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Raúl Casares G. Cantón, el entrepreneur

Don Raúl Casares G. Cantón (en medio)

Un talento privilegiado para las relaciones humanas

Gonzalo Navarrete Muñoz (*)

Descansó Raúl Casares G. Cantón. Sí, así es: la vida es hermosa porque tiene final. Aun en el caso de Raúl, que tuvo una vida muy excepcional.

Empresario de éxito, protagonista de la vida pública, apasionado del arte y la cultura —quizás su caso sea único en la historia moderna de Yucatán—, filántropo de gran alcance: le debemos Alborada, la institución que lucha en el sur de la ciudad de Mérida por la superación de los jóvenes y en ese sentido contra el delito y la drogadicción. Se sostiene que por cada Oratorio, así se les dice a los espacios creados por los Salesianos encargados de la obra, se reduce un buen número de policías en la ciudad. Alborada es un gran antídoto contra la violencia.

Estudios

Raúl y su hermano Mario estudiaron los primeros años en Mérida; se dice que fueron compañeros de Armando Manzanero. Posteriormente estudian en el Colegio Benavente, en Puebla. Esta temprana salida al mundo tuvo que tener un impacto importante en la vida de los niños; continuaron sus estudios en el Tecnológico de Monterrey, antes de unirse a los negocios de la familia.

Raúl realizó algunos estudios en los Estados Unidos mientras Mario estudiaba arquitectura en Monterrey.

El empresario

Mario Casares G. Cantón da los primeros pasos para fundar una cadena de supermercados, Minimax. Se conforma la histórica sociedad: Raúl y Mario Casares G. Cantón, Roger Roche Ancona —que había estudiado con ellos en Puebla— y Juan E. Millet Cámara, que era el único de familia abarrotera: su abuelo y su padre fueron grandes comerciantes de víveres, ambos una leyenda en la historia del comercio en Yucatán. Don Juan pertenecía también al mundo de las cordelerías: desde muy joven había viajado a Irlanda para comprar maquinaria.

Se abrieron varias sucursales del flamante supermercado y una distribuidora de productos alimenticios. Tiempo después, Raúl desarrolló el proyecto porcícola Kekén. Participando en algunas otras inversiones inmobiliarias. Su último proyecto fue el Hotel Mansión Mérida, en la casa de su abuelo Felipe G. Cantón, a donde llegó Alma Reed, La Peregrina. Finalmente, más que un hotel parece un museo vivo, por hermoso y evocador.

Entrepreneur

Raúl participó con gran entusiasmo en la vida pública del Estado. Tuvo un papel protagónico en el encuentro de los empresarios yucatecos con el presidente Díaz Ordaz en Campeche, en 1967, por el conflicto motivado por las elevadas tarifas que pretendía cobrar el gobierno federal a los yucatecos por el servicio de agua potable. Se le atribuye a Raúl haberle dicho al Presidente: “señor le están mal informando”.

Posteriormente tuvo un papel activo y talentoso en la “huelga de comerciantes” por la actitud del gobierno federal contra unos empresarios de filiación panista. Y así nació su calidad de vertebrador de la sociedad.

Dotado de un talento privilegiado para las relaciones humanas, era un cautivador sin límites. De ahí que podía convocar a su mesa al gobernador, a la Iglesia, a los medios de comunicación, a los empresarios, a los intelectuales y hasta a millonarios extranjeros.

En Ciudad de México algunos lo veían como el Last Lion de la Casta Divina, elegante, con maneras distinguidas, sin reservas para gastar dinero, sensible para el arte y la cultura y con tradición.

Acudir a Xtepén, su hacienda en Umán, era una instancia importante para los políticos de todos los partidos. En el siglo XVIII apareció un neologismo en Francia: entrepreneur, equivaldría hoy a empresario, pero en aquel entonces equivalía a mediador y eso fue Raúl y lo hizo con gran talento. Dejó un vacío y su enfermedad y su muerte nos empobrecieron como sociedad.

Promotor cultural

Raúl era culto, pero también era algo más importante: sensible. Desde Komesa, nombre en el que derivó Minimax, realizó la edición de unos libros que son de colección. Dirigió una revista, “Juzgue”. Fue amigo de poetas e intelectuales como don Juan Duch Collel y Fernando Espejo Méndez.

Y quizás su obra emblemática en este campo fue el patrocinio de la Enciclopedia Yucatán en el Tiempo. Asimismo, fue promotor de la Orquesta Sinfónica de Yucatán y de otros proyectos.

Raúl fue un hombre polémico. No podría ser de otra manera: su vida fue demasiado rica, tanto que es una excepción en la historia de Yucatán. Tuvo de compañera a una gran mujer que también llevaba en ella misma siglos de tradición oral familiar que tanto enriquece la vida personal.

La muerte empieza al nacer y tiene como destino la eternidad. Pero, si como pensó Aquiles, las proezas dan la eternidad, Raúl seguirá viviendo en su familia, en sus obras y en quienes lo estudiarán en el futuro.— Mérida, Yucatán.

gnavarretem@msn.com

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