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Persecución a corruptos

 

¿Incumplimiento de promesas?

Rubén J. Bolio Pastrana (*)

Se atribuye al poeta Salvador Díaz mirón, que cuando estuvo en la cárcel escribió en una de las paredes de su celda la siguiente sentencia: “En este maldito recinto, donde impera la tristeza, no se castiga el delito, se castiga la pobreza”; de ser su autor, cuánta razón tenía el bardo al grabar esas sabias palabras, que han sido confirmadas por el actual presidente de México, cuando en su discurso de toma de posesión declaró ser partidario de la absolución y la indulgencia, proponiendo al pueblo mexicano que no haya actuación contra los funcionarios corruptos del pasado, que la presidencia se abstenga de solicitar investigaciones a los que han ocupado cargos públicos o se hayan dedicado a hacer negocios al amparo del poder en el período neoliberal, sin que se avizore, al menos por ahora, una modificación de este sentir externado al inicio de su mandato.

¡Qué decepción! siendo candidato estuvo divulgando como lema de campaña que nuestra patria quedó en el más abyecto de los desastres, debido precisamente a ese comportamiento plagado de pillaje, aliado a la impunidad de que gozaron los delincuentes de cuello blanco y a la pasividad — léase complicidad— de las autoridades que les permitieron el mayúsculo saqueo de nuestros caudales monetarios en detrimento de la economía de la mayoría de los ciudadanos, cada vez más pobres, aumentando el caudal de aquellos que cotidianamente se enriquecieron en un descarado contubernio con políticos sin escrúpulos.

Cambio

Por eso muchos alegan que el titular del Ejecutivo Federal se ha convertido ahora en un encubridor de quienes vaciaron las arcas de la nación; sencillamente no les enjuiciará bajo el enmascarado argumento de que no quiere venganza ¡cómo se equivoca, con dolo o sin él, nuestro nuevo mandatario!

No se trata de revancha, es justicia, si como ocupante de la primera magistratura de esta maltrecha república no la hace valer demuestra que nada de lo que predicó para escalar el cargo que detenta fue vertido con sinceridad, sino únicamente demagogia para sentarse en la silla presidencial.

Dice el refrán que para ser buen cura hay que creer en lo que se pregona, esto aplica igualmente para los servidores públicos, especialmente para los de alta jerarquía, no es factible confiar en quien proclama la pureza pero brinda protección a los impuros. Sinceramente, haciendo uso de la libertad de expresión —si no es que la perdemos pronto— me consta que muchísimos han dejado en el camino la fe que guardaban el uno de julio del año recién fenecido, después de la jornada electoral, con solamente advertir la presencia de sujetos cuyos antecedentes son un paradigma de deshonestidad, que de una forma u otra integran parte del equipo de colaboradores, o están aliados al gobierno nacional.

Consulta

Cabe mencionar igualmente que el tema de someter a consulta para que el pueblo considere y decida si se ejerce o no la acción persecutoria en contra de exmandatarios no es sustentable jurídicamente, ya que si institucionalmente se prevé cómo se debe proceder en fundadas sospechas de latrocinio, no es posible que la Constitución se vulnere, se le rezague en el olvido y se dote a un número de personas, que desde luego no representa toda la sociedad civil, la prerrogativa de dictaminar la suerte que debe destinarse a los presuntos encausados; es algo así como en la antigua Roma, cuando la vida del gladiador vencido en el circo, dependía de la respuesta que los asistentes al espectáculo daban al emperador; dedo pulgar hacia arriba, igual a perdón, pulgar hacia abajo sinónimo de muerte.

Un antecedente lo constituye la cancelación del aeropuerto de Texcoco, con una votación a favor de setecientas mil personas del millón que participó, carentes de la información básica para resolver con acierto, lo cual si somos más de cien millones de habitantes no es viable decir que esa es la voluntad popular, toda vez que proporcionalmente es un mínimo de gente, lo que revela que no se puede dejar al arbitrio de los votantes si se procesa o no a persona alguna, puesto que para eso ya existen instituciones que norman el procedimiento a seguir, que no es factible evadir solamente porque así lo juzgó parte de la población.

El pueblo ya hizo uso de su soberanía impresa en el artículo 39 de la Carta Magna cuando eligió a sus gobernantes, siendo así que éstos deben respetar las normas que rigen de antemano lo establecido para llevar a puerto seguro su administración, puesto que precisamente en eso consiste la función de gobernar y no la ocurrencia de trasladar ese privilegio a un imaginario plebiscito que lo sustituya.

¿Émulo de Robespierre?

Nos relatan las crónicas que Maximilien Robespierre, abogado, escritor, orador y político francés, apodado “El Incorruptible”, fue uno de los más prominentes líderes de la Revolución Francesa, entre 1793 y 1794 acaudilló el denominado “Reino del Terror”, durante el cual gobernó Francia en forma autocrática, sumiendo al país en una incertidumbre generalizada, presentándose como un individuo firme , autoritario y decidido a purificar su país de cualquier opositor a la Revolución, llegando a justificar en su defensa el uso de la pena de muerte a la que tanto se había opuesto en el pasado.

Definitivamente yo no creo en lo que los detractores de AMLO opinan acerca de abanderar un gobierno hasta llegar a esos extremos, pero hay ciertas situaciones que censuran el estado de derecho, como por ejemplo reducir en las entidades norteñas el IVA al 8% y el ISR, el 20% pues la ley debe de reunir tres condiciones primordiales, como la generalidad, tender al bien común y su obligatoriedad y en este caso, la disminución de esos impuestos parece destruir el carácter de generalidad de la normatividad respectiva, pues no hay una razón fundamental para que se discrimine a la mayoría de los estados en la rebaja y se estimule a otros con exenciones, cuando entre ellos existen algunos que tienen un índice económico mayor que los demás, siendo entonces injusto que en Yucatán, por ejemplo, se continué con el 16% del IVA y el 30% del ISR, cuando nuestro estado no es precisamente un emporio de riqueza, lo que conlleva a un atentado al escenario de la igualdad sociopolítica que debe reinar en la república.

¡Qué lástima, el paisaje se torna borroso si no se aclara el manto de la oscuridad cubrirá la esperanza de todos los mexicanos!— Mérida, Yucatán

rbolionot56@hotmail.com

Abogado. Notario público

 

¿El ogro caprichoso?

La razón pura