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Simplificación administrativa, pendiente

Editorial

La estación

Pedro Cabrera Quijano (*)

Mientras no veamos un rostro humano detrás de cada trámite administrativo navegaremos en el mar de una burocracia incapaz de entender que cada día de espera es, para un emprendedor, para un empresario del tamaño que sea, un día sin comer para una familia.

La economía reclama un esfuerzo extraordinario. Desde marzo estamos conscientes que no estamos de vacaciones. Justo en el inicio de la campaña electoral rumbo a la votación del próximo 6 de junio, vemos que sí es posible que las autoridades comprendan la importancia de la simplificación administrativa, que la sociedad se ahoga en una telaraña en vez de cruzar puentes de la mayor sencillez.

Sí es posible responder con agilidad a la necesidad de más de 40 mil familias yucatecas que sufrieron en carne propia la pérdida de empleos como efecto de la pandemia. Los primeros días, se sobrevive con el ahorro, ¿pero luego?

Hay seres humanos que necesitan alimento, educación, salud, seguridad social y hay emprendedores y empresarios con la voluntad total de crear fuentes de empleo formal, con sueños que se estrellan en la insensibilidad burocrática.

Como recordarán de “La estación” anterior, luego de esperar una cita de 30 días, el Servicio de Administración Tributaria rechazó mi comprobante domiciliario por un supuesto error de la Comisión Federal de Electricidad en la impresión de su recibo bimestral, el cual, por cierto, aquí en el vecindario la CFE nos los entregó ya vencidos y con órdenes de corte del servicio por morosidad.

En fin, por la prisa de salir de vacaciones el Servicio de Administración Tributaria no aceptó mi trámite y me extendió la cita dos semanas más. ¿Por qué no aplicar el sentido común? Propongo otorgar 72 horas de límite para reponer ese simple requisito con otro documento oficial, mi recibo de agua potable, el del teléfono fijo.

Prolongar una cita 45 días para aprobar un trámite hacendario básico tiene un impacto toral en el nacimiento de una empresa, de un sueño, de la necesidad de emprender, de la búsqueda del bien común.

El SAT salió de vacaciones desde el 18 de diciembre y regresarán el próximo lunes 11. Es un martirio entrar a la página electrónica y ver en color rojo la agenda de enero. Agotada. Todo lleno. Y no puedes hacer nada porque aún no se abren las citas para la semana burocrática que arranca con el lunes 18.

Desde entonces, vivir a deshoras. Levantarse en la madrugada en espera de contribuyentes que cancelan sus citas. Es un albur, pero en una de esas te sorprende alguna cancelación de último minuto y hay que aprovechar ese tesoro que se asoma, fugaz, muy noche o tempranito. El tiempo es vida, para vivir la familia necesita el alimento, los hijos no saben de pérdidas de empleo, de nuestras necesidades: el hambre apremia.

Las oficinas tributarias están en la 60 Norte, la antigua carretera a Progreso. En su momento, anunciaba la proximidad del segundo poder político en la Yucatán: había un gobernador y un director de Cordemex que manejaba multimillonarias partidas federales. Eran otras épocas, las del auge del oro verde, la cúspide de la industria cordelera.

Algunos se aventuran a esperar en la acera de enfrente un milagro. Los hay. A veces el personal de seguridad del SAT informa en voz alta la cancelación de último minuto por algún accidente y el de la acera de enfrente grita de alegría, alzando las carpetas con sus documentos.

Es muy raro porque casi los citados llegan 20 minutos antes. Se acercan con los guardias más ansiosos que en una cita amorosa. Con la alta responsabilidad de un trámite de vida o muerte. Con la esperanza de salir del laberinto. Es una moneda al aire con probabilidades de ganar muy bajas.

No podemos ser insensibles a las necesidades básicas de la comunidad. De las casas con techos de paja a las de fraccionamiento, la desesperanza se afianza en las solitarias calles nocturnas cada día sin pan en la mesa. Es momento de solidaridad, de prepararnos para no caer en el canto de las sirenas de todos los colores, en la campaña de “La elección más grande” y sus promesas de cada tres, seis, tantos años.

Entiendo la necesidad de descanso que tienen todos los seres vivos, pero también comprendo la gravedad de un prolongado asueto burocrático en plena recuperación económica. Cada día que la autoridad hacendaria aplaza su cita son 24 horas de agonía, es un día sin alimento familiar.

Sí es posible encontrar soluciones. Yucatán lo demostró hace unas horas con el estreno de la Ventanilla Digital de Inversiones, que es única en el país y en países de habla hispana, una plataforma que permite realizar en línea los trámites relacionados con la apertura de empresas y los permisos de construcción del Ayuntamiento de Mérida y del Poder Ejecutivo estatal.

Permite revisar la situación legal de algún predio; solicitar la cédula catastral; procesos a nivel estatal y municipal se armonizaron para evitar contradicciones o duplicidad. Todos los servicios y trámites en un solo portal de interacción; reduce costos, gestión y uso de papel; optimiza recurso humano e infraestructura. En fin: reduce los tiempos de atención de 980 a 183 días para abrir una empresa en la capital yucateca, ¡Que se multiplique ese ejemplo! —Mérida, Yucatán

pedrocabreraq@hotmail.com

Empresario

 

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