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Señales direccionales

Antonio Salgado Borge

Dos años de AMLO

Antonio Salgado Borge (*)

Dos años es un plazo adecuado para notar el sentido de la ruta que sigue un gobierno. Dado que el próximo martes se cumplen los primeros dos años del gobierno de AMLO, vale la pena hacer un alto en el camino para revisar las señales direccionales que la 4T nos ha mostrado.

Dos aclaraciones preliminares son importantes. La primera es que este análisis no pretende ser comprensivo. Sería imposible revisar en un artículo de opinión la totalidad de los elementos que componen al actual gobierno. Aquí presentaré únicamente una selección de hechos acompañados de argumentos que explican por qué los considero relevantes. Invito a las lectoras o lectores de este texto a extender esta lista —o a reducirla— con base en hechos y argumentos adicionales.

La segunda aclaración preliminar es que la polarización en el país, de la que el actual gobierno tanto es víctima y beneficiario, complica la discusión analítica de todo lo que tenga que ver con AMLO. En este texto presento mi opinión sobre los primeros dos años de este gobierno poniendo entre paréntesis la existencia de fanáticos de ambos lados del espectro. Si lo que sigue a continuación no satisface a quienes repudian o aplauden con devoción a la 4T, consideraré eso como una señal positiva: no me identifico con ninguno de estos bandos.

Lo negativo

(1) Corrupción: Durante su campaña, el presidente prometió combatir frontalmente la corrupción. Su premisa central para lograr este combate consistió en la idea de que la corrupción se barre de arriba para abajo. De esta forma, la honestidad del presidente en teoría garantizaría la honestidad de todo el edificio de la 4T.

Tal como se anticipó, esta premisa ha sido claramente insuficiente. Los casos de acusaciones de mal manejo de recursos persiguen a superdelegados de Morena en los estados, a funcionarios como Manuel Bartlett, a militares y, aunque no es funcionario público, incluso han llegado al propio hermano del presidente. Además, Morena no ha tenido empacho para aliarse con el Partido Verde —emblema de la podredumbre política— o en recibir a políticos de otros partidos acusados de corrupción.

Alguien dentro de la 4T podría argumentar que estos casos son prácticamente insignificantes en comparación de los miles de millones de pesos implicados en la corrupción de los gobiernos de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto. Pero a ello se tiene que responder que AMLO no prometió que su gobierno sería menos corrupto, sino que su gobierno NO sería corrupto. Para ello, se requieren mecanismos institucionales que la 4T no ha querido o podido implementar. Aunque todavía quedan cuatro años por delante, actualmente no se ve cómo esto podría ocurrir.

(2) Violencia: Otra de las grandes promesas de AMLO fue la pacificación del país. A dos años de gobierno, la espiral de violencia que inició durante el gobierno de Felipe Calderón sigue su ruta negativa. La violencia del crimen organizado sigue haciéndose sentir en varias partes del país, como Guanajuato, Veracruz o Michoacán. A ello hay que sumar que las agresiones y asesinatos contra mujeres y periodistas no han disminuido.

La Guardia Nacional, una institución de suyo polémica, y el riesgoso poder dado al ejército, sólo justificable en términos pragmáticos, claramente no han rendido los frutos esperados. El gobierno de AMLO podría decir que, tal como se le advirtió, fue un error pensar que la pacificación podría ocurrir a corto plazo. Pero esta respuesta no es satisfactoria, pues por ahora no se ve cómo el gobierno podrá resolver este problema.

(3) Recortes: Quizás la principal crítica que ha enfrentado el gobierno de AMLO es la que tiene que ver con sus radicales recortes. Estos recortes incluyen, desde luego, a los fideicomisos, pero también a la cultura, a la ciencia, a las mujeres, al Fonden y a otras áreas.

El gobierno puede alegar, como lo ha hecho, que su idea es terminar con cajas negras que han sido probadamente mal utilizadas por gobiernos anteriores. Aunque lo anterior es cierto, no hay forma de justificar la eliminación de recursos a ciertos sectores sin un sustituto idóneo listo para reemplazarles. Lo cierto es que muchos de estos sustitutos todavía no han llegado, por lo que las medidas tomadas parecen la encarnación del neoliberalismo que, con razón, tanto se ha criticado.

(4) Populismo: En muchos sentidos, el presidente sigue el manual del populismo de derecha que ha triunfado en el mundo desde 2016. Vilificar a la prensa crítica, los hechos alternativos, la desestimación a la ciencia y a las personas expertas, el linchamiento en redes a intelectuales, la invención de apodos a rivales o el desprecio de los organismos internacionales son algunos botones de muestra.

