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Rodrigo Llanes Salazar: En tiempos de contagio

Rodrigo Llanes Salazar

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

“La epidemia de Covid-19 va camino de convertirse en la emergencia sanitaria más importante de nuestra época. No es la primera ni la última, ni siquiera la más espeluznante”, escribe Paolo Giordano en “En tiempos de contagio”, obra que es considerada el “primer libro” sobre la actual pandemia de coronavirus.

Giordano, un licenciado en física teórica y premiado escritor italiano, comenzó a escribir “En tiempos de contagio” el 29 de febrero y publicó el libro de manera digital el pasado 26 de marzo. Se trata de un libro breve —de 60 páginas—, compuesto por pequeños capítulos que abordan una serie de aspectos de la pandemia: las matemáticas, particularmente las cifras del contagio que crecen de manera exponencial; la solidaridad; el miedo, la discriminación y la xenofobia; la crisis ambiental; la circulación de la información y los anhelos por regresar a la “normalidad”.

En parte, el libro es una expansión de un artículo publicado por Giordano en el periódico italiano “Corriere della Sera” el 25 de febrero, titulado “Coronavirus, la matemática del contagio para mantener la calma en medio del caos”. En este texto, Giordano presenta el “modelo SIR”, que sigue la siguiente lógica: “las matemáticas del coronavirus distinguen a la población, a todos nosotros, de una forma aproximada: están los Susceptibles (S), las personas que podrían infectarse; los Infectados (I), aquellos que ya han sido infectados; y los sanados o recuperados (R), que son aquellos que se infectaron, han superado la enfermedad y ahora ya no transmiten el virus” (aunque, cabe aclarar, aún no hay certeza científica sobre la inmunidad de las personas ya infectadas). En “En tiempos de contagio”, Giordano abunda sobre el modelo SIR y escribe que al virus “no le interesa nuestra edad, sexo, nacionalidad ni gustos; casi nada de lo que nos distingue”. Para el virus solo nos clasificamos en S, I o R. Pero nosotros, seres humanos, seguimos distinguiéndonos a partir de prejuicios y el miedo: algunos rechazan a quienes tienen rasgos asiáticos y retratan a los chinos como bárbaros que aún comen animales exóticos crudos; otros se vuelcan contra el personal de salud, distinguiéndolos por lo que en otros tiempos suele ser un símbolo de estatus: batas blancas.

Como ha observado la antropóloga Monica Schoch-Spana, las personas con diferentes bagajes nacionales, étnicos o religiosos han sido históricamente acusados de esparcir gérmenes, independientemente de lo que afirma la ciencia. Durante la epidemia de H1N1 en 2009, los mexicanos y muchos latinos fuimos los chivos expiatorios. Durante el brote de ébola en 2014 fueron los afrodescendientes. El estigma, las atribuciones de culpa y la discriminación son fenómenos recurrentes durante las epidemias, nos recuerda Schoch-Spana (“Time”, 1-2-20).

Para Giordano, las matemáticas sirven para recordar que “este loco mundo” no es lineal, que los peligros no son lineales, sino que el contagio avanza de manera exponencial, por lo que llama a la prudencia. En una entrevista con “La Vanguardia”, el escritor italiano confiesa que usa las matemáticas “para convencer a los lectores de dejar de hacer las cosas que normalmente hacemos”.

En uno de los párrafos más subrayados del libro —al menos según Kindle—, que también es reproducido en la portada de la publicación en español editada por Salamandra, Giordano expresa: “No tengo miedo de caer enfermo. ¿Y de qué tengo miedo? De todo lo que el contagio puede cambiar. De descubrir que el andamiaje de la civilización que conozco es un castillo de naipes. De que todo se derrumbe, pero también de lo contrario: de que el miedo pase en vano, sin dejar ningún cambio tras de sí”.

Uno de los cambios esperados por Giordano y por muchas personas más es que la pandemia nos conduzca a mayor solidaridad y empatía, una comprensión más cabal de que lo que hacemos o no afecta a las demás personas. En este sentido, Giordano escribe que “en tiempos de contagio, la comunidad es la totalidad de los seres humanos”.

Otro cambio deseado es el cuestionamiento a nuestro estilo de vida, particularmente a la búsqueda de cada vez más eficiencia, de hacer y conseguir todo más rápido. “En tiempos de contagio nuestra eficiencia es también nuestra condena” —escribe Giordano—. Tal vez ya no celebremos irreflexivamente que cada vez contamos con cada vez más y más rápidos vuelos, trenes, autobuses y coches si recordamos que gracias a ellos el coronavirus también se ha esparcido más rápido. La parte del libro de Giordano que encontré más sugerente es la relativa al daño que hemos hecho a la Tierra: “Nuestra feroz manera de relacionarnos con el medio ambiente —escribe— hace cada vez más probable el contacto con nuevos patógenos, patógenos que hasta ahora permanecían tranquilos en sus refugios. La deforestación nos acerca a hábitats que no preveían nuestra presencia, y lo mismo ocurre con el urbanismo desaforado […]. La creciente necesidad de comida lleva a millones de personas a buscar alimento en animales que sería mejor dejar en paz”.

¿La Covid-19 nos servirá como lección para reducir las tasas de deforestación, de incendios forestales y de extinción masiva de especies? La semana pasada, la Alianza Maya por las Abejas (Kaab Nalo’on) publicó un comunicado en el que “solicita al gobierno de AMLO atender los incendios forestales en la Península de Yucatán”. En él, recuerdan que, de acuerdo con la Plataforma Global Forest Watch, la Península de Yucatán ocupa el primer lugar en deforestación del país, pues se estima que cada año se deforestan alrededor de 52 mil hectáreas de selva en la Península, principalmente para actividades ganaderas y agrícolas. En el comunicado, la Alianza expresa que “la salud de la selva es importante e indispensable para la salud humana”.

En la entrevista con “La Vanguardia”, Giordano advierte que “las bacterias tienen que encontrar una nueva casa si les destruyen la suya, que eran los animales y los ecosistemas donde vivían tranquilas, sin moverse. Y nosotros somos la casa más cercana y habitable que encuentran, estamos por todos lados”.

Por eso, Giordano escribe que “el contagio es una invitación a reflexionar y el tiempo de la cuarentena nos brinda la ocasión de hacerlo. Pero ¿reflexionar sobre qué? Sobre el hecho de que no solo somos parte de la comunidad humana, sino que somos la especie más invasiva de un ecosistema frágil y magnífico”.

Para el caso de Yucatán, pregunto de nuevo: ¿servirá la Covid-19 como una lección para revertir la deforestación, la expansión urbana descontrolada, la muerte de abejas y de tantos animales de monte, la contaminación de cenotes? ¿Reconoceremos la fragilidad de nuestro ecosistema, nuestra propia vulnerabilidad y cómo todos estamos íntimamente conectados? Mérida, Yucatán.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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