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Retórica inútil…

Cosas que pasan

Manuel Antonio Alcocer Hernández (*)

El momento político que vive Yucatán se acerca al caos. Las luchas intestinas, las desigualdades en las nominaciones, los disgustos de los aspirantes, el gastado discurso de las cúpulas partidistas, el aburrimiento de quienes ven muy lejos la democracia, las confrontaciones estériles entre quienes quieren ser, entre otros importantes factores, han convertido el proceso electoral en un relajo que amenaza en convertirse en el alejamiento de la seriedad con que debe verse un acontecimiento que propone el cambio para bien de quienes deben tomar la batuta en todos los niveles de gobierno que deberán ser electos el primer día de julio próximo. Las luchas intestinas tienen como principal resultado la operación “trampolín”, el cambio de partido por conveniencias personales o por una rabieta sin fundamento político de quienes piensan que les puede ir mejor con el precandidato de enfrente por algún ofrecimiento que les hace pensar que, si gana el partido al que se cambia, también su suerte cambiará.

Las desigualdades en las nominaciones no significan que todos deben pesarse en la misma balanza. Hay desigualdad en lo que se dice en las reuniones de los aspirantes al mismo puesto porque los dirigentes saben de antemano quién será nominado de acuerdo con la línea recibida, en el caso del PRI, por el gobernador, y tratándose del PAN, por la conveniencia de quienes conforman lo más elevado del mando nacional partidista.

Es un perverso juego que permite que quienes aspiran vivan días de tensión y suspenso sostenidos por elucubraciones y mentiras que de tanto repetirse tienden a convertirse en verdades. Recordemos que Yucatán es la tierra del cultivo.

Cuando los aspirantes se dan cuenta de que los están “cultivando”, empiezan a gestar en su ánimo un rencor que generalmente los induce al cambio de estafeta o al retiro definitivo de la política. Lo que debe ser una competencia leal entre miembros del mismo partido se vuelve disgusto que aterriza en encono. Soy testigo de que en muchas de esas ocasiones integrantes de la misma familia se dejan de hablar y las amistades se alejan de quienes, a su criterio, actuaron con dolo hacia quienes ellos querían fuera el nominado. Esto es muy común en las postulaciones a las presidencias municipales, sobre todo en comunidades pequeñas.

Todo lo anterior se debe a un discurso que se utiliza en todos los procesos electorales por parte de dirigentes sin criterio propio porque no lo tienen o porque lo ocultan por conveniencia para que “el jefe” les conceda vivir del presupuesto cuando menos tres años. Es lo mismo lo que les dicen a los aspirantes. La misma gata nada más que revolcada. “Todos tienen la misma oportunidad pero mandaremos a hacer encuestas para que sepamos quién tiene la preferencia popular. Esto es para que la designación sea bien recibida por el pueblo. Los que no resulten nominados deberán mostrar unidad hacia el candidato”. Esto es una pequeña parte de un discurso ya repetido hasta el cansancio cada tres años. Nadie sabe quién hace las encuestas y en caso de que éstas se realicen en una mínima parte y por teléfono, el resultado sale de lo planeado para que fulano sea el candidato de acuerdo con el plan original.

Esto de ninguna manera lo ignoran los posibles electores. Y digo posibles porque en muchos casos prefieren la abstención o el voto nulificado y no darle un voto útil a quien nunca apoyaron ni estuvieron de acuerdo con que fuera electo. Antidemocracia pura originada por una retórica inútil que forma parte de las preferencias personales de quienes tienen la sartén por el mango. Él lleva la batuta, da instrucciones precisas y los corifeos se encargan del discurso trillado. Quienes pretenden repetir en el cargo lo saben bien.

En Morena no pasa nada de esto porque ese partido es propiedad de López Obrador. Allá se hace lo que el tabasqueño dice sin que nadie se disguste ni rezongue su malestar. Y este sólo es un apunte político que está fuera de análisis ni discusión. No cabe duda de que el caos político amenaza a Yucatán. Los prolegómenos se empiezan a vislumbrar. Sin duda.— Tizimín, Yucatán.

manuelantonio1109@hotmail.com

Cronista y exalcalde de Tizimín

 

 

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