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Rodrigo Llanes Salazar: La importancia de Homún

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

El caso de la megagranja porcícola de Homún ha sido de gran importancia para Yucatán y la región. Ha visibilizado, como ningún otro, las problemáticas asociadas con las granjas ganaderas en el Estado, particularmente la contaminación del agua de los cenotes y el medio ambiente. Así, a partir de este caso se han dado a conocer otros, como el de la granja de Kinchil, en donde la contaminación ya ha generado lo que se ha llamado una “laguna negra”; la de San Antonio Chel y la granja de Chapab.

El caso también es de relevancia por tratar los derechos de libre determinación del pueblo maya, así como el derecho a un medio ambiente sano, particularmente de la infancia de Homún. Se trata de un caso en el que los jueces han tenido que ponderar entre el desarrollo económico y el derecho a un medio ambiente sano, si bien, como sostienen las Naciones Unidas y diversos organismos internacionales y especialistas, la oposición entre desarrollo y medio ambiente es una falsa oposición, pues un proyecto que genera impactos significativos al medio ambiente no puede considerarse desarrollo.

En sus intentos por diversificar la economía del Estado debido a la crisis de la industria henequenera, el gobierno de Yucatán comenzó a impulsar la porcicultura a fines de la década de los sesenta. Entonces lo hizo a pequeña escala, entregando sementales y créditos y construyendo granjas colectivas con capacidad de 24 a 165 vientres (Drucker et al. 2003). La construcción del Puerto de Altura de Progreso durante el primer gobierno (interino) de Víctor Cervera Pacheco permitió la recepción de más de 20 mil toneladas de granos, lo que impulsó la industria porcícola a mayor escala. En la década de los noventa, el gobierno federal de Ernesto Zedillo impulsó la creación de clusters industriales en el país, y en Yucatán privilegió la producción de carne de cerdo, res y pollo.

Desde entonces, la porcicultura es una de las actividades que han sido promovidas por las autoridades de Yucatán en las últimas décadas. En el Plan Estatal de Desarrollo 2012-2018, el gobernador Rolando Zapata propuso “impulsar la producción porcícola y avícola local incentivando la inversión en centros de reproducción, crianza y engorda”, al mismo tiempo que establecía como propósito “reducir la contaminación del manto freático mediante el uso generalizado de biodigestores en granjas pecuarias del Estado”. Por otra parte, en el Plan Estatal de Desarrollo 2018-2022 se señala que “en el tema pecuario el Estado tiene un gran potencial ya que en los últimos años la carne de ave y de cerdo ha sido referente a nivel nacional, y su consumo a nivel internacional es muy alto” y se informa que, “de 2008 a 2017, los principales productos de la actividad pecuaria en Yucatán fueron la carne de cerdo, carne de ave y el huevo, juntos suman 84.3% del valor de la producción pecuaria en el Estado”.

Actividad

La narrativa hegemónica sobre la importancia de la porcicultura para el desarrollo de Yucatán ha sido contestada a partir del caso de Homún. Hay que señalar que las críticas a las granjas porcícolas y su contribución a la contaminación del agua subterránea no es nueva. Por ejemplo, en un artículo publicado en 2003, Adam G. Drucker et al. (2003:107), escribieron que “la Península de Yucatán es una de las regiones más vulnerables a la contaminación del agua subterránea, de la cual se abastece casi toda la población. Esta condición se explica por la estructura geológica fracturada y permeable del subsuelo y por la superficialidad del manto freático. Tales características naturales, junto con el incremento de la porcicultura como una de las actividades económicas de mayor relevancia en el Estado y el desecho de las aguas residuales de manera indiscriminada conllevan a una fuerte contaminación ambiental”.

De acuerdo con el informe “La carne que está consumiendo al planeta. ¿Qué hay detrás de la industria porcícola en la península de Yucatán?”, elaborado por la organización Greenpeace, de las 222 granjas porcinas detectadas en la entidad, solo 18 cuentan con Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) y plantea que “el principal problema ocasionado por la producción porcina, y en general por cualquier actividad pecuaria, relativo a la contaminación del agua y el suelo, es provocado en particular por los desechos de los animales”.

De acuerdo con la Encuesta Intercensal de 2015, el 86.4% de los habitantes de Homún habla la lengua maya. Alrededor de la mitad de la población económicamente activa se dedica al ecoturismo centrado en los cenotes y las lagunas. Desde que uno entra al pueblo resulta notable la actividad relacionada con el turismo de cenotes. Jóvenes en triciclos se acercan a automovilistas y a los autobuses con guías sobre los cenotes y les ofrecen llevarlos a alguno de los 15 cenotes y 4 grutas abiertas al público. Los “cenoteros”, como se llaman quienes se dedican a ser guías de turistas en los cenotes, tomaron como ejemplo el ecoturismo de cenotes del pueblo vecino de Cuzamá. Fue así, a comienzos de la década de 2010, que un ejidatario de Homún abrió uno de los cenotes al turismo. Otros le siguieron el ejemplo.

