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Recordando a Gabriel V. Gahona “Picheta” en su 120 Aniversario luctuoso

Por Raúl Alcalá Erosa(*)

Hijo del matrimonio formado por el capitán de la marina mercante, el español Gabriel Gahona Tuduri, y la dama yucateca Salomé Pasos Ceballos, el joven Gabriel Vicente había demostrado, desde temprana edad, una clara vocación al dibujo. Al escuchar los relatos de las travesías marinas de su padre, no pudo resistir al sueño de emprender algún día un viaje al Viejo Continente.

Entretanto, los lápices de colorear y luego los pinceles y las pinturas ocuparían todos los tiempos libres que la escuela le permitía.

Con el tiempo y muchos esfuerzos, los planes del viaje para perfeccionarse en Europa lograron ser tomados en cuenta, otorgándosele una beca por el Gobierno, reducida, pero que complementada con los ahorros de familiares y aportaciones de simpatizantes, pudo llevarse al cabo con la condición de dar clases a su retorno en forma gratuita a los alumnos de escasos recursos.

Según sus cercanos compañeros, al retornar del viaje, en 1847, su maestría en pintura al óleo había llamado la atención junto con el grabado en metales y en madera (xilografía) que había practicado superficialmente en el poco tiempo de su residencia en Roma, ya que su estancia fue reducido de cuatro a solo dos años, debido la inestabilidad económica en Yucatán por el inicio de la llamada Guerra de Castas.

El grabado sería después producto de su autodidacta formación mediante una férrea disciplina para dominar tan difícil y minucioso arte, al ser invitado a colaborar en una nueva publicación que sería el detonante de su vida artística y a la vez el medio idóneo para darse a conocer en aquella Mérida de mediados del siglo XIX.

No sin muchas pruebas fallidas, utilizando la no muy idónea madera de zapote de la región, a falta de las óptimas como el boj, y elaborando, él mismo, rústicos buriles y afiladas cuchillas, propias de la ebanistería, recibió el joven Gahona la aprobación de sus primeros “clichés” de impresión, por parte de un grupo de escritores y poetas que requerían ilustraciones, para una naciente revista: “Don Bullebulle”.

Se trataba de una publicación con formato a “media carta”, luego compendiadas en dos volúmenes, de 265 y 274 páginas respectivamente, cuyo contenido, del género crítico, exponía a los malos gobernantes, satirizando también a las clases oligárquicas y en general las injusticias hacia los trabajadores descendientes de la raza maya principalmente, explotados por los terratenientes. Esta invitación a participar en “Don Bullebulle”, por parte del escritor Fabián Carrillo Suaste, representó para Gahona el acceso a un mundo fecundo en experiencias, donde habría de revelarse como el gran artista de carácter y decisión que solo esperaba un foro y una oportunidad para expresar su gran potencial artístico.

Los múltiples grabados realizados por Gahona durante este período (1847-1849) han sido considerados como obras de calidad superior, tanto en su estilo personal, como en lo referente a sus excelente manejo del claroscuro. Gahona intuía en la estructuración de sus dibujos preliminares, la importancia de las fuerzas gravitacionales y los ejes geométricos de composición que regían y ordenaban la expresión corpórea de sus personajes, tanto en forma individual como en los grupos por él creados.

Esta es la magia de “Picheta”. Conceptos que tiempo después fueron objeto de enseñanza teórica formal en las escuelas de arte superior, aplicados también en las grandes expresiones de los maestros muralistas.

Sus excelentes grabados anteceden a los de Guadalupe Posada y Julio Ruelas, entre otros grandes iniciadores de la gráfica nacional, otorgándosele un merecido reconocimiento de pionerismo, a partir de las primera publicaciones sobre su labor artística, realizadas por el maestro grabador e historiador Francisco Díaz de León, en 1938, quien llevó al cabo la reproducción de gran parte de su obra xilográfica utilizado las mismas maderas originales, de las cuales aún se conservan algunas en el Museo de la Ciudad en Mérida.

Al margen de su vida artística, Gahona desempeño labores en el campo empresarial y en puestos públicos, hasta llegar a avanzada edad, sin dejar de asistir a sus periódicas reuniones con su estimado alumno Juan Gamboa Guzmán donde asistían sus hermanos Miguel y Arturo, así como un joven estudiante de medicina, afecto al arte, llamado Eduardo Urzaiz Rodríguez, entre otros más.

A la edad de 71 años, el primer día de marzo de 1899, el artista cerró los ojos por última vez. Concluía así su fructífera labor terrena y comenzaba la valoración de una vida dedicada en su mayor parte a la práctica y enseñanza del arte pictórico.

(*)Arquitecto, escritor e historiador yucateco; correo electrónico: raulae@gmail.com


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