No es casualidad que, según reciente encuesta en El Financiero, los simpatizantes de Morena sean los que en mayor grado apoyaron a Donald Trump, o que algunos de los propagandistas de ese partido —desde personas reales hasta bots— hayan replicado mensajes de ambos personajes.

En defensa del populismo del presidente se pueden decir dos cosas. La primera es que México ha sido afortunado de tener como encarnación de este populismo a AMLO y no a un rufián como Donald Trump o a un sexista, racista y homofóbico como Jair Bolsonaro. La segunda es que el fin justifica los medios; esto es, que la retórica populista ha sido instrumental en México para poder contrarrestar el peso de los poderes fácticos. Pero a ello se debe responder que, suponiendo que este es el caso, utilizar el manual de los populistas de derecha implica jugar con fuego, pues este tipo de herramienta erosiona la confianza del público en las instituciones, en la ciencia y en la democracia.

Lo positivo

(1) Ruptura (parcial) del pacto de impunidad: Aunque la 4T no ha barrido con toda la corrupción, es innegable que ha generado instancias importantes de combate a la impunidad. Los casos de Emilio Lozoya, Juan Collado, Rosario Robles y otros son inconcebibles en caso de que el presidente fuese José Antonio Meade o Ricardo Anaya.

Una crítica que se debe hacer a este proceso es lo selectivo de los casos que se persigue o la motivación detrás de esta persecución. También se puede criticar que en búsqueda de llegar a “peces gordos” se ha perdonado a pesos medio-pesados. Sin embargo, la investigación y persecución de casos de desvíos multimillonarios —hablamos de miles de millones de pesos— es un hecho sin precedente y destacable que muestra que, al menos en parte, el pacto de impunidad se ha alterado.

(2) Derechos de trabajadoras y trabajadores: a mi juicio el mayor acierto del gobierno de AMLO tiene que ver con el establecimiento de condiciones laborales importantes que permitirán un mejor nivel de vida a millones de personas. Quizás la más conocida de estas bases es la reforma al “outsourcing” que fortalecerá la seguridad social y derechos laborales de trabajadoras y trabajadores. Pero también hay que incluir aquí los incrementos al salario mínimo, la reforma laboral, o la reforma al Infonavit que permitirá a millones de seres humanos acceder a viviendas, terrenos y alteraciones sin “coyotes” de por medio.

Desde otros sectores, puede ser tentador minimizar estos cambios. A fin de cuentas, para algunas personas esto no representará una mejora inmediata palpable y sí puede implicar un desembolso mayor de recursos financieros. Esto, me parece, sería un error, pues estamos hablando de reformas indispensables para transitar hacia la dignidad, las prestaciones justas y la protección legal de condiciones del trabajo en México; aspectos cuyo abandono es injusto e imperdonable.

(3) Poderes fácticos: Otro acierto de la 4T ha sido lograr poner al gobierno sobre algunos poderes fácticos que habían logrado poner sus intereses por encima de los de la mayoría de las mexicanas y mexicanos.

Ejemplo de ello fue que la 4T logró, contra la influencia de las grandes empresas chatarreras que dobló a gobiernos pasados, materializar el etiquetado frontal en alimentos. Esto no es menor, pues el sobrepeso y la desnutrición son de los problemas más graves y costosos que enfrenta México. Pero aquí también caben el cobro de miles de millones de pesos en impuestos a grandes empresas, el fortalecimiento de la Profeco o la reforma que se proyecta al “outsourcing”.

Alguien podría alegar que estos cambios se quedan cortos y que todavía hay grandes poderes fácticos en México —si no pregunten a Ricardo Salinas Pliego— que se mantienen intocados o cobijados por el actual gobierno. Aunque lo anterior es cierto, ello no es suficiente para quitar lustre a los cambios que sí se han implementado.

(4) Primero los pobres: aunque las transferencias directas a personas en condiciones de pobreza o vulnerabilidad han sido criticadas por sus tintes electorales, éstas son apenas una forma de empezar a redistribuir recursos a los sectores que más los necesitan.

Es una pregunta al aire si esta distribución formará parte de un plan con etapas escalonadas y delineadas. La idea puede gustar o no, pero la transferencia de dinero directamente a personas pobres es una propuesta actualmente defendida con evidencias por figuras como el historiador Rutger Bregman. Además, este esquema no tendría por qué sorprender a nadie; se trata del cumplimiento de una de las principales promesas de campaña del presidente. — Edimburgo, Reino Unido

asalgadoborge@gmail.com

Antonio Salgado Borge

@asalgadoborge

Candidato a doctor en Filosofía (Universidad de Edimburgo). Maestro en Filosofía (Universidad de Edimburgo) y maestro en Estudios Humanísticos (Itesm)

 

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