in

Razones para leer

Guillermo Fournier

El conocimiento y la cultura, armas poderosas

José Guillermo Fournier Ramos (*)

A mediados del siglo anterior, la Secretaría de Educación Pública realizó un importante esfuerzo por promover la alfabetización de la población mexicana.

El trabajo desplegado se tradujo a mediano plazo en una notable mejoría en este rubro. En un par de décadas, el número de adultos que sabía leer y escribir se incrementó exponencialmente. Desde luego, ello significó un gran logro; una población letrada sería capaz de transformar su entorno de forma positiva de cara al futuro.

En retrospectiva, el camino recorrido ha sido arduo, pues una vez alcanzado el objetivo de combatir el extendido analfabetismo, se planteó la ambiciosa meta de convertirnos en un pueblo culto, donde el hábito de la lectura sirviera como un motor de generación de ideas, enriqueciendo la discusión pública.

Los países con mayores índices de desarrollo, así como de calidad de vida, tienen habitantes que leen varios libros anualmente. Más aún, sucesos históricos como la Revolución Francesa y la Independencia de Estados Unidos tuvieron enorme influencia de documentos escritos por pensadores con visión revolucionaria. Es cierto, el conocimiento y la cultura son armas poderosas para la defensa de los ideales.

Sin embargo, las estadísticas nos demuestran que los mexicanos no somos tan afectos a la lectura, en comparación con otros países. En otras palabras, la población nacional sabe leer, pero no ejerce esta habilidad con el propósito de nutrir su bagaje cultural a través de los libros. Esto es de llamar la atención, cuando excelentes literatos de la talla de Carlos Fuentes u Octavio Paz nos enorgullecen como exponentes del verso y la prosa mexicanos.

Para revertir la situación, es necesario observar las causas del déficit. Es probable que existan áreas de oportunidad en la manera en que se busca inculcar la afición lectora en los niños desde temprana edad. En este sentido, se trataría de un error en el enfoque de la enseñanza, o bien el método de aproximación de la lectura hacia los alumnos.

Con frecuencia, los profesores intentan forzar a los más jóvenes a leer determinados libros como parte del programa educativo. No obstante, es preciso señalar que hablamos de una puerta que se abre desde adentro. Así es el amor por los libros, tiene que nacer de la iniciativa propia, ya que el sentido de obligatoriedad no hace más que generar resistencia en el potencial lector.

Por ello, en lugar de exigir la lectura de un cierto número de páginas, el docente deberá desarrollar la capacidad de despertar la inquietud por conocer más, entre los pupilos. El maestro inspirará a sus alumnos, convenciéndolos de que leer es estimular la imaginación, ampliar los horizontes del saber y experimentar sensaciones indescriptibles. Como afirmó el célebre Jorge Luis Borges: “La lectura no debe ser obligatoria. El placer no es algo obligado, sino algo buscado”.

Sin duda, nos referimos a un proceso que toma tiempo y dedicación. Iniciar con libros de sencilla comprensión es una vía segura para aproximarse a las letras. He visto casos en que gente muy joven se desilusiona al leer “Ulises” o “Don Quijote”. Tal vez, ese sea uno de los errores que se cometen al buscar generar un interés en los niños por la lectura. Empecemos por avivar la curiosidad con el apoyo de libros digeribles, para que la inercia lleve al lector a agudizar su sensibilidad y así disfrutar de las novelas más excelsas de la literatura, como las de Joyce y Cervantes.

Una vez que se descubren las bondades del mundo de la lectura, es inevitable engancharse, con lo cual se crea un hábito de mucha productividad para quien emprende el vuelo. Cada página leída se vuelve una experiencia de vida, cada libro nos deja aprendizajes indelebles en la memoria. La novela nos lleva a dimensiones fantásticas, mientras que la autobiografía nos permite sostener conversaciones con personajes ilustres.

Para formarnos en el hábito de la lectura, basta comprometernos a escoger libros que despierten en nosotros un auténtico interés y decidirnos a leer todos los días. No solo es posible, sino que la recompensa es valiosa. Ejercitemos la mente y adquiramos los conocimientos requeridos para cambiar el entorno con base en ideas y propuestas inteligentes.— Mérida, Yucatán.

fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en administración pública y profesor universitario

¿Fraude en Bolivia?

Su lucha es un ejemplo a seguir