legislativa en apoyo al Gobierno Federal se creó en Yucatán el Sistema Estatal Anticorrupción, un conjunto de instituciones que tienen como base, similar al sistema federal, combatir y sancionar los actos de corrupción de los servidores públicos, éstos en Yucatán.

En Mérida, tiene sus oficinas en la avenida Alemán entre las calles 5 y 5-A, donde se reciben las quejas por escrito, en comparecencia o en cualquier idioma, en caso de que se hable; por ejemplo, la lengua maya. Y hasta aquí todo está muy bien.

Si tomamos en cuenta el principio básico de los gobiernos estatal y municipal del ahorro, economizar para hacer más, algo que es por demás plausible, sorprende cómo pareciera que con el tema de “si lo hacen otros, por qué no puedo hacerlo yo también?” ahora el gobierno municipal anuncie su sistema municipal anticorrupción, cuando se supone que esta autoridad no sólo está sujeta a los sistemas federal y estatal en la materia, sino que son los regidores los obligados a vigilar, en el ámbito que les corresponde, todo lo relacionado con finanzas públicas, obras, actuación de funcionarios, etcétera.

A veces urge mantenerse en la mente de los ciudadanos a como dé lugar, pero una vez más el ahorro logrado en unas cosas se va en otras; es decir, “lo que no se va en llantos se va en suspiros”.

Hay asuntos más importantes y pendientes por hacer y ahí los regidores deberán estar atentos a cuáles son y aplicarse por atenderlos.

Y como este ejemplo hay muchos más en todos los ámbitos. Yo digo que los mejores sistemas anticorrupción son los que los mismos ciudadanos hacen al vigilar a sus autoridades. Sólo falta educarlos bien para que aprendan cómo usar las herramientas ya existentes.

Tengan por seguro que en cuanto a los habitantes de una ciudad, un estado o un país, los “copycat” salen sobrando.— Mérida, Yucatán.

angel.aldaz@megamedia.com.mx

Editor de Grupo Megamedia

 

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