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¿Quiénes están tras bambalinas de las políticas antinatalistas?

Foto: Megamedia

Raúl Espinoza Aguilera (*)

Desde los años 50, el gobierno de Estados Unidos, la fundación Rockefeller y la Organización de las Naciones Unidas (a través de su dependencia, la Organización Mundial de la Salud: OMS) formaron un trinomio para enfilar sus baterías contra el desarrollo demográfico, en particular, el de América Latina.

¿Por qué? Por la ambición de tener mayor dominio político en todo el continente e instaurar un “neocolonialismo demográfico”. ¿En qué consiste? En que también les interesan nuestras selvas, ríos, vastos yacimientos de minerales, de petróleo, etc.

“¡América para los americanos!”, decía la doctrina del Presidente James Monroe (1758-1831). Y es interesante ver la fecha en que esta célebre frase fue pronunciada, ¡siglo XVIII y principios del XIX! Desde entonces, Estados Unidos se ha dedicado a saquear a México y a todo un indefenso continente.

El mismo presidente Teodoro Roosevelt (1858-1919) repitió muchas veces esta funesta frase e intervino en la guerra para despojar a España de Cuba en una injusta y dispar confrontación bélica. También a los españoles les arrebataron Puerto Rico y Filipinas.

El mismo Roosevelt mandó construir el Canal de Panamá —inaugurado en 1914— que era una imperiosa necesidad para el tráfico marítimo, pero políticamente era un punto estratégico para que USA tuviera y siga teniendo una zona de gran influencia económica, política y social.

La pregunta que flota en el aire es, ¿y por qué el país más poderoso de la tierra mantiene esa extraña política de animadversión en contra del resto de las naciones del continente?

Es verdad que algunos ex presidentes, políticos, fundaciones e insignes personalidades han ayudado mucho en otras décadas. Ahora mismo recuerdo, que durante el mandato del presidente John F. Kennedy se lanzó la “Alianza para el Progreso de las Américas” en un intento por potenciar y fortalecer las economías regionales de cada zona del continente.

Pero en noviembre de 1963, Kennedy fue asesinado y esas políticas fueron canceladas, olvidadas y archivadas. No recuerdo a ningún otro Primer Mandatario Norteamericano que haya propuesto y dado continuidad a los planes y proyectos de Kennedy de impulsar las economías regionales de América Latina.

Porque el presidente Donald Trump continuamente se queja del flujo migratorio de miles de ciudadanos hacia USA pero no se ha reunido con los poderosos de las economías mundiales a plantear soluciones factibles y realistas para ayudar e impulsar el resto de las economías de los países del llamado “Tercer Mundo”.

Mucha de la explicación de fondo es que existe una fuerte discriminación racial y socioeconómica. A los poderosos les agobia que nuestra población mestiza —en su mayoría— crezca demasiado en el continente y sea más difícil sojuzgarla e imponer sus políticas antinatalistas y que se salgan de su férreo control político y económico.

A principios de los años 70, se dio a conocer “El Informe de Henry Kissinger”, quien entonces era Secretario de Estado del presidente norteamericano Richard Nixon, y en su extenso estudio consideró, como seria amenaza para los intereses mundiales, el crecimiento poblacional de los llamados países del Tercer Mundo debido a que se estaban acabando los recursos naturales del planeta y éstos, de modo prioritario, se deberían de conservar y mantener por el bien económico de los países altamente desarrollados.

También existe la tendencia a mantener a los pobladores de nuestro continente en un estado de subdesarrollo intelectual, para que se guíen más bien por sus instintos sexuales y sus pasiones, así tenerlos más fácilmente controlados. “Consumir desfasadamente es sinónimo de felicidad”, parecen decir los que proponen toda esta cultura hedonista.

Todo ello, aunado a los desórdenes sexuales, las drogas, el alcohol, la eutanasia, la pérdida de valores trascendentes; en la que parece no existir la razón sino sólo la pasión o el goce efímero, en que se dice: “¡esto se me antoja y lo quiero consumir, ahora mismo y luego lo desecho con desprecio!”.

Es decir, se pretende forjar a una sociedad embrutecida por sus pasiones e instintos, para efectos lucrativos (siempre hay quienes, de forma discreta o descarada, se enriquecen a costa de los demás) y porque así resulta más sencillo instrumentalizar y manipular a las masas.

Licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la UNAM y maestro en Comunicación por la Universidad de Navarra

 

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