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Roger A. González Herrera: El modo en que se vota

La tarea

Concluyó el mes de abril y no acabamos de acostumbrarnos al bombardeo publicitario de partidos y candidatos por todos los medios.

Las redes sociales se contaminan de la guerra sucia entre las huestes partidistas de todos los colores, los dimes y diretes son el pan de cada día, el miedo a los contagios de Covid-19 desaparece conforme avanzan las campañas y cada vez las caminatas son más nutridas de gente.

Lo mismo ocurre en los mítines en los pueblos, donde todo se vale, ante la incapacidad de las autoridades electorales de desplegar un amplio programa de supervisión de los eventos políticos y del cumplimiento de los protocolos sanitarios.

Cada día los candidatos van tomando confianza y recurren al viejo método de “demostrar músculo” con multitudes que los siguen y vitorean.

Pero las campañas también han desnudado las bajas pasiones de algunos pseudopolíticos que sin prudencia han realizado “tocamientos” indebidos a sus correligionarias, como es el caso del aspirante de Morena a la gubernatura de Zacatecas o el penoso caso del legislador morenista originario de Puebla que pretendió primero abusar de un menor y luego sobornar a la madre del mismo, para evitar que el escándalo “lo destruya”.

Así los cosas, entramos a una semana más de las campañas y es momento de que los candidatos nos hablen de sus propuestas, de sus planes de trabajo y de sus proyectos. Dice el dicho que “prometer no empobrece, pero cumplir aniquila”. Así qué hay que prepararse para escuchar toda suerte de promesas y de propuestas, algunas irrealizables o sólo formuladas bajo la consigna de decir al pueblo lo que quiere escuchar.

Se dice que la mayor parte de la gente no vota usando el cerebro, sino el corazón, el estómago y el hígado. Es decir, pocos hacen un análisis concienzudo de los perfiles de los candidatos y de sus propuestas, ¿digamos un 10% del electorado?, siendo optimistas. Los demás votan con los sentimientos o el gusto, así han ganado elecciones personas que se zangolotean bien y proponen construir un tren bala, entre otras barbaridades.

Otras sustentan su voto en la belleza del candidato, aunque tengan sólo copete y cabeza hueca. Muchos más venden su voto al mejor postor para paliar el hambre con una despensa y algunos más votan molestos o, simplemente, en contra con cualquiera dejando pasar la oportunidad de dar utilidad comunitaria a su voto.

Sin duda, nos falta mucho trecho por recorrer para ser un país democrático ante tanta pobreza e ignorancia. Pero estamos avanzando algo, después de tantas decepciones.

Ahora bien, ¿ustedes con que órgano votarán: el cerebro, el corazón, el estómago o el hígado? Se los dejo de tarea.— Mérida, Yucatán.

rogergonzalezh@hotmail.com

Profesor

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