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Princesas o mujeres sin cuentos

Editorial

Acento de Mujer

Por Lourdes Casares de Félix (*)

 

 

 

No sé si sepas, pero el domingo pasado se celebró el Día Internacional de la Niña. ¿Por qué de la niña y no del niño? En esta fecha se desea hacer evidente la situación de las niñas y adolescentes con el objeto de generar oportunidades que garanticen su pleno desarrollo.

Actualmente en México el 49% de la población femenina entre 0 y 17 años se encuentra en condiciones de pobreza; el estigma social de la menstruación y la carencia de instalaciones y material sanitario adecuado hacen que las chicas se queden en casa sin asistir a la escuela cuando tienen su periodo. Son más propensas a ser víctimas de abuso sexual y violación, ya que la mitad de las personas desaparecidas entre los 0 y 17 años son mujeres adolescentes entre los 12 y 17 años; las niñas abandonan la escuela a medida que avanzan niveles educativos.

Aunque falta mucho por hacer, los esfuerzos realizados han logrado que muchas niñas rompan las limitantes de los estereotipos para salir de la exclusión. Ellas pueden lograr todo lo que se propongan y no deben ser menospreciadas por su sexo. La educación que reciben desde que nacen juega un papel muy importante para afrontar su futuro, tener seguridad y una sana autoestima que les permita lograr sus sueños.

No voy a remontarme a mi infancia en la que éramos educadas según usos y costumbres de lo que debía ser una mujer, pero sí mencionaré a las chicas de los 90 que crecieron con la influencia de Disney anhelando ser princesas. El reto era ser linda, sumisa, dulce, obediente, y además de otras muchas cualidades había que esperar ser rescatada por un príncipe.

Afortunadamente luego vino Mulán, Rapunzel, Tiana, Mérida y Elsa, quienes fueron rompiendo con esos estereotipos que limitaban el desarrollo personal mostrándose valientes, luchadoras, decididas, fuertes, llenas de confianza y con metas propias. Estas características son las que se requieren hoy en día para que las niñas logren tener un proyecto de vida que les dé autonomía y las aleje de la pobreza.

Las niñas necesitan conocer casos de éxito de jóvenes de la vida real tal como es la historia de Malala, defensora de la educación de niñas y mujeres que sufrió un atentado a sus 15 años por querer estudiar. Es ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2014 a sus 17 años. Una de sus famosas frases es: “La educación es un poder para las mujeres y por ello los terroristas no quieren que una mujer se eduque, porque entonces esa mujer sería más poderosa”.

Además del mundo fantástico de las princesas, las niñas deben tener modelos inspiradores contemporáneos. Zury Tlapanco, con tan solo ocho años de edad, logró resolver un total de 70 problemas matemáticos sin errores en un tiempo de cinco minutos en 2019.

El Día de la Niña impulsa las voces de este sector para que sean escuchadas y sus derechos sean garantizados.— León, Guanajuato.

Activista y escritora

 

 

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