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Port Royal

Editorial

Franck Fernández Estrada (*)

El Mar Caribe, ése de las bellas playas de arenas blancas, el de las hermosas aguas azul turquesa, también es lugar de loca actividad de la naturaleza. Por mucho que nos cueste creer, es una zona de importante actividad telúrica, puesto que hay dos bloques que chocan entre sí, el bloque de América del Norte con el bloque del Caribe.

Este impacto provoca la existencia de volcanes (como es el caso del Mont Pelé en la isla de Martinica) o terremotos como del que les quiero hablar hoy.

Como si todo esto fuera poco, también debo recordarles que en esta zona violentos y frecuentes ciclones pueden ser realmente desbastadores. Una isla que es afectada por los ciclones es la isla de Jamaica, pero lamentablemente los ciclones no son el único trastorno natural que esta isla vive. Tanto al norte como al sur de la isla de Jamaica hay dos fallas tectónicas. También les quiero recordar que entre Jamaica y el oriente de la isla de Cuba existe una de las fosas marinas más profundas del mundo, la fosa de Batlett.

Pero para la historia que les quiero contar hoy debemos remitirnos al año 1509, cuando los españoles fundaron la ciudad de Puerto Real. El lugar escogido fue un estrecho brazo de tierra de varios kilómetros de longitud, fundamentalmente formado de arena. Este brazo de arena protege el sur de la gran bahía de Kingston de los embates del Mar Caribe. Más adelante, los ingleses conquistaron Jamaica expulsando de ella definitivamente a los españoles.

Entre los años 1655 y 1660 se declaró una guerra, una de las muy frecuentes guerras, entre España e Inglaterra. El gobernador de Jamaica, consciente que era de que tenía pocos militares en la isla que la pudieran defender ante una eventual invasión española, tuvo la muy mala idea de pedirle a piratas, corsarios y bucaneros que se asentaran en el sur de la ciudad de Kingston, en Port Royal.

La bahía de Kingston tiene la peculiaridad de ser una bahía muy amplia que puede dar abrigo a muchos barcos al mismo tiempo. Fue precisamente en el extremo de este brazo de tierra arenosa donde se encontraba el pequeño asentamiento de Port Royal donde se establecieron estos malhechores. De la misma forma en que el bien atrae el bien, el mal atrae el mal y, al lado de toda esta crápula humana vinieron a establecerse en la ciudad prostitutas, borrachos y todo tipo de gente de bajos fondos.

Fruto del saqueo a las ciudades costeras y a los barcos españoles que transportaban las riquezas de América en camino a Europa, estos piratas obtenían enormes ganancias que despilfarraban con la misma facilidad que las ganaban robando, saqueando y asesinando. Todas estas personas de mal vivir, con una escasa educación, no sabían qué hacer con estas grandes cantidades de dinero, por lo que se lo gastaban en borracheras, parrandas interminables y chicas de mal vivir. Había personas que venían de Europa con la única intención de hacer rápida fortuna en Port Royal. Muy pronto comenzaron a construirse edificios de ladrillos. También se establecieron varias tabernas y albergues de poca monta. Dos joyeros abrieron sus respectivas tiendas para hacer su agosto con las joyas fruto de los robos de los piratas. Había mayor circulación de dinero que en la propia Londres y la ciudad era más grande que Boston, la principal ciudad de asentamiento de colonos británicos en el Nuevo Mundo.

El acuerdo tácito entre el gobernador británico de Jamaica y los piratas era que ellos podían permanecer en esa zona de la isla a cambio de protección ante un eventual ataque de las tropas españolas… y la cuarta parte de las ganancias de sus robos para Inglaterra. El detalle es que toda esta actividad fue generando una clase social elevada que de alguna manera quería hacerse distinguir de los ladrones de baja calaña y todo lo que sucedía en Port Royal les desagradaba. A pesar de haber hecho fortuna con los pobladores de Port Royal, su forma de vivir comenzaba a molestarlos. La fama que tenía esta ciudad era la de la nueva Sodoma y Gomorra, la ciudad de todos los vicios, el centro de pudrición más importante del Nuevo Mundo. Hasta tal punto llegaba el desenfreno en este lugar.

Pronto llegó lo que las personas de esa época vieron como un castigo divino. Ésa fue la mañana del 7 de junio de 1692. Ese día comenzó como todos los demás. Una hermosa mañana, con un despejado cielo azul y el agua de mar límpida y transparente a pocos pasos de la ciudad. Algunos habían comenzado sus actividades diarias cuando, pasadas las 11 de la mañana, un ruido ensordecedor alertó a los habitantes de la ciudad de que algo estaba sucediendo. De inmediato se dieron cuenta que era un terremoto. Las construcciones de ladrillo de dos y tres pisos de altura comenzaron a caer atrapando en sus escombros a muchos desafortunados. Al poco rato algunos lograron ver cómo el mar se retiraba de su posición habitual dando lugar a un enorme tsunami que cubrió las dos terceras partes de la ciudad. Al retirarse el mar se llevaba consigo a sus víctimas.

Como si fuera poco, la tierra sobre la que se había fundado la ciudad era arenosa y, al contacto con el agua, se convirtió en un pantanal que se tragó lo poco que había quedado en pie. En 1704 hubo un gran incendio que le dio el golpe de gracia a lo que había quedado de Port Royal. Como si todas estas tragedias no fueran suficientes, violentos huracanes acabaron su trabajo.

Hoy en día, en lo que quedó de la otrora rica, bulliciosa y pecaminosa Port Royal solo existe una pequeña aldea de pescadores conscientes de la historia del lugar y de que ellos también pueden correr el mismo destino que los anteriores habitantes. Debido a la rapidez de los sucesos de ese 7 de junio de 1692 y al hecho de que las construcciones fueron tragadas por la arena, en esa zona y a pocos metros bajo el nivel del mar hay una gran cantidad de vestigios arqueológicos donde se puede estudiar, como si hubiera sido congelado en el tiempo, el modo de vida de los habitantes de Port Royal en el momento del gran terremoto. Algunos llaman a Port Royal la Pompeya del Nuevo Mundo.

A raíz de todos estos acontecimientos, las actividades comerciales se establecieron fundamentalmente en Kingston, que hoy en día es la capital del país. Jamaica es un importante destino turístico gracias al agradable clima y las límpidas y cristalinas aguas caribeñas que la rodean... siempre y cuando no haya ciclón, terremoto ni tsunami.

Traductor, intérprete, filólogo.

 

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