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Política y cosas peores

Catón

¡Clap clap clap! ¡Clap clap clap! ¿A quién van dedicados esos dos aplausos, tributados con ambas manos para mayor efecto?

Los envío a Andrés Manuel López Obrador. El primero reconoce la forma enérgica, pero al mismo tiempo razonable y justa, con que el Presidente reaccionó ante la torpe embestida de que fue objeto de empleados municipales potosinos, en cuyo problema él no tenía nada que ver.

He dicho muchas veces —245 para ser exacto— que López Obrador es el mandatario que más cerca ha estado de la gente en toda nuestra historia.

Los tales manifestantes potosinos se valieron de la facilidad con que se puede abordar ahora al Presidente, a quien no rodean ya militares del Estado Mayor ni guaruras, y prácticamente lo asaltaron.

AMLO no se dejó intimidar por eso, ni actuó en modo políticamente correcto. Puso en su lugar a los abusivos agresores, que al final hubieron de disculparse por su grosera acción. Bien por López Obrador.

El segundo aplauso se lo envío por la acertada designación que hizo en la persona de Marcos Bucio, hombre institucional, profundo conocedor de la administración pública. Será un colaborador de excepcionales méritos en la tarea educativa que lleva al cabo Esteban Moctezuma. Enhorabuena.

Huída

“¡Huyamos! —le dijo con alarma el lugareño al viajero que recién había llegado al pueblo—. ¡Ahí viene el Mochahuevos!” “¿Quién es ése?” —preguntó el forastero al tiempo que emprendía la carrera junto al tipo de la localidad. Respondió el otro, que escapaba a toda la velocidad que le permitían sus piernas: “Es un loco furioso que persigue exclusivamente a los varones. Al que tiene tres testículos se los corta con un tajo de su filosísimo machete”.

Opinó el fuereño: “Entonces no tiene caso que corramos. Yo tengo dos, y supongo que tú también”. “Así es —respondió el otro—. Pero corramos de cualquier manera. El Mochahuevos primero corta y después cuenta”…

Babalucas estaba leyendo el periódico. Su esposa le preguntó. “¿Qué fecha es hoy?” Respondió el tontiloco: “No lo sé”. Sugirió la señora: “Mira la fecha en el periódico”. “De nada servirá —repuso Babalucas—. Es el de ayer”…

Romántico

Endecho, romántico galán, fue en automóvil con su novia Crisantena al solitario y penumbroso sitio llamado El Ensalivadero, lugar al que acudían por la noche las parejas en trance de pasión. En el asiento trasero del automóvil Endecho dio libre curso a su libídine, y con irrefrenables ansias acarició vehemente a su dulcinea.

Quiso expresarle su amor, pero se lo impidió lo urente del momento. Exclamó entonces lleno de emoción: “¡No encuentro palabras!” Le indicó Crisantena: “Y ahí donde tienes la mano menos las vas a encontrar”.— Saltillo, Coahuila.

 

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