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Rodrigo Llanes Salazar: Conexión humana

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

“Nos rozamos los codos con muchas personas todos los días”, narra el policía número 223 Ho Chi Moo al inicio de “Chungking Express”, la película de 1994 del director hongkonés Wong Kar Wai. A pesar del constante contacto físico, del roce codo con codo, los personajes de “Chungking Express”, así como los de la mayoría de las películas de Wong, son personas solitarias, deseosas de amar y de entablar conexiones humanas. Cuando al inicio del filme Chi Moo presenta a la audiencia a la mujer de la que se enamoraría, informa que lo “más cerca” que estuvieron fue a una distancia de “solo 0.01 centímetros”. Pero el amor no fue correspondido, no se entabló conexión.

Cualquiera es buen momento para adentrarse al fascinante mundo cinematográfico de Wong Kar Wai (WKW), pero estos tiempos de pandemia parecen particularmente oportunos para apreciar las películas de WKW, tanto por su singular estética como por los temas que abordan.

Desde luego, no por el tema de la pandemia en sí, tal como es abordado por películas como “Contagio”, si bien en “El fluir de las lágrimas”, el filme con el que WKW hizo su debut en 1988 aparece, a los primeros tres minutos y medio de la película, Ah Ngor (interpretada por la magnífica Maggie Cheung), prima del protagonista, el mafioso Wah, con un cubrebocas blanco. “¿Por qué usas esa mascarilla?”, pregunta Wah. “Para que no contagie a los demás”, responde Ngor. Entonces no era común el uso del cubrebocas en Asia, como lo sería a partir de la epidemia de SARS en 2003. Este extrañamiento —“¿por qué usas esa mascarilla?”— no deja de recordarnos la irrupción de la pandemia de SARS-CoV-2 hace más de año y medio. A quince años de “El fluir de las lágrimas”, el uso de cubrebocas se volvió en algo “normal” en Asia, nadie tendría que preguntar por qué las personas lo usan. Probablemente es lo que nos depara a la mayoría actualmente.

Pero no es el uso del cubrebocas. Antes de la aparición de Ngor en “El fluir de las lágrimas”, el primer diálogo que escuchamos en la película es por medio de una llamada telefónica. Después, Fly, un subordinado de Wah, intenta contactarlo por teléfono varias veces sin éxito. Desde el inicio asistimos a los problemas de comunicación entre los personajes del mundo de WKW. Me interesa destacar, sobre todo, los deseos de conexión y las escenas de repetición en un mundo de incertidumbre, temas constantes en las obras de WKW.

Trabajos

Casi toda la filmografía (7 de 10 largometrajes) de WKW han sido recientemente restaurados en 4K. El pasado 23 de marzo, la empresa The Criterion Collection lanzó la caja especial “El mundo de Wong Kar Wai” con las siete películas restauradas: “El fluir de las lágrimas”, “Días salvajes”, “Chungking Express”, “Ángeles caídos”, “Happy Together”, “Deseando amar” y “2046”. Días después, la plataforma Filmin incorporó a su catálogo de transmisión en línea las mismas películas.

Estas siete películas constituyen efectivamente un mundo, uno de atmósferas difusas de verde y rojo neón, con personajes solitarios y marginales en entornos cosmopolitas, en el que algunas de las escenas más importantes las apreciamos indirectamente a través de reflejos en espejos o por medio de cristales sucios, paredes y cortinas gracias a la creativa y singular dirección de fotografía de Cristopher Doyle (en 6 de los 7 filmes).

Sin abordar explícitamente la situación política de Hong Kong —particularmente la transferencia de su soberanía por parte del Reino Unido a China—, ésta aparece constantemente, ya sea simbólicamente, en las fechas de caducidad de las latas de piñas en conserva en “Chungking Express”, en el número de las habitaciones 2046 y 2047 en “Deseando amar” y “2046” —en 2047 expiraría el arreglo actual entre Hong Kong y China—, o bien, en la ironía del título de “Happy Together”, película de 1997, año en el que Hong Kong se volvió región administrativa de China, ¿pueden Hong Kong y China ser “felices juntas”?

En todos los casos anteriores, la incertidumbre política es el escenario o trasfondo de la incertidumbre de las relaciones humanas, particularmente de las frágiles y turbulentas relaciones de pareja que protagonizan los filmes de WKW. En “Chungking Express”, la cuenta regresiva, la “fecha de caducidad” de la relación entre Hong Kong y el Reino Unido tiene su paralelismo en la relación de Chi Moo, el policía mencionado al inicio de este artículo, y su ex novia, por quien es abandonado al comienzo de la película. Chi Moo busca intensamente entablar conexiones, revisando sus viejos contactos de la escuela, a quienes telefonea sin éxito, y enamorándose de la primera mujer que se encuentra en un bar.

