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Roger Antonio González Herrera: El PAN yucateco, ¿perdió el rumbo?

Este mes el PAN cumple 81 años de fundación. En este contexto, nos preguntamos: ¿Es un partido que ha perdido el rumbo como señala el exgobernador Patricio Patrón Laviada?

En reciente entrevista con el Diario, el primer gobernador surgido del blanquiazul en la entidad lanzó severos cuestionamientos al partido que lo cobijó y lo llevó al poder; afirmó que ese instituto está secuestrado por un grupo de líderes que “se sienten muy chéveres, muy capaces, porque según ellos saben manejar el poder, es decir, saben repartir los ‘huesos’ entre sus amigos cuando llegan al poder”.

Esas declaraciones hay que contextualizarlas en su justa dimensión. Al final de la década pasada y luego de finalizado el mandato de Patrón Laviada, el panismo vivió las severas consecuencias de la ruptura interna que generó una desbandada de líderes históricos y una especie de guerra civil sin precedente que llevó al partido al ostracismo y a perder todo, incluyendo la “joya de la corona”, como se le llama al Ayuntamiento de Mérida, y las diputaciones federales que históricamente eran ganadas por panistas, los distritos federales 3 y 4 de la capital del Estado.

Luego de esa estrepitosa derrota, al panismo yucateco le correspondió “cruzar el desierto”, literalmente. Decenas de militantes fueron corridos de la burocracia en los tres órdenes de gobierno, con el consiguiente drama económico que ello representó en cada hogar y, los ivonnistas, con listas en mano de la base blanquiazul, marginaban de los programas de apoyo y de ayuda a los panistas.

De nada sirvieron títulos, capacidades ni la incipiente profesionalización del servicio público; los tricolores llegaron a arrasar con todo, incluso las arcas públicas.

A la larga, quienes más salieron perdiendo fueron los ciudadanos al deteriorarse los servicios y al generalizarse la corrupción; en los hechos, el gobierno de Ivonne Ortega se caracterizó por “las primeras piedras” y por el desvío de recursos, como el Museo del Mundo Maya, que aún seguimos pagando.

Sin embargo, en parte por los errores del PRI y, particularmente, de las fechorías de la dupla Ivonne Ortega-Angélica Araujo, que hicieron un desastre en la ciudad de Mérida, el panismo se encontró con una nueva oportunidad. Encabezó el resurgimiento del blanquiazul un grupo de talentosos y jóvenes políticos que dejaron atrás las pugnas del pasado y pusieron en práctica el diálogo y el trabajo en equipo, con la premisa de que, unidos los panistas, son invencibles.

En esa dinámica, Renán Barrera recuperó para el PAN la “joya de la corona”, con una campaña profesional en 2012, en la que se cuidaron todos los detalles y con un equipo que concentró a los mejores operadores políticos y estrategas del panismo yucateco. La obra fue continuada, de manera sobresaliente, por el político más rentable electoralmente que ha tenido el PAN yucateco, el actual gobernador, Mauricio Vila Dosal.

El panismo yucateco entero respaldó, posteriormente, las aspiraciones de Vila por la gubernatura, porque “era su momento” y eso no implicó un reparto de la fichas del poder, sino un reconocimiento tácito de la militancia de que, con él al frente, el panismo tendría opciones claras de triunfo.

¿Por qué el panismo pudo sortear con éxito la ruptura de 2018 con la salida de una de sus más notables figuras, como lo fue Joaquín Díaz Mena, y ganar la gubernatura? En 2007 el PAN no tuvo la misma suerte con la salida de Ana Rosa Payán Cervera y sus seguidores. En ese entonces, el panismo se quebró porque no pudieron conciliar intereses los liderazgos y arrastraron a la militancia a una guerra sin cuartel, que aprovechó el priismo para regresar con más apetito por el botín del poder con sus peores “cuadros” políticos, herederos de un cerverismo descolorido.

Hay algunos factores a considerar claves. Pesó más la salida de Ana Rosa Payán Cervera, dos veces alcaldesa de Mérida, que la de Joaquín Díaz y su fuga aventurera al lopezobradorismo. Por otra parte, Vila fue un candidato excelente, que supo unificar en torno a su candidatura al panismo completo con su carisma y dinamismo.

Por otra parte, ¿podemos afirmar que “el PAN perdió el rumbo” evaluando los resultados de las últimas dos gestiones municipales y del actual gobierno del Estado? No es pecar de optimismo, pero hay que reconocer que estas administraciones blanquiazules han sido y son mejores que las que encabezaron los priistas Angélica Araujo en la alcaldía e Ivonne Ortega y Rolando Zapata en la gubernatura.

El panismo tiene que seguir aprendiendo de sus errores del pasado y no está mal que el ex gobernador recuerde que “la lucha del PAN ha sido en contra del poder y a favor del poder al servicio de la sociedad. No el poder usado en contra del enemigo, en contra del partidario, sino el poder para servir”.

El próximo año, el panismo tiene que retomar el buen tino de seleccionar a sus mejores hombres y mujeres para las candidaturas; sus dirigentes y la militancia tienen que dialogar y no caer en pugnas internas que dividan y resten. Tan válido es ponerse de acuerdo para consensuar algunas candidaturas, como regresar a la tradición democrática de escoger a la mayoría de sus candidatos por convención interna y con el voto directo de los militantes. El objetivo, es que el PAN continúe por el rumbo que le ha dado resultados positivos en la última era: el diálogo, el consenso y la generosidad.— Mérida, Yucatán.

rogergonzalezh@hotmail.com

Profesor, director de Servicios Postpenales del gobierno del Estado

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