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Peligros de la nueva normalidad

Editorial

La Estación

Pedro Cabrera Quijano (*)

Con la nueva normalidad, la Matrix ganó terreno al mundo real. A cien días de confinamiento por la pandemia, nuestra vida descansa hoy, en gran medida, en la realidad virtual. En lo laboral, consolidó una incipiente “oficina en casa”. Los trámites administrativos y escolares se basan en los servicios digitales, pese a que fuera de las zonas urbanas es oneroso e inaccesible el servicio de internet.

La economía subsiste gracias al comercio en línea. Y las redes sociales se imponen en las relaciones personales.

Así, nos enteramos que Amazon, compañía pionera en servicios en línea en todo el mundo, se alió con la Universidad Politécnica de Yucatán para ofrecer a estudiantes y profesores programas educativos en línea mediante Amazon Web Services Educate (AWS, por sus siglas en inglés), la plataforma en la nube más utilizada, que ofrece unos 180 servicios integrales de centros de datos en el mundo.

Muchas organizaciones utilizan los servicios en la nube que ofrece AWS, cuyos principales casos de uso son respaldo de datos, recuperación de desastres, correos electrónicos, escritorios virtuales, desarrollo de software, análisis de datos y aplicaciones web. Servicios que son utilizados en distintos sectores, desde la salud y las finanzas hasta el desarrollo de videojuegos.

Encerrados en cuatro paredes, la vida se nos va frente a las pantallas de teléfonos móviles y computadoras. Ya sea por motivos laborales o por ocio, desde que despertamos hasta que dormimos pasamos muchas horas con los ojos clavados en el mundo digital. Si nos descuidamos, esa abducción nos lleva por caminos insospechados.

Por ejemplo, muchos se sumaron, sin tomar en cuenta riesgo alguno, a la moda de publicar sus fotos con FaceApp, una aplicación que cambia la apariencia haciéndote ver viejo, más joven o cambiando tu género. Los estudios para verificar el tráfico y datos que esa aplicación envían a servidores rusos no ha detectado riesgos de ciberseguridad, pero en el mundo de la inteligencia artificial debemos pensar dos veces antes de proporcionar nuestros datos biométricos, que se utilizan para funciones de reconocimiento facial en contraseñas o para fines comerciales y estadísticos.

Más grave, en las redes sociales se detectó el mes pasado una moda peligrosa: adultos se ganan la confianza de jóvenes, principalmente muchachas, con fines malintencionados. Aunque siempre han existido las relaciones entre hombres maduros y mujeres jóvenes, el auge del término “sugar daddy” contribuyó a “normalizar” entre la juventud yucateca una relación polémica por cuestiones morales y legales, que debemos afrontar por la seguridad de nuestros hijos: disfraza redes de pedofilia, trata de menores y robo de seguridad informática (tarjetas de crédito, nóminas, ahorros...).

Todo comienza cuando los menores reciben un mensaje aparentemente inofensivo. Luego, los adultos ya sea con perfiles falsos en el caso de las organizaciones criminales, o con su identidad real en el caso de pervertidos solitarios, interactúan con sus víctimas hasta ganarse su confianza. A lo largo de las conversaciones, les dicen a los menores que son ricos o incluso millonarios y que están enamorados, pero que es necesario mantener la relación en absoluto secreto, los van aislando de amigos y familiares.

Es ese contexto, este fin de semana, una niña de 14 años desapareció y motivó una Alerta Amber. Luego de casi tres días de angustia, el Día del Padre fue encontrada, pero el comunicado oficial de su hallazgo asentó que ella “salió voluntariamente del domicilio familiar” y activó un linchamiento social, pues fue encontrada con una persona de 22 años, a la que conoció en redes sociales y que fue detenido por la policía.

Se desató una ola de repudio contra “padres que descuidan a sus hijos” y “jóvenes que se escapan con el novio”. Pocos reflexionaron sobre las acciones del adulto que, con plena conciencia de sus actos, la retuvo incomunicada casi 72 horas. Cero críticas a los agresores que manipulan a las adolescentes disfrazando como cortejo, romance o amistad lo que a todas luces es un engaño con la intención de abusar de ellos.

No podemos responsabilizar a los niños de las “decisiones” que toman cuando estaba bajo la influencia de un adulto. Ellos son manipulados y, en este caso, ella no era su novia, porque a los 14 años nadie tiene una madurez plena que le permita establecer una relación sexual y afectiva sana con un adulto. De hecho, ese vínculo se tipifica como estupro en el Código Penal local.

Enseñemos a nuestros hijos a ignorar los mensajes directos de usuarios desconocidos, sin fotos de perfil o sin publicaciones recientes. Si un desconocido trata de contactarlos y les pide interactuar por otras vías, deben rechazar la invitación.

Hay maneras de habilitar la protección de las cuentas en el menú “Configuraciones” y, lo más importante: enseñarles que nunca deben compartir sus datos con desconocidos porque la nueva normalidad favorece las condiciones para que las redes del crimen organizado los atrape en la Matrix.— Mérida, Yucatán.

pedrocabreraq@hotmail.com

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