Desarrollo

El propio gobierno de Yucatán ha reconocido la importancia del desarrollo turístico sustentable para la región. En el Decreto del Anillo de Cenotes, expedido por el gobierno de Yucatán en octubre de 2013, se expone que “los municipios que convergen en la zona propuesta como reserva geohidrológica cuentan con un gran potencial para el desarrollo turístico sustentable, relacionado en actividades con el cuidado y la preservación de los cenotes, cuevas y grutas (…) generando estilos de vida que ofrezcan oportunidades para el turismo rural en casas de campo, las tradiciones, costumbres y la participación social en actividades de saneamiento y restauración de ecosistemas degradados” (p. 14).

Asimismo, el Decreto señala que la descarga de aguas residuales, entre ellas las porcinas, “hace manifiesto el riesgo de afectación al sistema hidrológico, lo que compromete la sustentabilidad de los ecosistemas que soportan los servicios ambientales necesarios para la producción de los demás servicios” (p. 9).

En 2017, la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente de Yucatán (Seduma) autorizó la MIA de la granja de PAPO. De acuerdo con Equipo Indignación, la MIA adolece de una serie de problemas: no se observó el Principio Precautorio, fue firmada por una cirujana dentista que no acredita un conocimiento técnico sobre la materia, no se realizó una consulta previa, en el rubro de impactos sociales se señala que no impactará a pueblos indígenas, no se mencionan las Áreas Naturales Protegidas, no contempla la emisión de malos olores ni considera la contaminación del aire. Por ello, en noviembre de 2017 interpusieron un amparo contra la MIA, aunque el juez resolvió que la evaluación sí fue emitida conforme a la ley, desestimando pruebas emitidas por especialistas.

De entre los diversos juicios, el que ha sido considerado el “juicio estrella” es el del amparo que presentaron niñas y niños de Homún, por medio de sus representantes legales, ante el Juzgado Cuarto de Distrito. Este amparo fue interpuesto el 28 de septiembre de 2018 en contra del Poder Ejecutivo estatal, la Seduma y el alcalde municipal, denunciando la violación de los derechos a un medio ambiente sano, al agua, al desarrollo, a la consulta y a la autonomía. Tras una primera suspensión provisional, la jueza ordenó una inspección judicial, a partir de la cual concedió la suspensión definitiva.

La jueza argumentó que “la operación de la granja porcícola afectará múltiples de sus derechos, entre los que se encuentran los relativos a un medio ambiente sano, a una vida digna, al agua y al equilibrio ecológico”.

Durante la inspección judicial era perceptible el mal olor que ya despedía la granja (según las autoridades, la granja parecería una “sala quirúrgica” y no despediría ningún mal olor).

En una de las audiencias de este juicio, niñas y niños de Homún entregaron cartas a la jueza en las que manifestaban su preocupación por la contaminación del agua y su futuro. Por su parte, el abogado de la empresa argumentaba que la granja generaría empleos y que, de ser suspendida, los cerdos morirían. De acuerdo con la MIA del proyecto, la granja generaría 480 empleos en la fase inicial y solo 45 durante la operación.

Fallo

Este juicio logró que el 9 de octubre de 2018 la jueza concediera la suspensión definitiva. En su sentencia, la jueza ordena que, para operar, la megagranja porcícola de Homún debía contar con una planta de tratamiento con “tres fosas colectoras, tres fosas sépticas, siete pozos profundos, seis baños, dos biodigestores, un cárcamo de rebombeo a riego, una laguna de oxidación y un área de riego con agua residual”. “Sin embargo —continúa la sentencia—, como se puede inferir del resultado de la inspección judicial realizada, no se advirtió la existencia de la laguna de oxidación y las tuberías en el área de riego no se encuentran instaladas; además existen solo dos fosas colectoras y se advirtió material de construcción, que genera la presunción de que aún existen elementos por construirse (…) ello genera la presunción de que existe un riesgo inminente de afectación al medio ambiente y desequilibrio ecológico grave”.

A pesar de que la planta de tratamiento estaba incompleta, la megagranja ya estaba operando. Y a pesar de que la jueza dictó una suspensión definitiva, la megagranja continuó operando hasta el 1 de diciembre de ese año.

Ahora que el caso de Homún llega a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, este tribunal tiene la oportunidad de apoyar un modelo de desarrollo sustentable, centrado en el ecoturismo y cuidado de los cenotes, garantizando el derecho de las niñas y niños de Homún (y toda la población de la región) a un medio ambiente sano.

Cierro con las palabras que una niña de 11 años dirigió a la granja de Kekén en una carta: “Señores de Kekén pido encarecidamente que retiren sus cerdos de Homún porque no quiero que mi pueblo se contamine con sus desechos de sus cerdos… también me gustaría que mi pueblo se mantenga con sus cenotes bonitos y limpios y no quisiera que más adelante me enferme porque sus cerdos ya hayan contaminado el aire que respiro y el agua que nos sirve y nos va a servir para bañarnos, para lavarse la ropa, para lavar trastes y sobre todo el agua para tomar”.—Mérida, Yucatán

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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