En la segunda parte de “Chungking Express”, el policía 663, interpretado por Tony Leung —una estrella constante en los filmes de WKW—, también abandonado por su novia, se desahoga con los objetos de su departamento, con su toalla que “llora”, con su jabón que “sube de peso”, ya que el jabón gastado, “delgado”, es reemplazado por uno nuevo por Faye, a quien da vida la carismática Faye Wong. Faye se ha enamorado del policía 663 —o al menos se ha obsesionado con él— y entra en varias ocasiones a su departamento sin que aquél lo sepa.

Constantemente, Faye, una empleada en un puesto de comida rápida, escucha la canción “California Dreamin’” de The Mamas and the Papas. Si no recuerdo mal, la canción suena al menos siete veces en la película. Una de las escenas más memorables del filme es precisamente Faye bailando con las botellas de ketchup y mostaza al ritmo de “California Dreamin”.

No solo “California Dreamin” se repite constantemente. Varias escenas parecen hacerlo, tanto en “Chungking Express” como, sobre todo, en “Deseando amar”, la gran obra maestra de WKW. Estrenada en el año 2000, “Deseando amar” ha sido considerada una de las mejores películas del siglo XXI. Su influencia se ha sentido no solo en el cine, sino en ámbitos como la moda, la mercadotecnia e, incluso, en 2007 se hizo un ballet inspirado en el filme.

Ubicada en la década de 1960, “Deseando amar” sigue la relación entre Chow Mo-wan —interpretado por un magistral Tony Leung, quien ganó el premio al mejor actor en el festival de Cannes por esta actuación— y Su Li-zhen, a quien da vida la también extraordinaria Maggie Cheung. Ambos se mudan a un complejo de departamentos con sus respectivas parejas, a quienes llegamos a escuchar, pero nunca vemos -al menos no por completo. Pronto, Chow y Su describen que sus parejas les son infieles, la esposa de Chow con el esposo de Su. La película aborda con maestría la relación entre los solitarios Chow y Su, cordial al inicio, y con una creciente tensión y sensualidad en la que se preguntan si serán cómo sus respectivas parejas.

Disección

“Deseando amar” es una disección de la relación entre Chow y Su, de sus soledades encontradas. Apenas figuran otros personajes, dos compañeros de trabajo, la casera y su familia. Como ya he dicho, sus respectivas parejas no aparecen en la película. Más bien, al igual que en “Chungking Express”, nos encontramos con roces entre los protagonistas en un estrecho departamento, en un ritual de subir y bajar escaleras, ir por fideos, saludos cordiales y reservados. Las escenas se repiten y, de no ser por el cambio del bellísimo vestuario de Su —alrededor de cuarenta modelos de qipao— y de las comidas de temporada, no sabríamos si se trata del mismo día o cuánto tiempo ha pasado. Este retrato íntimo contrasta —y se enaltece— con unas tomas hacia el final de la película en la que el director nos recuerda el contexto histórico más amplio —y turbulento— en el que se desenvuelven las relaciones de Su y Chow.

Deseando entender cómo es que sus respectivas parejas comenzaron su amorío, Su y Chow llegan a encontrarse en una habitación de hotel con el número 2046. Este número da título a la siguiente película de WKW, que más que ser una secuela, se trata de un eco de “Deseando amar”. En ella, Chow, lejos de ser el hombre sensible y cordial de “Deseando amar”, se ha convertido en un egoísta Don Juan que escribe una historia de ciencia ficción en la que un tren futurista viaja a 2046, un lugar y tiempo al que van las personas para recobrar recuerdos perdidos, sobre todo, amores perdidos.

¿Qué pasa en 2046? No lo sabemos porque, como explica el narrador, nadie —excepto una persona— ha regresado para contarlo. Más allá de la incertidumbre de lo que le depara a Hong Kong en ese año, en cierto sentido, creo que se ha vuelto común el deseo de viajar a 2046, a un futuro —aún incierto— en el que queremos recobrar recuerdos perdidos, ir al futuro para recuperar una “vieja normalidad”. Mientras tanto, tenemos el sensual y maravilloso mundo de WKW.—Mérida, Yucatán

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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