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Respeto a la vida de los animales

El maltrato no es un asunto menor

Guillermo Fournier Ramos (*)

Por naturaleza las sociedades se vuelven cada vez más civilizadas en la medida en que se practican de forma generalizada ciertos valores como el respeto, la sana convivencia, y la sensibilidad humana.

El rechazo hacia cualquier expresión de violencia es parte fundamental para acercarnos hacia un entorno pleno de paz. Ahí donde existe injusticia, maltrato, o abuso difícilmente se puede hablar de armonía.

Desde luego, las sociedades pacíficas se construyen todos los días con la colaboración de sus integrantes. Cuando las buenas prácticas que previenen la aparición de violencia y delincuencia permean de generación en generación los resultados saltan a la vista.

Pues bien, hay ocasiones en que algunas manifestaciones de conductas antisociales son pasadas por alto por considerarse poco graves en comparación con otros tipos de violencia.

No obstante, hay registro de que tolerar actos de violencia aparentemente intrascendentes puede ser riesgoso, puesto que la probabilidad de que la pulsión violenta incremente es latente. En palabras simples, por pequeña que parezca una perturbación a la paz, ésta es una amenaza porque la violencia tiende a expandirse cuando no se trabaja para evitar que esto ocurra.

Tal es el caso del maltrato a la vida animal. Por desgracia, esta problemática persistente es poco comentada, por lo que considero hace falta hacer visible este fenómeno inaceptable, que además representa un peligro para la cultura de la paz.

Para nadie es un secreto que un elevado número de animales domésticos padecen condiciones deplorables. El abandono y el trato cruel es tristemente frecuente para muchas mascotas. Son perturbadoras las historias de violencia brutal hacia algunas especies y es urgente encontrar soluciones ante esta dura realidad.

Es verdad que para la mayoría de las personas que disfruta de la compañía de una mascota, es incomprensible el que haya quien ejerza violencia sin escrúpulos hacia perros, gatos, y demás animales. Empero, negar el problema sería irresponsable. Los datos son implacables: incluso para una entidad tan segura como Yucatán, el maltrato animal es una de las grandes asignaturas pendientes.

No es asunto menor, ejercer crueldad hacia un ser vivo constituye una conducta antisocial. ¿Es posible que el maltrato animal se transforme en violencia hacia personas eventualmente? Sin duda alguna. Los actos violentos tienen un impacto significativo en quienes los llevan a cabo. La pérdida de sensibilidad, el daño psicológico, y la afectación a la empatía son solo algunas de las huellas negativas que perduran.

Alarmante

Por ello, la violencia hacia los animales es un alarmante factor de riesgo que aumenta la probabilidad de que se extienda la violencia y la delincuencia en un territorio determinado. La manera en que una sociedad cuida y protege a las especies vivas, dice mucho sobre su calidad humana.

En los últimos años han aparecido leyes y reglamentos que imponen sanciones duras a quienes perpetúan tratos crueles a animales domésticos. Este es un avance importante, aunque la mera existencia de normas jurídicas no será suficiente para erradicar esta expresión de violencia.

Por su parte, distintas instituciones y agrupaciones han apostado por organizarse con el propósito de trabajar para promover el respeto hacia los animales y crear espacios para el cuidado de mascotas violentadas o en situación de abandono.

Desde luego, la labor de estas organizaciones es digno de reconocimiento. Gracias a sus campañas de concientización y su entrega a la causa, cada vez son más las personas dispuestas a adoptar mascotas o denunciar cuando conocen de abusos a animales.

Hemos aprendido que el papel de la educación es imprescindible para eliminar esta degradante expresión de violencia. Por fortuna, parece haber una tendencia: las nuevas generaciones son más conscientes y sensibles respecto de la vida de otros seres vivos. Lo anterior llama a la esperanza; quizá en un par de décadas podamos superar del todo este lastre.

Comprender que todo acto violento es nocivo resulta crucial. Practicar la paz y promover la sana convivencia nos hace más humanos, más felices, y más plenos. Hay que trabajar por resolver aquellos temas que todavía nos lastiman como sociedad. Respetemos y cuidemos a los animales; fortalezcamos los valores que nos han permitido crecer y madurar como colectivo. Procuremos la construcción de una sociedad libre de violencia.— Mérida, Yucatán.

Fournier1993@hotmail.com

Licenciado en Derecho, maestro en Administración

 

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