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Razones y dudas sobre el aeropuerto

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El proyecto para la reubicación

Manuel J. Castillo Rendón (*)

En agosto de 2005, respondiendo a la convocatoria del Congreso del Estado, para conocer las opiniones de los sectores públicos y privados sobre si era viable o no un posible endeudamiento del gobierno estatal para construir un nuevo aeropuerto para Mérida, mi postura fue en sentido negativo. Ciertamente hubo opiniones a favor, pero la consulta pública finalmente se inclinó por un “no” a la propuesta oficial.

Catorce años después, casi por las mismas fechas (¿será por los biorritmos?), de nuevo sale a la luz pública el tema de que si se necesita, es conveniente, se justifica, o como quieran decirle, cambiar la ubicación del aeropuerto de Mérida. Todas las opiniones, privadas u oficiales, y hasta la expresión muy norteña, de que: “es bronca de Yucatán”, son muy respetables, pero debatibles por no estar argumentadas.

Se repiten

Puedo decirles que las opiniones de aquel entonces para tratar de justificar la mudanza, ahora se repiten, calificándola como una “magnífica obra” que será un detonante para el desarrollo social y económico, la que se puede realizar con una mezcla de recursos públicos y privados, logrando además el no dividir la ciudad en dos, para mejorar el “sur profundo” (calificativo social y políticamente hablando muy desafortunado), sin descartar la especulación en tierras y la infaltable frase de los “intereses ocultos”.

Parece ser que ahora los equipamientos de esta magnitud salen de un sombrero de magos, o por la mano levantada del “pueblo sabio”, por calenturas, ocurrencias o negocios particulares, sin los estudios de pre-factibilidad técnica, económica y social que se deben de realizar antes de filtrar un chisme “como intención”, que definitivamente provoca impactos de todo tipo.

En consecuencia, voy a externar con argumentos y no con opiniones, mi postura como yucateco, como ciudadano y como profesional, quien ha ejercido tanto en el sector privado como en el público, sobre la conveniencia o no de la mudanza del aeropuerto de donde está actualmente, a donde sea, y que ahora, según los reportajes periodísticos, lo ubican en las áreas cercanas a las poblaciones de Tanil y Tebec, en el municipio de Umán.

La primera pregunta: en los Planes de Desarrollo de la administración federal, de la administración estatal y del municipio de Umán, en las políticas públicas de infraestructura está el tema de la construcción de un nuevo aeropuerto? ¿Hay inversión programada para los estudios de pre-factibilidad y para los anteproyectos?

Derivados de los Planes de Desarrollo, los Programas Urbanos: Estatal, Municipal y los de los dos Centros de Población en Umán, ¿consideran la ubicación de un nuevo aeropuerto? No conozco ningún documento, federal, estatal o municipal que lo mencione o al menos insinúe este proyecto, por lo que la respuesta a esta primera pregunta es negativa.

Tampoco puede recurrirse al criterio de aprobar y destinar recursos federales o estatales excepcionales, ya que no se trata de una obra de emergencia, urgente o, necesaria. Muy distinto e indiscutible los recursos extraordinarios aprobados para el renglón de seguridad.

¿Hay justificación?

La segunda pregunta: Un aeropuerto es un equipamiento federal, dependiente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes y de la Dirección de Aeronáutica Civil (si no les han cambiado el nombre). Por la cantidad actual de sus operaciones, como punto de control nacional e internacional del tránsito aéreo y de la seguridad aeronáutica, por sus instalaciones para la atención y servicios a pasajeros y de carga comercial, así como para la aviación privada, ¿se justifica clausurarlo y cambiarlo de lugar?

Quien conozca la historia del aeropuerto de Mérida sabrá que tanto su ubicación como la construcción de sus pistas y la actual operación, lo ubica en el segundo lugar de la República, con una capacidad para dar servicio muy por encima del actual, que es muy superior al registrado en el año 2005. Por tanto, la respuesta a esta segunda pregunta, también es negativa.

De dos pistas

Platicando con un exjefe de pilotos de una importante compañía aérea nacional, le presumía que el aeropuerto de Mérida tenía dos pistas y eso lo hacía más importante, pero me demostró que no es así. Efectivamente sí tiene dos pistas, pero solamente se utiliza una a la vez, la que favorece los aterrizajes y despegues según se presenta el viento.

Esta característica la encontramos en la historia, pues el diseño de la posición de las pistas 10-28 y 16-36 del aeropuerto responden al requerimiento de los aviones militares norteamericanos para operar en cualquier época del año, sin importar el clima ni el viento y así poder vigilar continuamente el Atlántico durante la Segunda Guerra Mundial. Esta característica lo hace único. Aeropuertos con dos pistas paralelas que funcionan al mismo tiempo los encontramos en CDMX y en Cancún.

La tercera pregunta tiene que ver con la tierra. El aeropuerto es un equipamiento federal, por tanto no es sano que éste se construya sobre propiedades privadas, por lo que, como lo establece la Ley, necesariamente se abriría un proceso de expropiación, con valores de compra-venta no a precios de mercado, sino a los que fijaría el Instituto de Administración de Avalúos de Bienes Inmuebles (INDAABIN).

Además, tanto el gobierno del Estado como el Ayuntamiento de Umán estarían obligados a elaborar los Programas Urbanos Estatal, Municipal, de Centro de Población y Sectorial, definiendo las áreas de amortiguamiento entre lo que sería el nuevo aeropuerto y las áreas urbanizables con servicios, equipamiento y viviendas para evitar que se desate un proceso especulativo de la tierra. Si no se realiza todo este proceso, que es lo más probable, la tercera respuesta es negativa.

La cuarta pregunta: sobre la infraestructura. Los organismos prestadores de servicios, ¿tienen la capacidad para poder dotarlos? No voy a especular, porque no lo sé, pero es una condicionante a considerar o las instalaciones serán deficientes o no funcionarán.

Impacto ambiental

La quinta pregunta: sobre los impactos ambientales y viales. ¿Se justifica una modificación dramática de las condiciones y características del contexto natural, del suelo, de la flora y de la fauna? ¿Hay algún estudio previo de movilidad para llegar y salir del nuevo aeropuerto? ¿Cómo va a impactar en las poblaciones cercanas los movimientos vehiculares particulares, de transporte, servicios, carga y abasto? En las declaraciones oficiales se menciona que este proyecto es solo una idea conceptual, que se traduce en: no hay nada específico, y por tanto, la respuesta es negativa.

La sexta pregunta: honestamente, ¿el aeropuerto Internacional de Mérida, Manuel Crescencio Rejón, es un dique o una muralla que divide a Mérida en dos? Esta postura es una excusa; si el territorio sur de la ciudad no está atendido como debe ser, es porque faltan políticas sociales y estrategias urbanas concretas. El patético calificativo del “sur profundo” lo considero un adjetivo para justificar la ineficiencia del ayuntamiento, autoridades electas para gobernar y administrar toda la ciudad, sin discriminar zonas, sectores y a la población (continuará).— Mérida, Yucatán.

Arquitecto, exfuncionario federal, estatal y municipal

 

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