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Reducción en los gastos de salud

Editorial

Dr. Pablo Pérez Akaki (*)

La pandemia no ha terminado. Seguimos en el tercer pico con una ligera caída en contagios de un número de casos diarios superior a 20 mil personas, hacia un promedio cercano a las 15 mil.

No quiere decir que se haya controlado, sino que está bajando lentamente, pero aún son niveles altos.

Respecto a los fallecimientos, las cifras aún son cercanas a los mil al día.

Según los datos conjuntos de la Secretaría de Salud con el sistema de monitoreo y el exceso de mortalidad identificado con el Covid-19, el total de fallecimientos ya alcanza 400 mil decesos.

Esta pandemia ha sido costosa, pues todos hemos perdido familiares, amigos, conocidos, colegas. La mejor medida que se reconoce hasta ahora para detener la pandemia es el distanciamiento social y para evitar la muerte son las vacunas. Un dispositivo de gran relevancia para reducir los contagios es el uso de las mascarillas, más conocidos como cubrebocas (no pasamontañas, no barbiquejos, tampoco levanta-papadas), los cuales nos permite tener protección en espacios públicos, cerrados y abiertos.

Pero cuando nos enfermamos, como claramente está ocurriendo en muchas personas, es muy importante contar con un sistema de salud que ofrezca un tratamiento para evitar que la enfermedad se agrave y tenga un desenlace trágico. Sin embargo, parece que nuestro sistema de salud no se enfoca a las personas que no cuentan con IMSS o Issste y son cubiertos por el Insabi.

Recordemos que el Insabi sustituyó al Seguro Popular —que en palabras del Presidente fue una institución corrupta y todo lo escuchamos todos los días de forma repetitiva—, comenzando sus servicios el 1 de enero de 2020.

Este organismo está enfocado a 69 millones de personas fuera de los otros sistemas de salud, lo que implica un tremendo reto de servicios médicos y medicamentos para la población más pobre del país.

Un estudio reciente de México Social titulado “Lecciones del Seguro Popular al Insabi” (https://www.mexicosocial.org/lecciones-del-seguro-popular-al-insabi/) reconoció la insuficiencia presupuestaria que tenía este organismo para lograr sus metas, reconociendo incluso recursos adicionales que podrían ascender a 620 mil millones de pesos, considerando las enfermedades de la población mexicana, más inversiones adicionales para dar certidumbre laboral a su personal y para asegurar el abastecimiento permanente de medicamentos.

Pero, en septiembre del 2021 se ha hecho público que los recursos financieros para el Insabi han caído 21% respecto de 2020, además que es el menor en los últimos cinco años. Esto se acompaña de quejas de sus beneficiarios sobre la insuficiencia de recursos en las clínicas y a la reducción en la oferta de servicios del instituto.

Ya en diferentes espacios se ha señalado cómo la puesta en marcha precipitada del Insabi omitió varias lecciones aprendidas por el Seguro Popular, con la prisa de las necesidades insatisfechas y las prisas también de la 4T.

Cuando no hay suficiente planeación y los proyectos son de esa magnitud, las probabilidades de que los conflictos surjan son altas.

Deseamos que el Insabi pueda fortalecerse y no solo se le dote de recursos económicos y también de una formalización institucional profunda, porque la pandemia no ha terminado y la sindemia se profundiza con las desigualdades que se han generado en la sociedad.

Titular de la Cátedra Elías Landsmanas Dymensztejn – Anáhuac en niños migrantes no acompañados

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