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Prohibido prohibir: AMLO y la libertad

Filiberto Pinelo Sansores
Editorial de Filiberto Pinelo Sansores

Filiberto Pinelo Sansores (*)

Los adversarios de la 4T andan desesperados porque a pesar de su intensa campaña en contra de su líder, el presidente López Obrador, para desprestigiarlo no lo consiguen y éste sigue contando con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo. Y es que las mentiras en torno a su conducta y la tergiversación de hechos en torno a la de personas que tienen vínculos con él no logran su objetivo, simplemente, porque no se compaginan con la realidad.

Sigue firme en la ruta que se ha trazado para transformar la vida del país caracterizada por la desigualdad, la pobreza, los altos índices de corrupción, el atraso en campos tan sensibles, como la educación y la salud, y la vieja endemia de la inseguridad, sin que los intereses que se oponen a ello logren detenerlo. A su alrededor caen los misiles que le lanzan, confeccionados con inventos o suposiciones, que revientan como pompas de jabón, pues lo único que consiguen es causar risa no sólo por lo inofensivos que resultan sino por los efectos que consiguen, contrarios a los que buscan.

Ejemplos, el del hijo del presidente, que vacaciona en un lugar de California con su esposa y al que se critica no se sabe si porque un “naco” no puede pisar lugares del mundo reservados para gente “chic” o porque su padre pregona vivir con austeridad y el hijo gasta dinero en “lujos”; o el del constante insistir en que el suyo es un gobierno represivo y militarizado porque los militares en vez de perder el tiempo en los cuarteles construyen aeropuertos, vías de ferrocarril, desazolvan ríos, limpian playas, etc., y ayudan a combatir a la delincuencia dentro de los marcos constitucionales, a diferencia de cuando eran utilizados para reprimir y violar derechos humanos.

Y como estos, muchos otros temas son utilizados para intentar desgastarlo y, lo más importante —para sus adversarios—, frenar su propósito de transformar al país y que éste salga de la situación en que lo dejaron decenas de años de gobiernos —al servicio de minorías— que lo devastaron. Nada de lo que hace, aunque sea obvio que lo esté haciendo bien, como la vacunación, les parece a quienes se beneficiaron con las políticas de antaño: los pocos que controlaban el poder y sus círculos más cercanos, incluyendo a sus caros propagandistas.

Pretenden que los ataques diarios a su gobierno o a su persona no tengan respuesta y por eso se quejan cuando, tomando el toro por los cuernos, responde a los infundios o a las distorsiones con argumentos que buscan poner las cosas en su lugar haciendo uso de un elemental derecho que tenemos todos los seres libres no sólo de México sino del mundo: el de réplica, que es parte de la libertad de expresión. Es mil veces preferible un gobierno que hable, que no se queda callado, que aclare y dé cuenta de lo que hace o deja de hacer, a la vez que permite que lo critiquen —sin reprimir a quienes lo hacen— que uno que no responda de palabra, pero que cometa los atropellos más viles, como en el pasado ocurría, mandando a callar periodistas.

En todos los casos, las palabras del presidente referidas a algún medio o periodista, han sido en respuesta a expresiones previas de aquel medio o periodista, que contienen elementos que pueden considerarse como infundios, sobre su gobierno o su persona. Nunca sus respuestas han sido gratuitas, es decir, manifestaciones hechas sin que el medio o el periodista de que se trate, se hayan referido a él denostándolo o atribuyéndole, a él o a su gobierno, hechos que considera mancillan su dignidad. Exigir que se quede callado es pretender que lo acribillen impunemente, porque no son uno ni dos los que a diario tratan de llenarlo de lodo, sino decenas quienes lo intentan.

Nunca un presidente había sido tan injuriado y calumniado como Andrés Manuel López Obrador. No sólo en la prensa, la radio, la televisión y las redes, se dan estos hechos. En alguna ocasión, fue insultado por un grupo de personas al descender de una aeronave; sin embargo, ningún periodista o medio ha sufrido el más mínimo intento de represión por atacarlo. Puede afirmarse con toda convicción que jamás en la vida de nuestro país había habido más libertad de expresión que la que hoy existe en México. En el pasado eran pocos los periodistas que se atrevían a enfrentarse a un presidente.

Quienes lo intentaron pagaron cara su osadía. José Gutiérrez Vivó fue prácticamente expulsado de la radio y del país por Felipe Calderón, este prócer que hoy apoya, mediante tuiters, la “libertad de expresión” para atacar a AMLO; Carmen Aristegui, fue despojada del micrófono por Peña Nieto por revelar la existencia de su Casa Blanca. En cambio hoy existen libertades plenas. Cualquiera puede decir barbaridades del presidente y hacerlo sin temor a la represalia. Empero, si existe esta libertad, mala leche hay en quienes apenas el presidente se defiende respondiendo a los ataques de que es objeto ponen el grito en el cielo diciendo que está maltratando a la prensa.

Claro, tiene la fortuna de tener a su disposición una trinchera de la información, sus “conferencias mañaneras”, que le permiten expresar su verdad ante la nación para que la sociedad coteje lo que él dice y lo que le dicen y ponga a cada quien en su lugar. Si no fuera por esto, ya estaría en la lona. Ya hubiera sido crucificado y la derecha estuviera feliz por haber en poco tiempo logrado lo que se propone: poner punto final a un gobierno que está favoreciendo a las grandes mayorías a diferencia del pasado cuando los gobiernos favorecían a unos cuantos y en que la corrupción era la palanca para lograrlo.

“Prohibido prohibir” es la consigna de este gobierno en materia de libertades. Se trata de una nueva forma de gobernar que se caracteriza por cero represión, libertades de manifestación y de expresión, particularmente, de prensa, plenas. Muy lejos de las acusaciones sin fundamento de autoritarismo y de imposición de la voluntad de un solo hombre, que le endilgan sus adversarios porque no se deja y no traiciona el mandato de las urnas.— Mérida, Yucatán.

fipica@prodigy.net.mx

Maestro en Español. Especialista en política y gestión educativa

 

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