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Petrópolis

Foto: Megamedia

Por: Franck Fernández (*)

Conocidos son los trastornos que causó Napoleón con sus invasiones por toda Europa. Portugal, que siempre ha estado muy vinculada a Inglaterra y no solo por el hecho de compartir el mismo huso horario, era uno de los países que Napoleón quería conquistar en la medida en que los portugueses se negaban a participar en el bloqueo económico naval que Napoleón había impuesto a Inglaterra con el fin de doblegarla. Es por ese motivo que pidieron permiso al rey español para que sus tropas atravesaran su territorio, dejando de paso en el trono de la Madre Patria a su hermano José, al que el pueblo español le puso el apodo de “Pepe Botella” por la afición que dicen que tenía este personaje a “levantar el codo”.
Cuando el rey Juan VI de Portugal supo que se acercaban las tropas napoleónicas a su país, decidió trasladarse con su familia y toda la corte allende el mar, a la muy rica colonia de Brasil, estableciéndose en su capital, Río de Janeiro.

Después de que Napoleón fuera definitivamente derrotado en 1815 en la batalla de Waterloo, el rey portugués decide regresar a su país dejando en tierras brasileñas como regente a su hijo, el Infante Pedro.

La mayor parte de las prebendas económicas que había tenido Brasil cuando vivía en Río la familia real fueron revocadas hacia 1820, lo que hizo que su hijo Pedro proclamara la independencia de estas tierras de la corona portuguesa y de la tutela de su padre, en septiembre de 1822. Este hecho los brasileños lo recuerdan con el nombre de Grito de Ipiranga. Ese es el nombre del lugar donde se encontraba Pedro al conocer la decisión de su padre el rey. Con el Grito de Ipiranga de “Independencia o Muerte”, Pedro asumió la dirigencia del país y de inmediato se proclamó primer emperador del Brasil bajo el título de Pedro I de Brasil.

El título de emperador no fue escogido al azar. En primer lugar lo hizo para diferenciarse del título que llevaba su padre que era el del rey y, en segundo lugar, se inspiraba en Napoleón en quien reconocía, a pesar de todos los pesares, su grandeza.

A la muerte del rey Juan VI, Pedro I es llamado a Portugal para ocupar el trono de su padre. Entonces su hijo es entronizado como Pedro II, emperador de Brasil, a la edad siete años. Fue un personaje muy querido en Brasil, al que llevó a un elevado grado de desarrollo. Pedro II gobernó hasta 1889, año en que fue depuesto a pesar de estar en la cúspide de las simpatías de su pueblo.

Fue necesario construir una carretera desde Río de Janeiro hasta el estado actual de Minas Gerais, pues en éste se encontraban las principales minas de oro que sustentaban la riqueza del país. Una vez que el emperador Pedro I realizaba el viaje entre su capital y Minas Gerais pasó por una zona de especial belleza, en las montañas, y de inmediato decidió construir allí una residencia de verano. Ya los reyes de Europa tenían sus respectivos palacios de verano y el emperador de Brasil no podía ser menos, pero su abrupto viaje a Portugal hizo que se abandonara ese proyecto. Fue su hijo, Pedro II, quien llevó a buen puerto los deseos de su padre. Así fue fundada la ciudad de Petrópolis, en honor a su fundador.

Primero se construyó el Palacio Imperial, al que siguieron construcciones administrativas, universidades, instituciones, una catedral. Después siguieron las residencias de verano de los notables y nobles de Río de Janeiro que deseaban estar cerca de su emperador. Para darle un mejor aire europeo a la pequeña ciudad se trajeron colonos de la lejana Renania, en Alemania, para que construyeran una ciudad en el estilo de su tierra natal.

Ya con la vida republicana de Brasil, la cercanía de Petrópolis con la cosmopolita Río de Janeiro hizo que la ciudad continuara su desarrollo, beneficiándose del benigno clima de la montaña respecto a los calores de Río durante el verano. En los años 1920 se construyó una carretera entre las dos ciudades para las necesidades de los automóviles que se imponían a los carros tirados por caballos.

Importantes personajes de la historia establecieron su residencia en Petrópolis. Uno de ellos fue Santos Dumont, primer piloto de una nave más pesada que el viento y que mostró su hazaña delante de cientos de personas en los jardines de Bagatelle en París, y el novelista alemán Stefan Sweig, que se estableció en Petrópolis obligado a abandonar su Alemania natal con la llegada de Hitler. Fue en esta ciudad que el novelista alemán falleció en un pacto suicida con su segunda esposa, Lotte, decepcionado de la vida y del destino de su patria.

Si va a Brasil y pasa por Río no deje de visitar esta hermosa pequeña ciudad, a tan solo una hora de carretera de la ciudad carioca, donde aún se respira el ambiente nostálgico de la época imperial de Brasil.

(*) Traductor e intérprete; correo electrónico:  altus@sureste.com

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