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Pasión por el Salvador

Elsy Hernández S. (*)

Una mujer mexicana, seglar, casada, con 9 hijos; con una grata relación con su marido y el atento cuidado a sus hijos no consideró los deberes de su vida una limitación a su cercanía con Dios.

Las actividades propias de su condición de esposa y madre, en estrecha unión con Jesús, se fueron transformando en una ofrenda al Dios Altísimo.

El hecho natural de conocer, descubrir en la profundidad de los límites humanos el amor de Dios que asume nuestra humanidad y con efusión se ofrece al Padre Santísimo y proclama con su muerte en la Cruz el amor divino que prodiga a sus criaturas conmueve íntimamente y despierta el ansia de corresponder, aun en lo exiguo de la condición humana, una forma, una manera de expresarle a Jesús: “Aquí estoy contigo y unida a Ti me ofrezco”.

Concepción Cabrera se unió con pasión al Dios hecho hombre, Jesús, “que tanto amó al mundo que dio su vida para salvarlo del pecado”. Y es quien le confía a Conchita una misión: suscitar en la Iglesia la Espiritualidad de la Cruz en cinco obras: el Apostolado de la Cruz, Religiosas de la Cruz del Sagrado Corazón de Jesús, Alianza de Amor con el Sagrado Corazón de Jesús, Fraternidad Sacerdotal y Misioneros del Espíritu Santo.

Ser creados por un acto de amor divino nos concede una gran capacidad de amar y la vida terrena implica tener el amor de personas, familiares o no, para un desarrollo equilibrado que complemente su plenitud. Si ser amados por una persona nos produce intensa felicidad, cuánto más sería el gozo al ser conscientes del amor que el Padre Dios, a través de su Hijo Jesucristo, nos está concediendo como también hijos suyos.

La conciencia del amor filial a nosotros hizo fluir del corazón de Conchita la vehemente exclamación: “Jesús, Salvador de los hombres, ¡sálvalos, sálvalos!”.

Apostolado de la Cruz.

 

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