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Rafael J. Ramos Vázquez: “El Pana”, gitano del toreo mexicano

Rodolfo Rodríguez

Punto de Vista... toros

La fiesta brava ha tenido todo tipo de figuras; unos destacan por su arte, otros por su valor y algunos por su originalidad. Hoy, el artículo se centra en un torero que fue todo un personaje. Se distinguió no tanto por su arte sino por su extravagancia, su picardía, algo común en los mexicanos.

Rodolfo Rodríguez González nació en Apizaco, un municipio de Tlaxcala. Tuvo una infancia difícil, en su juventud fue rebelde y de adulto, problemas con el alcohol le llevaron a pisar la cárcel. Realizó todo tipo de trabajos, incluso fue sepulturero. Laboró varios años como panadero, de donde le viene el mote taurino de “Pana”. Alguien le dijo que ser torero le traería fama y dinero. Con eso en mente, encaminó sus pasos hacia ese objetivo. En Tlaxcala, tierra de toros, es normal ver a un joven querer ser torero. Era uno más.

Se lanzó de espontáneo en varias plazas, hasta que consiguió la oportunidad de vestir traje de luces. Recibió la alternativa de manos de Mariano Ramos, actuando como testigo Curro Leal, estoqueando a su primer toro llamado “Mexicano”. Ya doctorado usó coleta de torero antiguo, es decir original de su cabello, y tenía todo tipo de excentricidades, como partir plaza con un puro en la boca, hacer el paseíllo con guantes blancos y lucir un sarape como capote de paseo, o entrar a la arena en las famosas calandrias, carretas tiradas por caballos. Como buen gitano, tenía gracia para ganarse a la gente, igual que fue un torero bohemio, carismático y muy controvertido. Tenía el cariño y admiración de las multitudes.

De su paso por los ruedos diré que, en general, fue una figura controvertida, con pinceladas de un arte muy especial, no era bueno a la hora de matar, y eso le impidió redondear faenas. Muchos apéndices se le escaparon al momento de usar el acero, lo mismo cortaba orejas que regresaban sus toros vivos al corral, después de tremendo escándalo.

Fue un torero que la gente amaba o repudiaba, pero no podía ser indiferente. Le negaban oportunidades de lidiar en la Plaza México y, cuando finalmente se la dieron, ocurrió el milagro: ante “Rey Mago”, de Garfias, hizo la faena de su vida y el torero que fue a despedirse de Insurgentes salió lanzado a un estrellato que añoraba, como una resurrección, lloviéndole contratos en todas las plazas. La fecha, 7 de enero de 2007, es un parteaguas en su vida.

Es creador de varias suertes en los tres tercios como, “La Adelita”, “La Rodolfina”, “La Tlaxcalteca”, “La Rielera”, todo muy a un estilo particular del bien llamado “Brujo de Apizaco”. Él se jactaba de ser un obrero del arte de Cúchares y que el burel no era su enemigo sino un compañero de profesión. El último toro que estoqueó se llamó “Obrero” y el astado que le produjo las lesiones mortales tenía por nombre “Pan francés”. Ironías de la vida.

Su tragedia en una plaza de Durango. Él decía que uno de sus anhelos era morir en el ruedo y el destino se lo cumplió a medias. A los 64 años, ya mermado de facultades físicas, la tarde trágica llegó. “El Pana” cerca de tablas, capote en mano, cita al astado, que viene directo hacia el engaño y simplemente lo golpea, sin empitonarlo, y sigue su camino sin hacer por el espada. El torero vuela por los aires, cae de frente y de cabeza en la arena, sufriendo lesiones en las vértebras cervicales. No hay sangre en la arena. En la enfermería, después de valorar la gravedad del traumatismo, deciden trasladarlo al hospital.

Se diagnosticó que, como consecuencia de la lesión, quedaría tetrapléjico. El matador permaneció entubado y conectado a un respirador, pidiendo lo dejen morir. Falleció un mes después del percance, de neumonía. Analizando el suceso, la tragedia de Rodolfo Rodríguez fue un error de cálculo, porque era un pase sencillo que no revestía peligro, pero los años, los reflejos lentos y las facultades mermadas, hicieron lo suyo. Con esos antecedentes, la fatalidad tarde o temprano llegaría a un torero original, un romántico de la fiesta brava. Y como dice el refrán: genio y figura, hasta la sepultura.

*Abogado y empresario.

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