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Recursos federales

Editorial

Para que no le digan y no le cuenten

Ernesto Jesús Mena Acevedo (*)

El sábado pasado, un funcionario del gobierno del Estado pretendió refutar el contenido de un artículo mío publicado en este rotativo el martes 16; sin embargo, paradójicamente a su intención, tácita o expresa, termina reconociendo mi tesis.

Sostengo lo anterior, porque la premisa principal del artículo anterior consiste en que el préstamo no es ni debe presentarse como la única alternativa para obtener recursos que se puedan destinar a atender las secuelas de la contingencia sanitaria, y que una fuente para obtener cuantiosos recursos debe provenir de un manejo racional y austero del presupuesto público y del aparato de gobierno, es decir, que el gobierno “debe apretarse el cinturón”.

Ante esto, el funcionario aludido argumenta que el gobierno del Estado destina recursos extraordinarios para empleo temporal y la entrega de despensas. Pero el asunto radica en que se le olvidó “un pequeño gran detalle”, y es el hecho de que los recursos usados para esos programas derivan de otro crédito, el de 1,500 millones de pesos, el cual fue aprobado por el Congreso del Estado, el 31 de marzo de este año.

También abona al robustecimiento de mi premisa cuando menciona que la recaudación estatal ha disminuido en 1,900 millones de pesos, pues esto pone en evidencia, una vez más, que el mismo Ejecutivo estatal no está haciendo esfuerzo alguno por allegarse de los dineros necesarios para no incurrir en más endeudamiento; esto es, no se han adoptado medidas para que la recaudación no caiga, ni mucho menos para que aumente.

Lo anterior, contrasta con la situación del gobierno federal que ha logrado que, al menos en las últimas semanas, varias empresas estén pagando miles de millones de pesos que adeudaban de impuestos, y esto se ha traducido, en que no solo no disminuya la recaudación fiscal, sino que por el contrario, ésta se ha incrementado, tal como se reflejó en las cifras del primer trimestre de este año (en pleno confinamiento), que tuvo un aumento de 13.4 por ciento con respecto al mismo periodo del año inmediato anterior.

Lo lamentable del artículo del funcionario estatal se da en dos aspectos: la mentira y el desprecio por los beneficiarios de los programas sociales, especialmente a los que llama “ninis”. Primero, incurre en mentira cuando asevera textualmente lo siguiente: “...lo más escandaloso es que asegura que a Progreso ya llegaron los 500 millones del programa de 100 ciudades…”

Esto que plasma sí es totalmente falso, porque en ninguna parte del artículo del suscrito se asegura que ese recurso ya llegó al puerto de Progreso Lo que claramente sí se establece es una lista de “inversiones que deben considerarse”, y una inversión, sobre todo en proyectos que implican construcción de obras, no significa solamente entregar una cantidad de dinero, sino consiste en un proceso que conlleva etapas en las que se va aplicando el presupuesto asignado, y en el caso de referencia, se está en la etapa del proyecto ejecutivo.

Segundo, menospreciar los programas sociales y a sus beneficiarios, principalmente a los jóvenes, alegando que “fomentan el conformismo y la flojera”, exhibe un desconocimiento profundo sobre la trascendencia de programas que atienden a un sector sumamente importante de la sociedad, y que este tipo de programas sociales existen en países más prósperos que el nuestro, sobre todo en Europa Pero más aún, la trascendencia de la política de atención a la juventud estriba en que este fue uno de los segmentos más afectados por más de 30 años de aplicación de la política económica neoliberal, que dejó a millones de mujeres y hombres jóvenes, sin oportunidades de estudio y/o de trabajo.

Asimismo, ignora en qué consiste el “Programa jóvenes construyendo el futuro”, al preguntarse literalmente “¿qué beneficio aporta un joven que reciba dinero sin hacer nada?” Pues dicho programa apoya en dos vertientes: a los jóvenes que están estudiando, y a los jóvenes sin trabajo o que incluso, ya habiendo terminado de estudiar, no tienen empleo. A los de este segundo grupo se les otorga una beca mientras se capacitan en una ocupación en el sector público o privado. Es decir, no se entregan becas por estar acostados en sus hamacas, como ingenuamente piensa el articulista referido.

Finalmente, considero pertinente precisar que la situación económica crítica nacional responde a un contexto mundial, y los programas sociales no constituyen la panacea; son políticas emergentes que coadyuvan a que los sectores más vulnerables puedan satisfacer sus necesidades más elementales, a la vez que representa un engranaje que contribuirá, en mayor o menor medida, a la reactivación económica, conforme se vayan incorporando a la normalidad las diversas actividades comerciales, industriales y de los ramos público y social.— Mérida, Yucatán.

ernesto_mena1@yahoo.com.mx

Maestro en Economía y Administración Pública. Docente universitario. Maestrante en Políticas Públicas, Campañas y Elecciones.

 

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