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Rodrigo Llanes Salazar: Olímpicos sin público

Mirada antropológica

Rodrigo Llanes Salazar (*)

Desde hace tiempo sabemos que los Juegos Olímpicos no tratan solo sobre las maravillosas posibilidades de los cuerpos humanos, de cuán rápidos, altos y fuertes pueden ser.

Como eventos, como “performances”, proyectan o por lo menos intentan proyectar la imagen que el país anfitrión quiere dar al resto del mundo. Japón, sede olímpica en 1964, deseaba mostrar su recuperación tras la Segunda Guerra Mundial, afianzar su lugar como nueva potencia económica. México, en el fatídico 1968, intentó hacer lo propio y enseñar al mundo los resultados del “desarrollo estabilizador” que provocó el “milagro mexicano” en las décadas doradas del capitalismo industrial.

Sabemos también que Tokio fue elegida de nuevo como sede de las Olimpiadas para demostrar al mundo otra recuperación, no de la guerra y de los bombardeos atómicos, sino de un terremoto, un tsunami y un desastre nuclear.

Cambio total

Desde luego, la pandemia de Covid-19 cambió todo. No solo pospuso por un año la celebración de los Juegos Olímpicos —dejándonos con una confusa imagen de “Tokio 2020” en pleno 2021, aunque, en general, los tiempos ahora son confusos—, sino que la realización de este evento también cobró nuevo significado.

“Ahora queremos mostrar al mundo que hemos superado la Covid-19”, afirma Kaori Hayashi, profesora de la Universidad de Tokio, a propósito de la celebración de los Olímpicos en 2021. Si la profesora Hayashi tiene razón y, con la realización de las Olimpiadas Japón pretende demostrar al mundo que ya ha superado la pandemia —aunque la cifra de contagios y fallecimientos en ese país indique lo contrario—, creo que podemos afirmar que Japón no está solo. Todo el mundo quiere superar la pandemia.

Y cada quien tiene su indicador. Para algunos, es tener su vacunación completa. Para otros, el cambio del semáforo epidemiológico al verde. Para unos más, el regreso a ciertas actividades o medidas tomadas por gobiernos como el del Reino Unido (que recientemente eliminó casi todas sus restricciones con respecto a la pandemia).

Si la postergación de un evento mundial como los Juegos Olímpicos fue una señal de la gravedad global de la pandemia, su realización podría tomarse, acaso, como un gesto de que las cosas ya no están tan mal. Que ya se pueden hacer las Olimpiadas, no importa si un año después. Pero si atletas de todo el mundo viajan a una misma ciudad, podemos ser optimistas. ¿No?

El problema, advierte la profesora Hayashi, es que “aún no hemos superado del todo” la pandemia de Covid-19. La población japonesa lo sabe, y, dependiendo de la encuesta, entre un 30 y un 80 por ciento de dicha población desaprueba la celebración de los Juegos Olímpicos. Temen, con razón, un nuevo brote.

La publicidad

Y grandes empresas, como la Toyota, han decidido no emitir anuncios de televisión relacionados con el evento en Japón (en otros países, como EE.UU., donde más de la mitad aprueba la realización del evento, la situación publicitaria es diferente).

Después de que el gobierno de Japón decretara estado de emergencia por la pandemia de Covid y el rápido avance de la variante Delta, el 8 de julio se confirmó que ningún espectador podría acceder a los eventos de los Juegos Olímpicos. Además de esta medida, la inauguración de las Olimpiadas fue, en contraste con la tendencia en inauguraciones pasadas, discreta, con un momento de silencio para conmemorar a las víctimas de la Covid y a los atletas fallecidos.

Comentada ausencia

La ausencia de público en estos Juegos Olímpicos ha sido uno de los temas comentados en medios de comunicación, y con justa razón. Hay algo extraño, anómalo, disonante, al ver a las y los atletas competir con las tribunas vacías. Parece que estamos viendo prácticas, ensayos. Escucho a algunos locutores que afirman que la falta de audiencia es la razón por la que las marcas en estas competencias han sido menores que en Olimpiadas pasadas.

La afirmación anterior me hace sentido. Lejos de ser un atleta, suelo organizar eventos académicos y es evidente la diferencia entre una audiencia presencial y una a distancia, mosaicos en Zoom. Aunque el contenido pueda ser el mismo, por momentos siento que el evento ni siquiera es real. Pero no deseo evaluar la apreciación sobre la relación entre audiencia y desempeño olímpico a partir de mi experiencia. Por ello consulté algunos de los estudios desde el campo de la psicología del deporte que han analizado cómo la presencia o ausencia de audiencias afectan la actuación de las y los atletas.

Un estudio de Gordon W. Russell publicado en 1983 en la revista “Social Behavior and Personality: And International Journal” encontró que en 426 partidos de hockey el tamaño y densidad del público se relacionaban negativamente con la agresividad de los jugadores y con su desempeño (la cantidad de goles que anotaban). Diez años después, James Moore y Jody Brylinsky publicaron un estudio en “Journal of Sport Behavior” en el que sostuvieron que, contrario a lo que pensaban inicialmente, el rendimiento de jugadores de basquetbol —los puntos anotados, el porcentaje de tiros de campo y el de tiros libres— mejoraba ante la ausencia de público.

Y, casi otra década después, en 2002 Bernd Strauss publicó un estudio en “International Journal of Sport Psychology” en el que argumentó que el apoyo de la audiencia no se traduce en un mejor desempeño para los equipos de futbol americano.

Entonces, diversos estudios parecen contradecir la opinión de algunos locutores. En contra de lo que pueda parecer, la ausencia de público no afecta negativamente el desempeño de deportistas —al menos de jugadores de hockey, basquetbol y futbol americano— e, incluso, puede contribuir a un mejor rendimiento.

No obstante, ya durante la pandemia de Covid-19, un estudio de Fabian Wunderlich, Matthias Weigelt, Robert Rein y Daniel Memmertl, publicado en la revista “Plos One” en marzo de este año, documenta otras formas en la que la ausencia de espectadores afecta el desempeño de los deportistas. Estudiando partidos de la liga europea de futbol, los autores observan que la falta de audiencias sí puede influir en las sanciones disciplinarias —por ejemplo, la presión que pueden sentir los árbitros—, así como en el dominio de un equipo sobre otro.

De muchos modos

En una entrevista con la BBC, la Doctora Laurie Heller, psicóloga de la Universidad Carnegie Mellon, afirma que el sonido del público “influye de muchas maneras en otros aspectos: en los deportistas locales, en los extranjeros, incluso en el desempeño de los jueces”. De acuerdo con Heller, “hay atletas que tienen la capacidad de sincronizar el ruido que viene del público y su desempeño. O sea, el ruido es una especie de combustible para alcanzar su mejor desempeño”.

No pretendo llegar a conclusión alguna. Pues estimo que no es lo mismo el silencio de un juego en condiciones experimentales que el silencio provocado por una pandemia que ha cobrado millones de vidas. En cualquier caso, lo anómalo de estos Juegos Olímpicos nos recuerda lo mucho que necesitamos audiencias presenciales. No obstante, el silencio en las tribunas, así como el ruido de las personas manifestando afuera del estadio olímpico, nos recuerdan que la pandemia se encuentra lejos de ser superada y que aún tenemos mucho trabajo por hacer cooperando mundialmente.— Mérida, Yucatán.

rodrigo.llanes.s@gmail.com

Investigador del Cephcis-UNAM

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