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Rescatar la democracia, votar por la pluralidad

Othón Baños Ramírez

Othón Baños Ramírez (*)

La causa de los pobres merece todo el respeto del mundo. No conozco a alguien que esté en contra de revertir la pobreza que padece más de la mitad de los mexicanos.

Es un problema que crece y puede alcanzar magnitudes todavía más dramáticas de las observadas hoy día. Si no se detiene, más tarde que temprano se llenarán las calles con movilizaciones y protestas poniendo en peligro el orden social.

El tema con el que muchos no estamos de acuerdo con AMLO es la implementación política del gobierno que se dice defensor de los pobres. El problema es que en nombre de los pobres se están cambiando instituciones y políticas públicas para favorecer la autoridad del gobierno cuando sabemos, por nuestra propia experiencia histórica con el gobierno del PRI, que un gobierno sin contrapesos termina favoreciendo a unos cuantos y en manos de la corrupción.

Cuando AMLO autodenominó a su gobierno la Cuarta Transformación (4T) se echó encima la tarea de cambiar el país a toda prisa, sin importarle que los grandes problemas del país como la pobreza, las desigualdades económicas y sociales, incluso la violencia criminal, tienen unas raíces históricas profundas. No llegaron de un día para otro tampoco se eliminarán con un periodo presidencial.

Quiere situar a su sexenio, al nivel de otros tres momentos clave de la historia de México: el movimiento armado que trajo la Independencia en 1810; la guerra entre liberales y conservadores de 1858 a 1861, llamado el periodo de la Reforma, y la Revolución de 1910-1917.

El hecho de que AMLO se refiera a su presidencia como una transformación equiparable a esos tres momentos de transición históricos es para muchos especialistas una idea demasiado pretenciosa. Lo malo es que no se queda en el discurso, en las palabras, o son “sanas intenciones”.

El problema es que esas ideas megalómanas son la base de una ideología que abre brecha a las decisiones. El problema es que esa idea de calar profundo en la historia del país hace que AMLO tome decisiones que terminarán poniendo a la sociedad mexicana en una situación económica todavía más grave que cuando llegó al poder.

Un político megalómano con amplio poder y con prisas es peligroso para el país. Porque en vez de sembrar, destruye todo lo que considera obstaculiza sus metas y repara con su medicina favorita que es más gobierno. Un político como él, con prisas, no contempla etapas para ir subsanando los grandes problemas nacionales.

No hay metas a cumplir en corto, mediano y largo plazos. Además, escoge a sus colaboradores en función de su lealtad y no de su preparación y experiencia profesional. No encabeza un equipo, sino que es un jefe alfa.

La prisa no le permite cambiar el fondo sino la forma de las instituciones. En lo que va de casi tres años de gobierno no hay registros de una transformación social de fondo. En cambio, sus programas de becas han reconformado las viejas clientelas políticas del gobierno que dejó abandonadas el PRI cuando adoptó la bandera neoliberal.

Los ciudadanos no podemos cambiar esa prisa del poderoso Presidente, pero sí podemos limitar su poder para que no sea su voluntad la que dicte qué es lo bueno y lo malo para el país, los temas de la agenda política y sus incondicionales los encargados de llevarla a la práctica.

Las elecciones de este próximo 6 de junio son una buena oportunidad para cambiar la correlación de fuerzas políticas con votos en favor de la pluralidad, con votos que permitan armar un verdadero contrapeso del poder presidencial.

Con los votos plurales los ciudadanos debemos rescatar la democracia de ese camino autoritario en que ha sido metida.—Mérida, Yucatán

bramirez@correo.uady.mx

Doctor en Sociología, investigador de la Uady

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